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En la tranquilidad y el caos, cántalas: “Íntimo”de Julieta Venegas en Monterrey

Reza la frase “uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amo la vida” y a Julieta Venegas se le notó tanto amor de volver. Acá una reseña de su concierto en el Showcenter Complex de Monterrey el 7 de febrero.

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julieta venegas

La noche avanza y el sonido monstruoso de la gran ciudad se hace cada vez más agudo. Afuera existe el caos. No hay cómo negarlo. Quizás la solución más cercana para calmar las aguas es tratar de concentrarse en una sola cosa, como tratar de contar los pasos. Uno, dos…cinco. El desfile de zapatos y de gente se hace cada vez más notable conforme se va llegando al complejo. Hay ruido y movimiento, pero también un par de sonrisas y bienvenidas. Cada uno va tomando su lugar  y se escuchan por ahí, en la oscuridad, risas y algunas platicas sobre cómo estuvo el día. Se nota además en algunas miradas que varios terminamos la semana atiborrados de pensamientos que quizás nos han bloqueado un poco. Algunos van solos y otros en grupos, pero de todos modos estamos ahí juntos, con un par de cervezas, esperando que la música nos consuele un poco.

El cuadro de la escena tiene entonces muchos contrastes. Arriba, en el techo: algunas luces. Abajo, en el escenario: un piano, una guitarra, un cuatro y un muy emblemático acordeón. No más.

De pronto la algarabía va cambiando a un tono más eufórico cuando la luz se enciende y la figura de una contentísima Julieta emerge. Ha estado ausente desde hace algunos años de los escenarios en nuestro país. Viviendo en Argentina la tijuanense ha tocado en recintos pequeños e incluso ha dedicado su tiempo a hacer teatro. La música no se aleja de ella. Ni ella de la música. Reza la frase “uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amo la vida” y a Julieta Venegas se le notó tanto amor de volver y de estar acá con nosotros desde el principio.

Nos recibió con una enorme sonrisa. Levantaba sus manos y nos saludaba. Estaba ahí de pie platicando con nosotros como si se estuviera reencontrando con viejos amigos en un café. Nos contaba sobre lo feliz que estaba de volver a pisar tierras regias. Se le veía tranquila aunque terminó confesándonos que casi se hiperventilaba tras bambalinas por el entusiasmo de volver a tocar para nosotros. Era el primer concierto de “Íntimo” un tour acústico en el que ella se encargaría de tocar completamente sola todos los instrumentos. Y entonces quedaba claro que había motivos para que estuviera nerviosa.

En algunas entrevistas Julieta ya había comentado que quería mostrarse como era. Quería disfrutar de la esencia de la música y reconectarse con ella y con el público. Y no pasó más de una canción cuando decidió que quería tenernos más cerca y ver nuestros rostros, por lo que pidió que nos moviéramos y nos aproximáramos a los asientos más cercanos al escenario. Por tal motivo pidió que las luces se dejaran encendidas mientras ella comenzaba el show con el piano de “Amores platónicos”, canción de su quinto álbum, Otra cosa. Le siguió “Forma” y con ella parecía querer decirnos que en esta vida hay que simplemente ser y estar. Y sí. Además fue una forma de demostrarnos que lo que se venía iba a ser una ola de canciones nuevas y de canciones poco conocidas a conocidísimas.

Es indudable que un artista ha sido influenciado por otros. En su caso, Julieta nos explicó la manera en la que el argentino Charly García había repercutido en su vida. Así que decidió tocar para nosotros su versión de la emblemática “Ojos de videotape”. El escenario se vistió entonces con una luz azul casi morada que la rodeaba en un aura lindísima. Para ese momento, ella ya nos estaba internando en un ambiente definitivamente íntimo. Demasiado profundo. Con su sencillez y sus amenas platicas, Julieta Venegas hacía sentir acompañados incluso a quienes iban solos.

Pasó del piano a la guitarra cantando “Debajo de mi lengua” y hasta nos hizo sentir una inmensa pena con “Una respuesta”. Nos dejaba claro que a la tristeza y al dolor hay que aceptarlos, hacerlos nuestros porque también forman parte de nuestras vidas. Encontrar un balance dentro de todo, pues.

Para mitad del concierto, decidió tomar su acordeón y fue entonces que el público reventó en un mar de aplausos y entusiasmo. Oscilando junto al acordeón, Julieta bromeaba: “… son cómo olas, ¿vieron?” y comenzó a tocar “Oleada”. Nos hizo también entrar dentro del cancionero popular del “despechado” mexicano con versiones suyas de temas de Juan Gabriel y José Alfredo Jiménez.

Para las canciones de su más reciente proyecto teatral, La Enamorada, el cuatro y el piano se hicieron presentes en “Mis muertos” y “Seguiré viva” (que cantó a petición del público). Sus interpretaciones nos dejaron ver parte del proceso creativo que utilizó para dar vida al musical que presentó en teatro en Buenos Aires y que próximamente llegará a la CDMX.

“Ya conocerán”, “Casa abandonada”, “Canciones de amor” y “Ese camino” formaron también parte de su repertorio. Con “Todo está aquí”, el derroche de amor llegó a su punto neurálgico destacando la importancia del presente. Una canción que posiblemente hizo reflexionar a muchos (incluyéndome) haciéndonos pensar que la felicidad compartida es real siempre y cuando aprendamos a vivir en el aquí y el ahora.

La buena interacción con el público escaló tanto y tan rápido que Julieta decidió mostrarnos una canción inédita a la que ni siquiera le había puesto nombre y nos pidió corearla: “Sí hay palabras que te ayuden a seguir, cántalas, cántalas. Sí hay palabras que te ayuden a sobrevivir, cántalas, cántalas.” Y las cantamos.  Una voz al unisonó se podía escuchar en todo el recinto. Y quién sabe, quizás hasta su nueva canción hizo llorar a más de uno (incluyéndome… otra vez).

Los éxitos no podían faltar y fue hasta el final que la cantante interpretó temas como “Andar conmigo”, “Eres para mí” y “Lento” para finalmente despedirse con la obvia e indiscutible “Me voy” y “Limón y Sal”. 

Alguien por ahí no dejaba de pedir desesperadamente que “Sería feliz” fuera la próxima en la lista, pero lamentablemente el tiempo no alcanzó. Sí, muchos nos quedamos con ganas de escuchar temas de Bueninvento  y Aquí, pero todas las canciones que escuchamos estuvieron tan increíblemente conectadas que podría decirse que fue un show realmente personal. Y pues de todas formas hay que vivir el presente ¿qué no?

Suena exagerado, pero quizás todos logramos sentimos uno en ese momento. Parecía como si todas esas canciones fueran hechas para explotar dentro de nosotros y contaran nuestros pasos. Le escribí directamente a Julieta y le conté que escuchándola aquella noche se me abrió un camino entre la espesa maleza que venía creciendo últimamente en mí. A veces nos llegamos a sentir encerrados dentro del caos de esta vida tan imprecisa y confusa, pero sí miramos (y escuchamos bien) nos daremos cuenta de que existen maneras de continuar. La creación y el arte son un camino increíblemente bello. Así que sí, el universo, su expansión, la tranquilidad y todo su caos es real y hermoso porque nosotros existimos. Y la música existe. Aquí y ahora.

Para desbloquearme el alma, ese día decidí irme cantando de regreso a casa. Gracias Julieta.