COLUMNAS   

Árido Reino


La oscurísima noche y su gran boca repleta de luminosos colmillos intenta, sin éxito, masticarnos; o travesuras de la imaginación

En El cromañón y otras fábulas, de Adrián Herrera, encontramos textos de medianos y breves formatos, con reflexiones sarcásticas, humor negro y ácido, violencia, crueldad, pero también con poesía.

OPINIÓN

De entrada: sopa de su propio chocolate

Hay muchas maneras de inquietarse. Una es leer a  Adrián Herrera, y eso quiero agradecérselo destacando sus agradecimientos. Sí, los que aparecen al principio del libro, porque el muy vivo, el muy monstruo, el muy Frankenstein -qué podíamos esperar de él-, se agradece a sí mismo el muy irreverente, usando a sus amigos. Supongo que se está mofando de los políticos en campaña, esos -esos son todos- que usan a los demás y en equipo se adjudican las virtudes de los demás, se creen muy fregones, onda así como: «La gente trabajadora y honrada de Nuevo León nos ayudará a salir adelante».

Empecemos. Aquí lo delato y aquí con sus propias palabras me apropio por supuesto de su idea y aclaro una cosa importante: contrario a los políticos, estas palabras tan mías como de Adrián, son verdad, van los agradecimientos:

Emanuel Hernández (el editor) atento y profesional, que trabaja horas extras. Adrián estás hablando de ti ¡no te hagas!

Lady Distopía (personaje de redes sociales) ilumina las redes con humorísticos y sorpresivos textos. Adrián ¿a quién quieres sorprender? ¡Es una descripción tuya!

Armando Herrera Silva (el familiar) hombre de muchos talentos… ¿O sea? todo queda en familia.

Laura García (dichosa e intelectual) tu programa de televisión es siempre una puerta luminosa para deleitarse. Pfff, nomás le faltó decir: no se pierdan Master Chef, todos los viernes, no sé qué día, por no sé qué canal, (porque no veo ese programa). Ok, ok, yo haría lo mismo, y ok, ok, sí lo veo, pero por nomás por ver a  Annette Michel.

Luis Petersen y Antonio Rovira (par de cabrones). La escena es la siguiente: una carnita asada… Obvio, ¿con quién se juntan los cabrones?

René Almanza (el ilustrador) capta la esencia, transmuta . Yo como el autor creo en lo esencial, ¿alguna objeción? El que tenga una objeción que objete… (¿Sí escribí bien la última palabra? no vaya a ser)

Armando Alanís (poeta urbanístico) la palabra se  proyecta donde se le pega donde su rechingada  gana y donde mejor se le acomoda. No soy alburero y yo no digo palabrotas, pero me gustó su descripción de mi hablando de él ¿a poco no? Así le hizo en todas, pero yo, bien atento, yo bien lector profesional, lo caché. Además el autocorrector me sugería «resignada» en lugar de rechingada. Pero pos’ no, me iba a ver mal hablando de mí mismo como un autor resignado. Al grano: ese es Adrián discutiendo con un aspirante a chef o con un cliente insolente o en su columna de los viernes en Milenio .

Álvaro Cueva (el periodista) gracias por sacar el espectáculo del nicho de la banalidad y mediocridad y transformarlo en crítica. Eso son estas fábulas, nomás léanlas y se darán cuenta.

Hortensia Montaño (atenta señora mesurada). Aquí, pos no, Adrián por supuesto es todo lo contrario y además hace una promesa (chin… yo diciendo que nada que ver con los políticos). Y bueno, si en esas andamos, les prometo que si leen este libro encontrarán en cada texto un bocadillo suculento.

Plato fuerte: El cromañón y otros versos.

Ciento veintitrés textos de medianos y breves formatos conforman el libro. Reflexiones sarcásticas, humor negro y ácido, violencia, crueldad y (algo que no me sorprende encontrar) poesía. Aquí algunos ejemplos que me indican con certeza que claramente no basta el carisma narrativo, que es necesario para reconstruir cualquier orden perdido o edificar otro. Hay oficio y honestidad en los textos, hay poesía:

*Las estrellas fugaces son los dientes de la noche que van cayendo dilatados, somnolientos y resignados sobre nuestro planeta. (pág. 116)

*Un susurro que parece un lamento, un grito lejano, un recuerdo, una aparición, un reflejo distorsionado sobre la superficie del agua (pág. 284)

*La verdad es una travesura de nuestra imaginación.(pág. 5)

*Me parece que esa nube es suya (pág. 57)

*La calle entumecida espera otro regadero de sangre y aceite (pág. 53)

*Un halo sucio y polvoso cubre el cielo y los sonidos viajan ralentizados, enredándose, tergiversados. Se reactiva la atmósfera.  (pág. 209)

*La oscurísima noche y su gran boca repleta de luminosos colmillos, intenta sin éxito masticarnos. (pág. 116)

A Adrián lo admiro y aprecio, su hilaridad e irreverencia indican que es un sabio. Adrián nos acecha con sus textos, que son la pesadilla necesaria para entender que el mundo es habitable, y nos salva del naufragio emocional sumergiéndonos en el caos. Adrián Herrera practica la alucinación y nos comparte con toda la normalidad del mundo los resultados.

