Árido Reino

Construir con astrolabios que postergan la amargura del recuerdo un desierto, y ahí erigir la pausa de la nostalgia, o una ronda de sotol

José Juan Zapata llega para cantarnos con la garganta a veces y con asombro otras, pero eso sí con profunda reverencia para transitar por espacios en apariencia insólitos.

POR:
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

La pastillita

Los recuerdos nos abren  la memoria y entonces un torrente de voces en unísono y la poesía murmulla como tolvanera. José Juan Zapata llega para cantarnos con la garganta a veces  y con asombro otras, pero eso sí con profunda reverencia para transitar por espacios en apariencia insólitos. Aquí el artefacto de los tiempos es el verso y el oleaje provocado por el autor, que es a su vez un fragmento de cardenche, una presencia que persiste en forma de poesía o de tolvanera: esa que nos hace que sujetemos nuestro sombrero para que no se nos vuele, y que entrecerremos los ojos y que abramos el corazón para que vuele.

La ciudad también es breve:
se erige y se destruye
en la misma tolvanera

(“Fundación”, pág. 15)

Idolatrar la quemadura

Las nubes son una fogata, un exilio, una residencia. Zapata cumple con el lema ineludible de Pound: “Lo esencial de un poeta es que nos construya su mundo”. Así es que de estos cantos impulsados con intensidad se desprende una individualidad aparente y se vuelve hacia una personalidad real y entonces se consagra lo esencial: la pureza, esa que quema, que sugiere un destino: la amplitud del fuego.

La aurora tira el dado (primera)

Una aspiración tranquila y sangra el verso en su gentil licor, exorcismo y ceremonia en la voz alzada (la primera), firme y que desemboca en una nostalgia que es a la vez metamorfosis. Toda canción está construida con hilos de historia íntima, todo poema es una canción, una forma de disponer y enlazar distintos materiales que nos ayudan a elaborar los cuestionamientos correctos. A mí me parece que ese es el fin primero de la poesía, es el primer dardo, y dará en el blanco porque simplemente traza una ruta.

El ánima del océano navega sobre tu cuerpo
y sus sabanas lisas en su cauce mortal.
Qué divide, entonces, nuestros deseos más pendientes,
a qué hora se derramará la marea sobre nuestra ruta

(“Deseo”, pag. 22)

Nuestros deseos más pendientes (de arrastre o marrana)

Jorge Luis Borges decía que los sueños eran la expresión estética más antigua. Siempre me he cuestionado si los deseos fortalecen los sueños o viceversa, lo que sí sé es que ambos son poesía, porque nos incentivan, nos arrastran a preguntarnos sobre lo que creamos. Entiendo que no es lo mismo la reflexión que la expresión, pero sé que ambos también son poesía. El círculo se cierra: la palabra documenta la memoria y en tal terror seguir siendo seres humanos.

Déjame pensarte eterna,
y en tal terror
perfilar la nostalgia
con que la luz rompe
el trepidante ritmo de
mí, efímero

(“Mujer, breve…”, pag. 29 )

Emigrantes notas (contralta)

Las conciencia exaltada, es decir, al pronunciarse uno mismo despega. El canto cardenche es un acto comunitario, cantar a capella puede estar alejado de nosotros mismos en el sentido rutinario del acto inconfesable. Pero en la bañera, en la soledad del auto en el tráfico, mientras preparas los alimentos, aparecen notas emigrantes en las que nos reconocemos. Así veo también a la poesía cotidiana, de pertenencia, de rescate de lo que somos, o de lo que queda de nosotros. Buscándonos en la aspiración de ser cantores o cantantes efímeros, o juglares o nostálgicos, o románticos o activistas o historiadores. Porque el mundo se revela en callados ritos o en oscuros presagios, y siempre se interpone (tal vez como pretexto) la poesía. La poesía es el intento de todo eso.


Persistencia de Tolvaneras
José Juan Zapata
UANL
2009