En esta fotografía estamos todos, mientras el cielo retumba y se ven venir los nubarrones sobre Monterrey

La literatura escrita por Felipe Montes es un conjunto, una voz hecha de rabia y amor que obedece a una regla: Lo que pasa en Monterrey debe contarse.

Por: Armando Alanís Pulido

felipe montes barrio catedral1 – La primavera regia

Felipe Montes escribe desde hace décadas el proyecto literario más ambicioso sobre Monterrey. Cada vez que aparece una obra de él, ya  sea un libro de poemas, uno de cuentos o una novela, el tema invariablemente hace referencia a alguno de los momentos clave de la historia de su ciudad natal. Su obra en conjunto se titula simple y sencillamente: Monterrey. Para fines prácticos Felipe es el escritor más regiomontano o el regiomontano más escritor que hay.

En el año 2016 se llevó a cabo uno de los acontecimientos más importantes en la historia de la literatura regiomontana. Planeta, una de las más importantes casas editoras del mundo, decidió publicar en una hermosa coincidencia a cuatro autores regiomontanos casi al mismo tiempo, tres novelistas y un poeta. María de Alba, Armando Alanís, Hugo Valdés y, por supuesto, Felipe Montes fueron los elegidos. El suceso no pasó desapercibido, ya que estuvo acompañado por una campaña publicitaria que se tituló “Leer es regio”, acompañada por anuncios en unidades del transporte público regiomontano y reseñas de los autores en los principales espacios informativos y  periódicos del país. El periodista del grupo Reforma e investigador literario Daniel de la Fuente, bautizó al hecho como “La primavera regia”. De Felipe se publicó la novela Barrio de catedral en la colección andanzas del sello Tusquets. En ese libro se narra un antes y un después de la ciudad de Monterrey, la historia está aderezada con ángeles y demonios que además de observadores del desarrollo de la vida regia asumen un papel como ciudadanos protagonistas que deambulan y sobrevuelan los barrios de esta ciudad.

 2 – Además de matar a su esposa Diego, tenía que fundar una ciudad

Si hubiese que estigmatizar a una ciudad, Monterrey las lleva de perder. Su fundador comete el primer feminicidio al asesinar a su esposa, pero eso no impide que como cronista, como inventor, como narrador, el autor poetice el acto majestuoso y grandilocuente de llamar a una simple llanura, a un monte, pues, con el nombre de Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey.

Socorrido, pero por nuestra señora madre de la inventiva, en Felipe germina una potente letanía que no por extraña, confusa, al contrario, provoca que el lector sea capaz de imaginar (y de creer) que los sucesos-espasmos que acampan en ese valle, llanura, monte pues, son lo que son: una verdad regia; y que son además absorbidos por chispazos donde la verdad es la acción en esta nuestra primitiva historia, creando y narrando el destino ese con el que tendremos varios encontronazos. Ese que fue inaugurado cuando el ángel perdió la primera batalla contra un demonio que se inmiscuyó entre las doce familias.

3 – Veintidós pasos de frente por cincuenta de ancho

La narrativa de Felipe es una alberca. En la alberca Monterrey nos refrescamos, nadamos, brincamos desde un trampolín. A nuestro lado demonios resbaladizos (porque están enjabonados) nos hacen compañía, y aun así el agua fluye y las letras que en el capítulo 3, titulado “Enrique”, nos detallan el acontecer de una ciudad mediante una declaración innegable de cotidianidad, amplios mapeados urbanos incipientes con nombre y apellidos que aportan un ánimo fundamental de la gran protagonista de la obra de Montes.

4 – Armas largas almas cortas y una constelación de percepciones

Muchas veces la ciudad, nuestra ciudad, ha sido abatida, deteriorada, pulverizada. Episodios atascados en lodo, en sangre, nos han sacudido. “Pablote y el enano” es el título del capítulo 4 y ahí se narra la famosa balacera en el Café Iguana, uno de los antros más chidos y concurridos en el Barrio Antiguo (Barrio de Catedral). Ahí Felipe cuenta y lleva a cabo una labor integral de excavación, salvaguarda y refacción de esos acontecimientos tan reales, tan superadores de toda ficción. Esos hechos (ahora parte de las ruinas morales que cicatrizan la historia de Monterrey), narrados con soltura y con una elocuencia anunciada desde la portada con una pintura del maestro Geroca y una cintilla donde David Toscana alaba la escritura de Montes, nos dan la certeza de lo que encontraremos como lectores en las páginas de este libro. El mito de que Felipe es un escribano al que ángeles regiomontanos (y demonios) le dictan un poema épico, se vislumbra. Lugares, personas y tiempos revueltos en una constelación de percepciones, pensamientos y memorias.

Está clara la herida que irrumpe, y si un escritor fuera un agente de cambio en la percepción de los demás (qué hermosa idea ¿a poco no?), la invención transformadora de Felipe entra en el terreno de la crónica, porque recupera y sintetiza la memoria de nuestro pasado. Quiero pensar como el autor y entender que de nuestras heridas depende nuestro futuro. Hagamos alma volviendo a emprender esa nueva fundación de la ciudad. Yo sugiero una guía: La literatura escrita por Felipe Montes: Casa natal, El vigilante, Sólido azul, El enrabiado, son un conjunto, una voz hecha de rabia y amor que obedece a una regla: Lo que pasa en Monterrey debe contarse.

5 – Un reino sin sosiego, ingrato destino (una polka que se llame así)

Poco tiempo después de la aparición de esta novela, Monterrey, la ciudad que le dicta sus libros a Felipe, su ciudad amada y la cual menciona 126 veces en las 189 páginas de Barrio de catedral, se vuelve en su contra. Felipe, sorprendido, no le reprocha nada. (Por ahí se defiende, por ahí aguanta vara, por ahí depura su agenda, por ahí se entera quienes son sus amigos y sus enemigos) Sabe que la literatura lo salvará y escribe y escribe bajo esos nubarrones otra historia sobre Monterrey. Supongo que ese tipo de amargas experiencias permiten en autores sólidos como Felipe hurgar nuevos sitios descubiertos desde la ingratitud del destino y escribir sobre la realidad de la sociedad, o sobre el miedo, o sobre la ignorancia, o sobre la envidia de los que las más de las veces enturbian el agua y quieren manchar una obra literaria poderosa y que además tiene ya el adjetivo de clásica.

Entiendo que la predestinación es el peor enemigo de un libro, pero simplemente las historias contadas aquí en Barrio de catedral ahí están, y la historia de Monterrey por supuesto que no se escribe sola, Felipe la sigue escribiendo.

Yo sospecho- por el ruido de los aleteos-  que una cuadrilla de ángeles albañiles lo están ayudando a cerrar las fisuras y las grietas de su corazón y los que somos amigos de Felipe (y que también lo somos de su obra), estamos esperando el libro que sigue.


Felipe Montes
Barrio de catedral
(Colección Andanzas)
Tusquets Ediciones
2016

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