Insisto, hay muchas maneras de inquietarse. Una es leer al chef Herrera, porque estar inquieto es necesario.

Método

Es fácil volverse loco, solo hay que pensarlo intensamente… y ¡listo!… ocurre de repente.

(pág. 112)

Postre: Anécdotas que le dan sabor a la vida, o ‘no está enojado, así habla él

(Tres bocadillos que aspiran a ser una fábula)

El chef acostumbra hacer eventos culturales en la Fonda San Fransisco. El invitado habla de su obra y cocina algún platillo para que los asistentes degusten en el evento. Cuando me invitó a participar, en una noche de tacos de arrachera y poesía, esto fue lo que aconteció…

I

Acepté con gusto la invitación a participar en la marteada porque la verdad quiero conocer a los Caifanes, para estar seguro le pregunte a Adrián:

-¿Sí los conoces o es un chiste?

Y el chef con su característica seguridad y su estilo peliculesco (o peliculero) me contestó:

A huevo. Son cuatro, ¿no? El Estilos, el Gato, el Mazacote y el Azteca.

 II

La verdad acepté porque quiero ponerle una regañiza así como el en el programa (pero no vaya a ser y pues también le pregunté):

Oye chef y en la marteada, o sea, ¿yo qué hago?

-Es tu noche campeón, tú lúcete.

O sea te puedo decir… no sé, ponerme así beligerante, bien acá, bien juez como tú y decirte: Yo con este platillo en mi restaurante ya te hubiera puesto de patitas en la calle…

-El que dice esas cosas es Benito…

-Ok, ok, pero sí soy súper fan ¿eh? Cómo olvidar cuanto te enojaste y rompiste el plato. Esa sí estuvo… puedo romper un plato y poner cara así de…

-Ah chin…, ese fue Benito también. Armando, tú no ves la tele.

-La verdad, no.

-Perfecto, no la veas y no te pases de v…  Y ni madres, ¿qué tienes en la cabeza? A mí no me regaña nadie en mi pinche restaurant.

-Ok, sí señor, entendido.

III

La verdad acepté por empatía con el Sr. Herrera. Él  y yo somos como hermanos. Nos conocimos en un club de veganos hace muchos años, íbamos todos los sábados al estadio, a los partidos de los Jabatos, y antes de los partidos al club ese, se llamaba La Quesadilla Sin Queso, o algo así. Íbamos también todos los domingos a la misma iglesia, nos conocemos de toda la vida de cualquier manera para cerciorarme le pregunté:

-Ese día en la marteada estaría bien que interactuáramos, así como en el programa en el que actúas, el de Chester Tef.

-Máster Chef, y yo no soy actor, soy chef

– ¿Le puedo decir Chef, Chef Herrera, así con apellido para que suene más bonito, más formal?

-Amiga… todos me dicen Chef Herrera

-Ok, señor, digo Chef… Herrera.

-Mira Armando esto no me esta gustando.

-No, cómo cree mi Chef, Chef Herrera, si lo que se nota a leguas es empatía entre nosotros, y la verdad usted y yo pues tenemos en común muchas cosas.

-Ahora resulta, ¿y como qué tenemos en común tú y yo?

-Pues la comida.

-Ahh sí, ¿cocinas?

-No mucho, pero como. O sea, desayuno, como y ceno a diario. Y seguro usted también.

-No seas mam…

-Mmm, a ver, deje pensar. Ah sí, el lenguaje. Usted y yo somos puristas del lenguaje

-Ah chinga.

-¿Sabía que en Francia a los chefs les dicen igual que aquí en México, chefs? ¿Eh? A que no se sabía esa.

(Llevándose las manos a la cabeza, desesperado, echando madres) 

-Chef es una palabra  de origen francés que significa jefe, y la palabra está internacionalizada, así es que en inglés y en castellano y en cualquier otro pinche idioma a los que dirigen la cocina se les llama chefs.

-Ahh ¿sí sabía entonces?

-Soy chef.

-Si el Chef Herrera.

-¿Sabes qué? Vente el próximo martes, pero el próximo martes que caiga en 29 de febrero cab…

-¿En la mañana o en la tarde? Ahh ok, ok, una última duda: las marteadas se llaman así por los martes ¿verdad? O sea, no es por que den malteadas de postre. No sé, es que es restaurante, yo pensé, es que… soy… no está usted para saberlo ni yo para contarlo, pero soy intolerante a la lactosa.

-Sí, ‘ta gueno, llégale, rúmbale a la chin…   

(Chef dirigiéndose a un cocinero)  

-Oye Jaime Oliverio, dile a mi gente que en las marteadas queda prohibido invitar a  estos gueyes. Pobres seres incomprendidos, pinches escritores son bien raros, por eso nadie los lee.

Sugerencias del chef 

Podemos apreciar que entender la cotidianidad es necesaria para construir otra nueva. Los ingredientes: lo insólito de decir las cosas como son y el combatir la zona de confort (si es que existe eso, un término a mi parecer horrible en todos los aspectos y que viene del mundo laboral). La literatura, arma llena de futuro que combate al presente, se encuentra atractivamente dispuesta en este libro. Provecho.


El cromañón y otras fábulas
Adrián Herrera
Norte Oscuro
2020