Árido Reino

Testimonio de nuestra estadía por esta agreste tierra, o qué bonita familia

Esta aportación ciudadana al festejo del cuarto centenario de la fundación de Monterrey es una joya literaria por muchos motivos: recuerdos que nos recuerdan lo que somos y la herencia que tenemos que conservar.

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El cotidiano quehacer

De todos los libros que se editaron para conmemorar el 400 aniversario de Monterrey, este es uno de los más interesantes no solo en su contenido si no en el modo en que fue concebido, en una especie de concurso: el periódico El Norte y Editorial Castillo convocaron a la ciudadanía  a escribir historias de sus familias, aquellas que con su trabajo ayudaron a que la ciudad fuera lo que hoy es. Llegaron 170 historias escritas por 157 personas y un jurado conformado por Rosaura Barahona; Hugo Valdés y Héctor Jaime Treviño escogieron las 60 que están contenidas en ..Y ellos hicieron la historia. Las familias regiomontanas.  Estas van desde quien trabaja en una fábrica hasta el empresario, el artista y la ama de casa. Cabe aclarar que, de las 60 historias seleccionadas, más de la mitad -33- fueron escritas por mujeres.

Monterrey, mi Monterrey
en el nombre has llevado la fama
con orgullo te ostentas cual rey
y a tu pueblo tu corona ufana

El gran cerro de la silla
símbolo de mi ciudad
se levanta en una orilla 
para poderle admirar.

Sí, mi hermano yo soy de Monterrey
y por eso te estimo y respeto
trabajar en mi ciudad es una ley
producir y progresar es nuestro reto.

(Don Antonio Treviño, por Sergio Treviño Gallo, fragmento , página 78)

Los nuevos escritores

Emoción, pasión, entusiasmo y mucho orgullo de ser regiomontano son los principales ingredientes de estos relatos, que además están acompañados por valiosas fotos que “los nuevos cronistas” también aportaron para enriquecer las historias en esta valiosa edición. La historia, escrita por sus propios protagonistas, es un desfile de apellidos y de hazañas todas grandiosas: el nacimiento de la primera banda de rock en Monterrey en 1957, o la historia de los juegos Manzo, la hermandad italiana, o los simplemente los Hinojosa, los Alanís, los Sada, los Villarreal, los Espino Barros, los Ferrara, la fundación de la Cruz Roja Delegación Monterrey así  como la historia de algunos barrios.

Tengo orgullo de ser del norte…

La característica especial de estos relatos y crónicas es la elegancia: historias que seguramente se contaban durante décadas cuando se miraba el álbum fotográfico familiar tuvieron la oportunidad de salir de la intimidad y convertirse en historia compartida para la celebración. Este libro hizo historia porque aportó una serie de homenajes salidos desde el más sincero y humilde orgullo familiar. Es cierto, a la familia uno la puede estigmatizar de muchas maneras, pero el momento y la ocasión fueron los idóneos para que lo que aquí se narra (que viene desde la tradición oral, pasando por el rescate de algún diario íntimo) llegaran a nuestras manos, oídos y corazón. Los acordes del corrido de Monterrey tienen mucho sentido al leer este libro, este pedazo de árbol genealógico de la ciudad entera, contada y cantada por quienes la forjaron y domesticaron:

Tino fue un hombre común, del pueblo, un hombre que dio esta tierra y se dio a su tierra, un hombre franco y amable que la muerte nos arrebató muy temprano, pero que quienes pudimos compartir los años con él sabemos de sobra que a veces no es necesario formar una industria o haber participado en una batalla, para formar parte del pueblo regiomontano, para haber sido un ciudadano común, sí , pero con un gran espíritu de amistad y compañerismo. Así era T, un hombre común pero regiomontano, y orgulloso de haber nacido en esta ciudad de acero

(“Tino y su ciudad de acero”, por M. Ramírez , fragmento , página 128)

Coordenadas espirituales

Narraciones precisas, claras y verosímiles están contenidas en estas 60 historias, que ahora integran la memoria colectiva de un pueblo que se ha caracterizado por su amor al trabajo. Esta aportación al festejo del cuarto centenario de la fundación de Monterrey es una joya literaria por muchos motivos: recuerdos que nos recuerdan lo que somos y la herencia que tenemos que conservar tratando siempre de ser  los mejores regiomontanos de la historia


…Y ellos hicieron la historia. Las familias regiomontanas.
Ediciones Castillo
1996