COLUMNAS   

Árido Reino


El empobrecido conocimiento profundo de ese sí mismo que somos cada uno

En Cuentos cortos, escritores largos, Romualdo Gallegos no se mete con la obra sino con la actitud del escritor. Pero, ¿para qué tiene uno que burlarse de los escritores? ¿Es acaso venganza, frustración o una protesta?

En Cuentos cortos, escritores largos, Romualdo Gallegos no se mete con la obra sino con la actitud del escritor. Pero, ¿para qué tiene uno que burlarse de los escritores? ¿Es acaso venganza, frustración o una protesta?

Por: Armando Alanís Pulido

I Bullying literario.

Romualdo Gallegos lo dice bien: “No tiene nada de glamoroso sufrir el demonio del insomnio, picar y picar la maquina en busca del párrafo coherente. El escritor es el que escribe, la musa visita a quien trabaja, a los holgazanes les saca la vuelta». Me agrada la sinceridad de Gallegos, ya que no tiene que escribir crítica literaria (o ya en estos tiempos modernísimos, memes) como hacían y hacen algunos para burlarse de los escritores. Dice también que los escritores de Nuevo León apuestan más al éxito que a la misma literatura (no sé a quién se refiere en especifico pero tengo mis sospechas) y ese es el móvil de este libro. Ya que en Cuentos cortos, escritores largos el autor no se mete con la obra sino con la actitud del escritor. Pero, ¿para qué tiene uno que burlarse de los escritores? ¿Es acaso venganza, frustración o una protesta? O si lo quieren ver por el lado amable, ¿quién sabe ya cuál es la realidad y cuál es la ficción?

Romualdo, contrario a la beligerancia intelectual que siempre demuestra cuando habla de los que hacen literatura, es un tipo buena onda que tiene muchos amigos (tan buena onda que hasta se incluye como personaje en uno de sus madreadores cuentos), y como buen caracolero intenta (como cuando jugaba fut en sus años mozos en la liga de su barrio) hacer fintas, no para burlar al contrario, sino para burlarse de él.

En una entrevista que viene al principio del libro, «El que escribe se lleva”, y que a manera de prólogo le hace Gerardo López Moya (otro madreador profesional que con los años ha perdido su toque) Romualdo habla del ingenio de Roberto Gómez Bolaños, de los ovnis y del hip hop, pero nunca dice a quien se está madreando. Eso se lo deja no al lector sino al que se ofenda y basta leer los títulos de los cuentos para darse una idea. Por ejemplo: la escritora de hermosas piernas que conquisto España, la escritora de poesía erótica que juró jamás ocupar un puesto público, el escritor que estafó un club de venerables ancianas, el escritor que tenía fama de plagiario y lo era, el escritor que le daba por dormir en ataúdes, desnudarse en público y fundar religiones, el escritor que publicó su propia revista, el escritor de literatura gay de quien se sospecha que el personaje principal era él, el escritor que se disfrazaba de Juan José Arreola, el escritor que escribía cuentos de terror que daban risa y se cree es el creador del género de humor involuntario, por citar algunos de los 21 textos que conforman el libro.

II El personaje imaginario gana realidad.

Como aquellos comerciales de televisión y radio de la cerveza Tecate que ensalzaban todos los vicios y defectos de los regiomontanos, o los de Banamex que hablaban del significado casi místico de hacer una carne asada los domingos, la realidad domestica se pierde en las sombras de la historia. Y si los personajes se escapan del libro y van a buscar al autor como lo afirmaba León Felipe en “El payaso de las bofetadas”, ¿pasará algo? ¿Llegará la justicia que tanto clamaba Don León? No lo creo, porque  la intención en esta obra no es salvar a nadie, es, por el contrario, madrear, empañar la poca o mucha gloria ajena de los plumíferos regiomontanos, desmitificar el ambiente (sin ningún chiste), y Romualdo bien puesto dice: «Yo le pongo el cascabel al gato». Soy partidario del humor de Gallegos, pero en raros momentos, cuando los idealismos se exaltan, la historia no conoce un solo caso en que esos ideales trabajen para bien, pero bienvenido el morbo. ¿Quién es quién para decirnos o cuestionarnos sobre nuestros actos? Pues un colega valemadrista dispuesto a dibujar caricaturas, imagínense que ni ante los supuestos críticos cuando se refieren a la obra un escritor, cede. Pero vamos, en estos casos habrá que aplicar la tolerancia, y seguro algunos sí se sintieron aludidos (tengo la sospecha de que este libro lo leímos muy, pero muy pocos), y si en el remoto caso de que uno de esos lectores tenga la piel delgadita, de ahora en adelante lo saludarán de lejos. Yo me vuelvo a preguntar, en serio ¿cuál es el caso de burlarse de los escritores? Mejor no me clavo, pero qué les parece que estoy exagerando y este sólo es un libro chacotero que busca entretenernos, divertirnos. Si así fuera, ¿cumple? La respuesta sí y no .

El lector como siempre decidirá. Yo veo poco atractivo hablar sobre la fauna literaria regia. En ese sentido me refiero a ese mundito que a pocos les puede interesar y que es la vida privada de un escritor. Ok, Vargas Llosa se casó con su tía, con su prima y con la mamá de Enrique Iglesias. Nicanor Parra fue a Suecia y no precisamente por el Premio Nobel, pero algunos de los personajes están muy muy lejos de jugar en la Primera División. Ok, algunos serán curiosos e investigarán en esos hermosos procesos de comunicación donde la información es como los exámenes donde la respuesta es de opción múltiple y donde siempre subrayábamos la que decía “todas las anteriores”. Pero lo que sí es atractivo es ver el proceso en el que un autor mata a su odio atinada o equivocadamente.

III Ponerse el saco

Definitivamente este libro no será un best seller, ni una curiosidad para investigadores de la literatura regiomontana del siglo XXII, como se menciona en el prólogo (les digo que López Moya perdió el toque). Tampoco creo que desmitifica nada como quiere hacernos ver el autor. El horror moral que descubre este libro no supera al sencillo chisme después del taller literario o a las platicas de los viernes en el Bar Reforma. Y no lo digo porque tenga la duda de ser el protagonista del cuento de la página 172, lo digo porque Nostalgia por los marcianos (Abrapalabra 1992) y El zorro Miss Mundo y un vecino que no dijo su nombre (Contrafuerte 1996) y El operador y otros relatos  (Cuadernos del Topo 1989), sus anteriores trabajos, muestran a Romualdo Gallegos como un escritor delicioso en su trato con el humor, preciso y breve. Aquí, por pasarse de largo, se quedó corto.

Una versión previa de este texto se publicó en el periódico Vida Universitaria de la UANL.

Romualdo Gallegos
Cuentos cortos escritores largos
UANL, 2008