COLUMNAS   

Árido Reino


Ni todos los que son ni todos los que están, o las buenas intenciones versus el olvido atroz

30 años después, el tiempo le ha dado la razón a Margarito Cuéllar con su serie de antologías Monterrey, alforja de poetas. Cada comentario resultó atinado, cada inclusión, cada exclusión, tuvo su justa razón. Este libro es una excelente referencia para empezar a delinear el canon de la poesía regiomontana.

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OPINIÓN

De tal suerte promovida descubrí el vuelo de tus ansias

Para 1994, cuando aparece el tercer y último tomo de la serie Monterrey, alforja de poetas, el panorama de la poesía de Nuevo León era otro, muy distinto. Coincidentemente, con la hechura de este trabajo Margarito estaba siendo testigo de los avances y alcances que el trabajo poético de los autores regios estaba teniendo.

A la par de una depuración de autores que estaban dejando de publicar y escribir, aparecía un grupo de jóvenes que aprovechaban el auge de los suplementos culturales de los periódicos. Cuéllar los menciona en su introducción (pág. 31) pero no se atreve a incluir a ninguno a pesar de que algunos ya tenían uno o dos libros publicados. El criterio sobre el número de obra publicada por autor no está considerado en ninguno de los tres tomos, ya que aparece gente sin libro publicado o con uno o dos volúmenes, y el criterio se redujo a cinco poemas “antologables”. Cuéllar aclara que para esta selección se tomó en cuenta material publicado entre 1977 y 1993, ya sea en libro, cuaderno, revista o suplemento. Su apuesta juvenil termina con José Eugenio Sánchez, que lideraba la poesía joven de Monterrey a finales de los ochenta y principios de los noventa del siglo XX. También anuncia la ausencia de Samuel Noyola debido a una autoexclusión.

La plaza sigue húmeda 
morrison y joplin no han cumplido los treinta
los veteranos de Vietnam no han recuperado la cabeza
 y yo como un pájaro en la lluvia
me confieso derrotado ante la lucha de recuerdos
no creo en dios ni en la biblia
tampoco en las naciones unidas
a veces creo en mí
en un trozo de franela que cargo en el regazo por si algún día
tengo que limpiar la sangre de mis muertos
creo en la miseria que me acompaña hasta el último gramo de putrefacción que he metido en mi cuerpo
y tengo miedo
no soy indomable ni activista:
nací en una década de ilusiones
que con gusto han mandado a la chingada
tengo miedo por el hambre de mi hermano
la frustración de mi padre
y por el nebuloso paisaje de mis ojos

(“A propósito de”, José Eugenio Sánchez, pág. 261)

La galaxia dilatada, el desierto embellecido

Este tercer tomo viene acompañado de un prólogo de Alfonso Rangel Guerra, quien fiel a su costumbre alarga las ideas sin decir mucho. Retórico, como las más de las veces que le solicitaban prólogos, en ocasiones hasta reclama algunas cosas que el antólogo no hizo y debió de haber hecho. 

Con estos veintiún autores (incluidos en este tomo) suman un total de setenta los seleccionados en esta trilogía. En el tomo 1 la ficha de cada autor contenía un retrato del mismo. En los tomos 2 y 3, además de la ficha, Cuéllar da una breve descripción del estilo poético de cada autor. De los seleccionados, seis son mujeres: Marisa García, Graciela Salazar, María Belmonte, Minerva Margarita Villarreal, Leticia Herrera y Lucía Manríquez. completan la selección: Guillermo Meléndez, Eligio Coronado, Armando Joel Dávila, Xorge González, José Francisco Villarreal, Genaro Huacal, Gerardo Puertas Gómez, Humberto Salazar, José Javier Villarreal, Irineo Morales Monsiváis, Eduardo Zambrano, José Jaime Ruiz, Sergio Cordero, Oscar Efraín Herrera y José Eugenio Sánchez.

I

Hojas,
mariposas que nacieron
para morir al primer vuelo.

II

Vuela la hoja
seca y abatida:
moribunda mariposa

(“Metamorfosis”, Gerardo Puertas, pág.153)

Una sonrisa de un secreto

Aquí termina la apuesta, una buena apuesta: confluían en esos años tres generaciones. Margarito lanza preguntas y buenos augurios después de haber puesto sobre la mesa (o sobre alforjas) la poesía de Nuevo León. 30 años después el tiempo le ha dado la razón, cada comentario resultó atinado, cada inclusión, cada exclusión, tuvo su justa razón. Este libro es una excelente referencia para empezar a delinear el canon de la poesía regiomontana. Los años han añejado a esta selección y solo ha quedado la poesía, y al menos yo con eso me conformo.


Monterrey. Alforja de poetas 3
Selección/ introducción de Margarito Cuéllar
Secretaria de Desarrollo Social
1994