La figura de la bruja está unida a la seducción: entrevista con roger vilar

En Brujas, Roger Vilar ofrece tres relatos referentes al terror y al encanto femenino, dos en la Ciudad de México actual y otro en la Cuba del siglo XIX.


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De la oscuridad emerge una serie de mujeres tan sombrías como seductoras, se trata de seres que embelesan a los hombres y los adentran en sus profundidades.  La premisa del autor cubano-mexicano Roger Vilar son tres relatos referentes al terror y al encanto femenino, dos en la Ciudad de México actual y otro en la Cuba del siglo XIX donde se desata una rebelión de esclavos. Dominica Trencavel y el reportero de nota roja, Emiliano León de Guzmán, la negra Ifaiwosade y el conquistador Francisco Estévez y Tenebros Mork y otras mujeres advenedizas, son los personajes que conforman Brujas. Oriundo de Cuba y nacido en 1968, Vilar emigró a México en 1993 donde ha ejercido como escritor y reportero de nota roja. Ha publicado La era del dragón (1998), Habitantes de la noche, Agustina y los gatos (2014), El Retorno de Quetzalcoatl y Saga Reino de Dragones: Fafner(2017-2018). Brujas cuenta ya con dos ediciones previas; ésta se publica mediante la editorial mexicana Dark and Glow Press en este 2019.

¿De dónde viene tu gusto por las historias sombrías?

De mi propia familia. De lado materno es de origen de Islas Canarias. Aquí en México no hay mucha inmigración de allá, todos los canarios tenían fama de brujos. Mi abuelo se llamaba Emiliano Fernández, el emigró de allá, por eso uso mucho el nombre de Emiliano en mis cuentos. Él no practicaba la brujería, pero tenía otros parientes que sí lo hacían. Entonces, el primer contacto era la tradición Canaria de brujas. Me acuerdo cuando su tío intentó iniciarlo, lo llevó a un bosque y ahí puso una especie de recipiente con sangre, hizo las invocaciones y según mi abuelo sacaba sapos y culebras. A él le dio miedo ese mundo y no se inició, pero sí conocía muchas historias. Otras eran chistosas, como la de un hombre que se casó con una bruja y que descubre que a las 12 emprende el vuelo todas las noches, no era para traicionarlo sino para ir a un aquelarre. Leo mucho de mitología, de brujas, el libro más impactante es el Malleus Maleficarum que es de dos inquisidores alemanes, es muy descriptivo de la brujería. Hay muchos estudios que tratan de analizar ese mundo, uno de los más complejos es de Jules Michelet. La otra parte tiene que ver con la fuente africana. Al menos 50 por ciento de la población cubana es negra o mestiza, aunque no seas ni uno ni otro tienes un conocimiento de eso, lo que llaman santería. Hay sacerdotes que se llaman babalawos; de ahí tengo un conocimiento vivencial de gente que practica esa religión y de libros antropológicos. He presenciado rituales y por eso también conozco.

Lo que yo percibí de tu historia es que hay un lado muy autobiográfico…

Sí, sobre todo en la de reportero, la africana no porque fue una rebelión del siglo XIX.

Hay una frase que me gustó mucho: “los ángeles caídos no tienen familia”

Sí, la mayor parte de mi vida he vivido lejos de mi familia. En el ambiente familiar estás “protegido” es una zona de comfort y cuando caes, no en el infierno, estás en la realidad.  Si te refieres a mi vida, al estar fuera de la protección familiar, donde solo cuentas contigo mismo, suele ser un himno en general. De mi parte, el ejercicio del periodismo que yo hice durante muchos años no fueron las fuentes más glamorosas, ni cultura ni espectáculos sino nota roja, política y economía y finanzas. Eran los trabajos que encontré.

¿Te llenaba más la nota roja?

Espiritualmente no. Cuando la estas reporteando es muy impactante y desagradable, pero cuando pasa eso quedan las historias y casi cada nota roja es una novela. Hay un gran ejemplo que es A sangre fría de Truman Capote. Después del trauma de ver la sangre se vuelve muy interesante y lo he usado en varios relatos. En el primero: “La más íntima guarida del demonio”, sobre los secuestros, los pleitos de los padrotes de La Merced, me tocó vivirlo como reportero. Sobre todo por la noche se desatan historias extrañas y a veces absurdas, como la de un mariachi que asesinó a su vecino que hizo una cama de cemento, puso el colchón y durmió seis meses encima. Eso fue portada del periódico Metro, pasó en 1999.

Combinas lo gótico con lo urbano…

Sí, en el tipo de atmósferas que yo manejo hay influencias de Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft mezclado con el mundo urbano mexicano que percibo a mi manera porque llevo 27 años aquí y como reportero te metes mucho a ese mundo.

Yo veo aquí más el poder de la seducción femenina que el típico cliché de las brujas

Es que la figura de ellas está unida a la figura de la seducción. En la antigüedad, la más famosa, Circe, que aparece en la Odisea, seduce a los hombres y los convierte en cerdos.  La Sibila que parece en la Eneida es horripilante. Muchas mujeres que fueron quemadas en la hoguera fueron muy seductoras y probablemente no eran brujas. En la Edad Media hay una especie de temor muy fuerte hacia la mujer, generalizado. Hay unos siglos que son entre el VIII y el IX en que los hombres le tienen mucho miedo. Quizá porque no conocen la naturaleza femenina, o por ciertos libros de los sacerdotes en que hacen mucho hincapié en que el pecado entra por ellas. También hay un número de hombres fueron procesados, pero es mucho menor.

¿Crees que en México se está haciendo una buena literatura de terror?

Yo solo he leído a Amparo Dávila y a Francisco Tario, ellos sí me parecen buenos autores. Pedro Paramo de Juan Rulfo tiene algo de terror. He leído a autores que escriben novela negra y creo que hay buena, pero de terror leo a autores jóvenes como Lourdes Walls Laguarda y Luis Manuel Solís. Del siglo XIX de poesía erótica gótica está Efraín Rebolledo con El beso de la vampira, la relación de un hombre con una vampira.