Gorilas en la niebla

El laberinto de los jodidos

¿Qué puede hacer el PRI para no ser derrotado esta vez? Lo que ha hecho desde que se fundó como PNR en los días de Calles y Obregón: jugar a la mala.

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OPINIÓN

¿Qué puede hacer el PRI para no ser derrotado esta vez? Lo que ha hecho desde que se fundó como PNR en los días de Calles y Obregón: jugar a la mala

Por: Gabriel Contreras

mexicano

“Porque soy mexicano”. Con esa frase, el director Guillermo del Toro ofrecía –internacionalmente- una explicación a su predilección, su contacto, su afición por los monstruos. O sea, del Toro fue capaz de imaginar una relación amorosa entre una afanadora muda y un monstruo acuático “porque es mexicano”.

Del Toro no se equivoca. Es un genio de la imagen. Es muy observador, muy crítico. Es un hombre de una lucidez extraordinaria. No se equivocaba.

En efecto, los mexicanos hemos imaginado muchas cosas. Por ejemplo, las sirenas veracruzanas, la nahuala del Estado de México, los diablos guerrerenses, el Subcomandante Marcos, Cantinflas: grandes personajes de ficción. La imaginación de nosotros, los mexicanos, es muy poderosa, tanto así que podemos pasarnos meses discutiendo si algo fue -o no fue- un penal. Tan imaginativos somos, que Artaud, Jodorowsky, Buñuel, Breton y Malcolm Lowry se refugiaron entre nosotros.

México es un país profundamente imaginativo. Pero también es un país pobre, un país jodido.

“México es un país de una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil.” Con esas palabras, Emilio Azcárraga Milmo, El Tigre, describía en el 93 nuestra realidad económica y el poder de Televisa. Su discurso –lo cuenta Proceso- fue improvisado. Se celebraba –continúa la revista- el éxito de la telenovela “Los ricos también lloran”, que catapultó a la fama internacional a Verónica Castro (en esos días una de las amantes de Azcárraga, apunto yo, como lo fue también Lucía Méndez y muchas otras muchachas guapas). “El Tigre”, remataba Proceso. “andaba feliz y se puso sincero”.

Muchos años después, la asociación entre las estrellas de Televisa –comandada ya por Azcárraga Jean- y el gobierno del Estado de México (comandado por Montiel y los de Atlacomulco), hizo posible el ascenso de Peña Nieto a la presidencia, algo que hoy está en proceso de despedida.

2018. El PRI tiene como aspirante a la presidencia a una persona que es el reverso de Peña Nieto. Es novato como político, y además posee una imagen opuesta al mundo televisivo. El nuevo aspirante no es fotogénico, no se ve bien en foto ni en la pantalla. Además, no es elocuente, no sonríe, no “tira rollo”. Es un hombre de números. Ni siquiera es militante del PRI.

¿Qué puede esperarse? ¿Qué puede hacer el PRI para no ser derrotado esta vez?

Lo que ha hecho desde que se fundó como PNR en los días de Calles y Obregón: jugar a la mala.

En este caso, podría apelar al recurso de las promesas, la manipulación, los bonos vía tarjeta, el carrusel y las despensas. O sea, convertirse no en un movimiento naranja, sino en un repartidor de naranjas. Eso es posible, ¿por qué? “Porque somos mexicanos”. O sea, claro: los mexicanos somos capaces de vender un voto por un lonche, un refresco, una naranja, incluso por nada. En México, el voto cuesta mucho y vale nada. Así como los candidatos independientes han acumulado firmas robándoselas a los jodidos, así puede ganarse también todo el proceso electoral. ¿Por qué? Porque somos mexicanos.