claudia villarreal
COLUMNAS   

Árido Reino


Resguardar el tedio entre las flores del tapiz, o diez minutos para saber donde me duele

Claudia y el tiempo convirtieron a Diez minutos para saber dónde me duele (1991) en el más efímero de los clásicos de la poesía regiomontana contemporánea. Sus versos se acurrucaron tiernamente en la memoria de una generación, porque una voz auténtica palpita en las páginas de este libro.

OPINIÓN

¿Águila o sol?

Eran los años noventa del siglo XX, los primeros años de la última década. Era hora de apostar a las nuevas voces de la poesía regiomontana. Andrés Montes de Oca animaba el asunto de manera independiente con los jóvenes, organizaba concursos, colocaba a los autores  haciendo lecturas, buscaba publicarlos aquí y allá en revistas como Blues del gato, en secciones y suplementos culturales de los periódicos. Incluso convencimos juntos a la gente de ediciones del gobierno de Coahuila a dedicarle números completos a autores jóvenes del estado en su revista  Historias de entretén y miento. Íbamos y veníamos a Saltillo con los manuscritos de la banda. Por otro lado ya despuntaban pos sí solos y se distinguían con varios pasos adelante José Eugenio Sánchez y Luis Javier Alvarado.  

En ese momento el gobierno del estado de Nuevo León creó un departamento editorial, donde Héctor Alvarado y Humberto Salazar le darían formalidad al asunto creando una serie de colecciones editoriales: El mono gramático (ensayo), Los muros del agua (narrativa), Árbol de pólvora (poesía), La sangre devota (historia), El gesticulador (teatro), La víbora de la mar (infantil), Signos en rotación (ciencia y tecnología), El cura de Tamajón (ciencias sociales), Los recuerdos del porvenir (ediciones especiales), y Águila o sol (opera prima). Daría inicio así el primer boom de publicaciones de autores de Nuevo León.

Los buenos oficios de la promoción cultural independiente de Montes de Oca tendrían un buen cauce en las bien gestionadas primeras políticas culturales de Alvarado y Salazar auspiciados y asesorados también por Alfonso Reyes Martínez. En la colección ¿Águila o sol?como su nombre lo sugería se hacían las apuestas. Era una moneda al aire y los primeros libros fueron Poemas tártaros de José Luis Cendejas, Semblanza del vache Yuri de Yuri Vladimir Delgado y Diez minutos para saber dónde me duele de Claudia Villarreal, una joven pianista de veintidós años que a través de su poesía desinhibida había llamado la atención de más de uno en las lecturas en las que participaba.

Cuando la tarde cae sobre mis párpados

Versos que descarapelan el insomnio, aliento fresco que ilumina con erotismo la colección de sueños que siempre tenemos guardada, los poemas de Claudia Villarreal caen como caracoles o como notas musicales en la lengua, la pupila, el cabello, el humo, el ombligo, el vientre, el oído. Caen en la vida y la muerte y nos hacen avanzar hacia el cielo o el infierno hacia la izquierda o la derecha, hacia la cuerda floja que es nuestro destino.

Cuando la tarde cae sobre mis párpados
toda nubosidad de entre las piernas
se evapora extendiendo cada pliegue de la cama
se queda en la ventana y espera
a que la saliva de la luna
entreteja el capullo de mi cuerpo
cubriéndome con el orgasmo de la noche

(del sueño, IV pág.30)

Filosofía en jeans ajustados

Claudia y el tiempo convirtieron a Diez minutos para saber dónde me duele en el más efímero de los clásicos de la poesía femenina regiomontana contemporánea. Sus versos se acurrucaron tiernamente en la memoria de una generación, porque una voz auténtica palpita en las páginas de este libro. La ciudad, escaparate y abismo al mismo tiempo, se fue transformando con poca decencia mientras Villareal se delineaba los ojos con un poema.

La música y el viento se toman de la mano
acarician las paredes en el túnel de mi oído
se miran y sonríen
olvidando los sonidos de mi eco
en el cristal de la ventana

(suite para niñas traviesas, I adagio pág. 21)

Sonidos suaves que adelantanel ascenso del espíritu

Dos libros más y guardó silencio, pero nos hizo a los lectores tocar el hilo pendiente de la neurona que descubrió los universos que la autora nos compartió, con la intención blanda y resbalosa de que entendiéramos consciente o inconscientemente que todo es vasto, mientras se decía a si misma Claudia ¡ya basta! Pero en los círculos, en los péndulos, en los espirales del tiempo y en la retina perdida se nos vuelven a aparecer estos versos, y los buscamos como al amor en la práctica. El universo de Claudia Villarreal está aquí en estas páginas escritas hace treinta años cuando nos estábamos cansando de tener veinte y ahora con la hermosura de la nostalgia nos los bebemos.


Claudia Villarreal
Diez minutos para saber dónde me duele
Colección ¿Águila o Sol?
Gobierno del estado de Nuevo León
1991