Árido Reino

Una bondad en cada cosa, o el prodigioso espectáculo regiomontano

una ciudad para vivir

Una ciudad para vivir (1991), libro compilado por Alfonso Rangel Guerra, es la conciencia de la ciudad narrada por propios y extraños que dan a conocer sus diferentes rostros desde el siglo XVII hasta el siglo XX.

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Cien

Sé muy bien a lo que quiero llegar con Árido Reino. Me propuse emprender este ejercicio con la firme idea crear un archivo histórico de la literatura regiomontana, haciendo un repaso por la mayor cantidad de libros de literatura, educación e historia, escritos y publicados (por y sobre) autores de Nuevo León y temas similares. Hasta el día de hoy suman 100 las reseñas; de este total 58 libros son de poesía y 42 de narrativa en todos sus géneros aunque también cabe destacar la variedad de temas: hay uno de jardinería, uno de arquitectura, dos de guiones de cine, una investigación musical, tres de entrevistas, dos de investigación que tratan el tema de mujeres escritoras y tres sobre historia de la cultura nuevoleonesa. Los libros más antiguos reseñados fueron publicados en 1965 y 1969 y el más nuevo vio la luz hace un mes (en marzo de 2020). 70 de estos han sido escritos por hombres y 30 por mujeres, y también existe un apartado al que se le podría llamar “antología de las antologías”, ya que se incluyen 14, de las cuales 13 son de poesía y 1 de narrativa. Como último y curioso dato un 10 por ciento de los libros atendidos (o sea, 10) tienen en su portada una imagen (dibujo o fotografía) del majestuoso Cerro de la Silla.

Frankenstein

También este trabajo es un reto lector y al mismo tiempo un homenaje a escritores y escritoras que me inspiraron y a los que quiero parecerme. Aspiro a tener y saber usar la memoria y sus caprichos como lo hace Genaro Saúl Reyes, la claridad en el razonamiento como lo ejerce Miguel Covarrubias, la inteligencia descriptiva de Hugo Valdes, la pasión del lenguaje de Jeannette Clariond, el manejo del botepronto lingüístico de Gabriel Contreras, la acumulación de paciencia lectora de Carlos Rutilo Aguilar, la disciplina de Eduardo Zambrano, la caballerosidad literaria de Arnulfo Vigil, la visión exquisita de Abraham Nuncio, la capacidad de acumular capacidades de Daniel Salinas Basave, la imaginación futurista de José María Mendiola, la curiosidad inquietante de Jorge Luis Darcy y el cálculo preciso y atinado de Pedro de Isla. A todos ellos gracias por formar parte de y ayudarme a entender la hermosa monstruosidad de la literatura regiomontana.

La zona de agradecimiento

Ontiveros y Zapata son, sin duda, dos héroes en la historia del periodismo musical y cultural de esta ciudad. La Zona Sucia es una especie de bunker contracultural, un lado B en cuestiones de arte, porque sencillamente ofrece lo que otros espacios promotores de la cultura no. Ofrece siempre gratas sorpresas, hermosas curiosidades, placeres culposos sin nada de morbo, ofrece honestidad periodística, opiniones capaces de mover a la reflexión en una ciudad que no acostumbra reflexionar. Gracias a ellos estoy haciendo lo que un malvado crítico literario me dijo que yo no estaba capacitado para hacer. Ahora sé que no lo hago mal, soy pretencioso y creo que lo puedo seguir haciendo mejor. A Homero y José Juan cien veces gracias por el espacio y la confianza, por la visión y por crear esta Zona Sucia que nos limpia la conciencia y el alma, y hacerme participe. Gracias a los autores reseñados de los que siempre aprendo algo y que me han agrandado el amor por este hermoso personaje literario llamado Monterrey, y, por último, a los autores aun no atendidos aún, les agradezco su paciencia, que pronto será recompensada, y más les agradecería hacerme llegar porfis sus libros y sus sugerencias.

540 metros sobre el nivel del mar

Durante los años  1998 y 1999 Diego Enrique Osorno, Josué Gabriel de Montemayor y yo emprendimos el proyecto de hacer y revivir un suplemento cultural en la ciudad, ya que se habían extinguido unos años atrás. En el periódico ABC nos abrieron las puertas; se llamó La Humareda (por cierto, el último que se hizo en un periódico regiomontano).

