Árido Reino

El mito y el rito de la cumbia y el vallenato como forma de autoconsolación síquica, o prende la vela

Nicho Colombia, periodista, recorre en este libro la trayectoria de Celso Piña, pionero de la música colombiana en Monterrey y de la cultura que esta conlleva.

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Como el viento

Por alguna extraña razón Celso Piña se aparecía muy seguido en algunas reuniones que realizábamos amigos escritores en casa de Gerson Gómez en la colonia Nuevo Repueblo. Corría el año 2000, el humor y la humildad del músico se mezclaba entre las charlas de literatura, la carnita asada y las cheves. Celso, por supuesto, nos daba cátedra sobre música colombiana, su lucha, sus inicios, su sueño de conocer Colombia (ya después hasta hizo bailar a Gabriel García Márquez), y ahí recuerdo muy bien una ocasión en que todos platicamos como nos llegó su música o como lo descubrimos. El que menos sabía conocía “La negra Nelly” o”Como el viento”. En mi caso los trayectos en camión cuando fui estudiante de la prepa y la uni, donde siempre había algún chofer que ponía su música, y las más de las veces, tres o cuatro “cholillos” se subían a dos cosas: a asaltar a los pasajeros o a tocar unas rolitas de Celso a cambio de unas monedas. Esa época donde nos convertimos en amigos reales de Celso nos valió invitaciones a la grabación de Barrio bravo y hasta un agradecimiento en las dedicatorias de ese ya mítico disco.

Rompiendo nuestro estricto protocolo personal solo por rebeldía

Siempre que suelen hacerse listas sobre música surge una pregunta: ¿Y los placeres culposos? Me refiero a esas rolas que nada tienen que ver con nuestro gusto musical, pero que por alguna extraña razón nos despeinan y las bailamos a solas o la cantamos a todo pulmón con un cepillo como micrófono; frente al espejo del peinador, o en la ducha, los menos, la tararean cuando van manejando por Gonzalitos o por Morones. Es decir, si eres metalero por ahí te guste una baladita de Paulina Rubio; si eres de la onda grupera, una rola de AC/DC; o si te gusta la trova y el canto nuevo te sabes las de Tmbiriche. Nadie en Monterrey ni en Santa Catarina o Guadalupe, es más, nadie en San Pedro y en Escobedo o San Nicolás oculta su gusto por la cumbia colombiana y el vallenato. Nadie se apena o se esconde por la música (que es música) de Celso Piña. Es más, todos aunque no seamos políticos (o seamos políticamente incorrectos) hemos intentado el baile del gavilán, ese ritual en que el danzante simula estar drogándose con el chemo.

El plano real que va más allá de lo simbólico

Uno de los temas de este libro es la discusión sobre la cultura e identidad, ya que en un principio la música colombiana, -la música de Celso- se convirtió en un emblema para ciertos grupos de jóvenes marginados y con problemas como drogadicción, abandono, pandillerismo, maternidad adolescente, desempleo, deserción escolar y violencia. El publicó creció, mutó y se expandió, sobre todo a partir del año 2001. Celso ya grababa desde 1982 y para ese año su discografía era de 12 álbumes. En ese 2001 aparece el disco Barrio bravo, en el cual Celso se hace acompañar de artistas de otros géneros y hace colaboraciones con El Gran Silencio, Lupe Esparza (Bronco), Toy Hernández y Pato (Control Machete), Blanquito Man, Quique y Rubén (Café Tacuba), Poncho (Santa Sabina), La Firma, King Changó y el Queso (Resorte). La prensa llamó a este experimento “cumbia fusión”, y El Rebelde del Acordeón, como se le conoce desde siempre a Celso, empezó a tener acceso a canales de música como MTV o Telehit.

Carlos Monsiváis escribe al respecto un texto que se volvió un clásico para referenciar y entender esta música. Dicho texto aparece en el arte del disco:

Celso Piña es un fenómeno social como bien afirman y un fenómeno musical como bien se oye. Celso es un flautista de Hammelin, algo extraño en este momento en que el líder político es un autista de Hammelin que ni toca ni persuade, ni lleva a nadie a lugar alguno.

En sus discos y bailes, Celso Piña encuentra en los ritmos, el sonido y el énfasis de Colombia, país de la violencia histórica, popular, que a los adolescentes y jóvenes mexicanos post José Alfredo Jiménez les persuade; bailar cumbia y vallenato es de tiempo libre completo, hay que ensayar e ignorar el género de la pareja, eso no es difícil mientras se baila, es más complicado ante el registro civil para seguir bailando.

Celso es la moda fuera de la moda es una voz admonitoria cuando el rock está en la cúpula y es el modulador de los sentimientos contemporáneos, la cumbia y el vallenato son formas de auto consolación síquica inartística, jóvenes en la pista que se han desprendido de la moralidad y la voz.

Prendan la vela

Nicho Colombia, periodista, recorre en este libro la trayectoria  de Celso Piña, pionero de la música colombiana en Monterrey y de la cultura que esta conlleva. Se incluye una cronología, su discografía y una interesante iconografía. Se habla de los inicios sonideros, y hay una breve explicación sobre otros músicos colombianos a quien Celso admira y los que llegó a conocer. Conocemos sus encuentros con políticos y con personalidades del mundo de las artes como los colombianos Botero y García Márquez, y su ascenso a partir de Barrio bravo. Todo con un estilo fluido a manera de ensayo sociológico-periodístico

Mojicón

Rubén Mujica fue durante muchos años, manager de Celso. Es el que aparece al lado del músico mientras saluda a el premio Nobel de Literatura colombiano. Su historia es parte de la historia del increíble ascenso y éxito internacional de Piña. También tuve una relación de amistad con él, ex boxeador y mánager de José José en algún tiempo. Me parece lamentable e injusta la omisión a su persona en este libro; por eso no quiero dejar de mencionarlo y recordarlo. Murió hace algunos años ya alejado de Celso pero siempre con esa energía (te saludaba dándote unos ganchos al hígado que la verdad sí dolían) y con esa pasión por la música que llevaba por dentro y por fuera. Su voz es la que presenta a Celso en el comienzo de “Cumbia sobre el río”, y aparece por ahí en el video donde Celso hace dueto con Benny Ibarra mientras cantan arriba del Hotel Roosvelt. Sirva esto como un sencillo homenaje. Seguramente hay muchas personas atrás de Celso que le ayudaron a llegar a donde está y él lo sabe: Rubén Mujica fue parte fundamental de que ahora la música colombiana, la música de Celso, sea también de nosotros.


Celso Piña. El rebelde del acordeón
José Lorenzo Encinas Garza (Nicho Colombia)
Oficio Ediciones
2018