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COLUMNAS   

Árido Reino


El olfato de los profetas crudos nos conmina al fetiche

Luis Felipe Lomelí es el autor intelectual de este libro. Convocó a veinticuatro escritores, doce hombres y doce mujeres, y les asignó su tarea: Escribir un cuento dividiendo el día en horas. A cada autor le correspondería una y en ese lapso de tiempo se desarrollaría la historia.

OPINIÓN

Revisión del expediente

En el momento que escribo esto el «ejecutómetro” del periódico El Norte rebasa las 400 ejecuciones en lo que va de este año 2020. La morbosa medición detallada por día, por semana, por mes y comparativa con el año anterior explica lo que pasa en el exterior: el mundo ha parado (aunque sería mejor decir que se ha atascado, porque eso suena más atascado), y Monterrey continua pudriéndose bajo el hermoso cielo despejado en el día más largo del año.

Luis Felipe Lomelí es el autor intelectual de este libro. Él planeó el golpe, convocó a veinticuatro escritores, doce hombres y doce mujeres, y les asignó su tarea: Escribir un cuento dividiendo el día en horas. A cada autor le correspondería una y en ese lapso de tiempo se desarrollaría la historia. En pocas palabras les dijo a cada uno que les había llegado su hora, los amenazó psicológicamente al obligarlos a escribir un cuento pensando en tres: el propio, el de una hora antes y el de una hora después. Estos jales así son, siempre hay riesgos, te decía una vez cerrado el trato.

Presuntos implicados

Entonces Diego, Orfa, Ximena, Elsa, Sofía, Sabina, Daniel, Ricardo, Cristina, Alejandro, Luis Ramón Priscila, Lorea, Pedro, Criseida, Rafael, Luis, Eduardo, Armando, Vanessa, María, Joaquín y Gabriela, dibujaron la ciudad desde la oscuridad, desde las minorías que son mayoría, desde calles y avenidas, desde vistas inesperadas, escribieron todos desde la ficción rebasada por la realidad, escribieron del miedo sin miedo.

Agitación punzante o en esta fotografía estamos todos

A fin de cuentas toda la ciudad es nuestra culpa. Las fotografías tomadas por los veinticuatro autores denotan dolor, rabia y mucho amor. No sé si entendemos bien a la ciudad o si la ciudad de plano no nos entiende. Las radiografías muestran nomás lo que es: una advertencia, un resignado suspiro, una caricatura hostil, un reclamo social  y político. Maldecir no al calorón ni al sol, sino a la resolana, la puritita verdad, un chiste de esos de humor negro que a todos nos hace reír pero nos aguantamos la risa, no vaya a ser que nos cancelen el CONAPRED. Leo y pienso que el fin del mundo ya duró mucho, leo y descifro que el fin del mundo es el estatus regio, y tranquilo sigo organizando mi fiesta del domingo que tiene 24 horas, ahora más largas, ahora más invisibles. Mi fiesta interior es seguir pensando en el culto a la vaca, mi fiesta ahora es una carnita aislada, el mundo sigue tan incapaz de ser capaz de resolverse en 24 horas o en 24 años o en 24 sexenios. Monterrey es la capital del mundo y del inframundo, Monterrey es una ciudad ignorada por Dios, Monterrey es una ciudad castigada por Dios, Monterrey es este libro que se le ocurrió a Luis Felipe y ocurrió porque a todos nos pareció buena idea exorcizar nuestros demonios contando lo que a todas luces se ve y no se va.

Apoplejía de la violencia

La violencia es una cruel enfermedad transmitida por un virus del que hasta el momento no se conoce vacuna o cura alguna. Los gobiernos cada año dedican millones de pesos de su presupuesto para combatirla, el dinero etiquetado nunca es suficiente, algunos dicen que se va a un fondo en algún paraíso fiscal a través de un operativo llamado estafa maestra, otros declaran en las redes sociales que las compras de suministros están sobrevaluadas, que hay factureros y que a nadie le importan las personas enfermas, que les inyectan agua. La noticia, no sabemos si buena o mala, es que si algo crece al mismo nivel que la violencia es la literatura que habla sobre la violencia.

Lo que tenemos y hasta lo que no

En este libro las historias nos acosan y nos acusan al mismo tiempo. Percance e invitación, Monterrey 24, ya leído, esta apilado junto a los libros de historia de Nuevo León. La fila le da la bienvenida, sus compañeros de biblioteca lo respetan desde ya porque saben que es un libro honesto, un libro activista, un libro que no se discute, un libro que tiene la razón. No espera que un lector así bien regio lo condene o lo defienda. Tampoco es un libro esperanzador, en el sentido de que podamos decir así estaban las cosas antes, bien gachas, todos bien asustados y ya no podías ni sacar la mecedora a la banqueta en la tarde. Nadie escribió su historia correspondiente con un dejo de esperanza. Todos así, bien regios, latentes, como el moho que se apodera de la pared.

La cuenta regresiva

La única condición para leer este libro es estar vivo , estar consciente de eso y nada más. Si las historias te divierten o te aterrorizan, ya la libraste. No se pide que te tomes tu tiempo para ejercer la lectura, porque el tiempo (como dijo un sicario, o un escritor, o un secuestrador, o un editor, todos regiomontanos) es relativo, y lo relativo a mí me viene valiendo madre –añadió-. Entonces dio la orden y algo se ejecutó. Qué alegría me da pensar que los daños colaterales sean llamados lectores. Que no le digan que no le cuenten, que no haya lectores en las listas de desaparecidos, que esas listas desaparezcan, lo que pasa en Monterrey (ni modo) tiene que leerse.


Monterrey 24
UANL
2018