Alguna vez para celebrar a la ciudad decidimos publicar una visión de Monterrey por gente que había decidido adoptar el gentilicio de regiomontano. Fue así que le pedimos a un italiano, un norteamericano, un francés y un alemán residentes en la ciudad que nos platicaran su visión de la ciudad. Con gusto nos enviaron sus textos en su idioma original, y amablemente, con una traducción al español. Nosotros, locos como siempre, decidimos publicarlas sin traducción. Nuestros jefes lo tomaron no sabemos si como un chiste o como un error sin importancia, y afortunadamente no recibimos ningún regaño o castigo. “Monterrey Babel”, titulamos aquella osadía. La pregunta era simple y nos interesaba saberla: ¿Cómo ven a Monterrey los que nos son de Monterrey, los que van de paso, los turistas, los extranjeros, los hijos adoptivos?

No sabíamos que Alfonso Rangel Guerra había elaborado un ejercicio parecido unos años antes, titulado Una ciudad para vivir. El trabajo de compilación le llevó décadas (y qué mejor libro para celebrar los cien intentos de tratar de entender a este Árido Reino a través de los que escriben desde y para  Monterrey).

Una ciudad para vivir

Llegar a Monterrey es como regresar instantáneamente a Texas:
Graham Green.

La tierra y los hombres donde pronto hemos de ver el concierto del comercio y la inteligencia, o para decirlo en la metáfora grata a los humanistas: las bodas de Mercurio y Minerva:
Alfonso Reyes.

Pero a mí me pareció que las chimeneas eran incontables, y la fantasía amplificó l cuadro que tenía ante mis ojos. Y Monterrey me pareció una nueva Babilonia:
Manuel Payno.

Monterrey cambia y Monterrey sigue fiel a sí mismo, La ciudad se renovó sin abandonar sus tradiciones:
Ricardo Garibay.

Monterrey es el conglomerado humano que prueba más eficazmente la realidad de las virtudes del mexicano, cuando se ponen a contribución para construir y no para destruir:
Mauricio Magdaleno.

En Monterrey por lo general todos visten de una manera decente:
Adolfo Dollero.

Que desear para ti, gran ciudad, sino que te descubras a ti misma y te levantes aun más que tus desnudas montañas, y te hagas universal, y te hagas eterna. Tus ojos pueden desgarrar la neblina del tiempo:
Ricardo Arenales.

Las ciudades se asemejan a los hombres

Este libro es una revisión al pasado, un ejercicio necesario para una proyección y posibilidades futuras, así como consultas históricas, ya que hay descripciones tanto de su geografía como de la idiosincrasia de sus habitantes. Es pues la conciencia de la ciudad narrada por propios y extraños que dan a conocer sus diferentes rostros desde el siglo XVII hasta el siglo XX. Cuarenta y cuatro personajes ilustres que abarcan los nombres de Alfonso Reyes, Agustín Basave, Rosaura Barahona, Salvador Novo Raúl Rangel Frías, Gutierre Tibón, José Vasconcelos, Graham Green, José Alvarado, Ricardo Arenales,  Mauricio Magdaleno, Manuel Payno, Ricardo Garibay, Jack Kerouack, Ario Garza Mercado y Hugo L. del Río, entre otros.

El paso del tiempo y las transformaciones de la ciudad pueden verse claramente con estos testimonios, así como algunos acontecimientos ocurridos de interés histórico u anecdótico. Hay en estas páginas muchos elementos pretéritos pero con rasgos definitivos, hay revelaciones, hay expresiones exaltadas, que invitan a recorrer a Monterrey en todos sus tiempos, para está lectura hay que tomarse su tiempo y aquí está detenido, dispuesto en amables postales.


Una ciudad para vivir (variaciones sobre un mismo tema)
(Compilación, prólogo y notas de Alfonso Rangel Guerra)
Serie Los Trabajos y Los DAÍAS
Fondo Editorial Nuevo León
1991