Benjamin Biolay – Grand Prix


Polydor
Francia
2020


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“¿Cómo va tu dolor? / El mío es así/ No necesitamos practicar/ Para aterrizar/ tendríamos que aprender/ A vivir con ello/ ¿Cómo va tu dolor?”. Y no se trata de que forme parte de una balada lóbrega, sino de una composición que se basa en una caja de ritmos y la elegancia de un pop electrónico con mucho savoir faire; el sufrimiento es un tema esencial de la actual sociedad -si no es que de la historia entera-, pero se le puede poner a bailar mientras uno toma un cocktail para paladearlo. ¿Qué se le va a hacer? Te va a doler, pero te va a gustar. “Comme est ta peine” es una extraordinaria canción que ensalza además la exquisitez del canto en francés y que, por si fuera poco, cierra con unos violines que agregan encanto.

Con los años nos ha quedado claro que Benjamin Biolay (1973) es un dandy en funciones, que además se enamoró de Argentina -como lo testimonió en sus discos anteriores-, por eso no extraña que ahora pueda tomar a la Fórmula Uno como leit motiv de su noveno álbum, que ahora no tira al sur del continente americano, sino que enfatiza su tono vintage a la hora de recurrir a sonidos ochenteros y quizá hasta de una década antes.

El nativo de Villefranche-sur-Saône siempre ha encontrado la manera de engarzar la tradición de la canción francesa con el rock pop y por ello ha gozado de gran libertad de movimientos (y hasta se ha asomado a la cumbia), pero siempre a partir de la sofisticación. Si tenemos que considerar a la citada canción para abrir este texto, “Comme est ta peine” (muy deudora de “How Deep Is Your Love” de The Rapture), entre los grandes temas del año, hay que anotar también que “Visage pâle” no desmerece y se da vuelo con un sintetizador análogo, mientras suelta frases como: “el amor tiene un precio que yo ya no puedo pagar”. 

Luego saca rédito de su lado de crooner rockero en “Idéogrammes” -conducida a tope por la batería- antes de que lleguen los temas que más aluden a las carreras y que justifican la idea del disco; ahí está el tema titular (dedicado al accidente de Jules Bianchi en el Circuito de Suzuka en 2014), también “Virtual Safety Car” (que incluye un sampleo de voz en español y un sinte cósmico) y el cierre absolutamente nostálgico por una victoria de la leyenda del volante Ayrton Senna en “Interlagos Saudade”, que agrega la voz de Anna, la hija que tuvo con Chiara Mastroianni.

Grand Prix es generoso; en la excelente “Papillon Noir” se acerca lúdicamente a New Order y los bajeos típicos de Peter Hook, esta pieza, junto a “Comme une voiture volée” -otra vez con el lustre de sintes totalmente fiesteros y punteos de guitarra a lo Daft Punk-, le debían de conectar con un público más joven; veremos como se da ese diálogo intergeneracional entre los galos.

Aquí no se repite el Biolay de La Superbe (2009) ni tampoco el de Palermo Hollywood (2016); ha entrevisto una ruta distinta para recorrer con parsimonia y al volante de un descapotable. Pero no se haya en calma, detrás del mundo de las pistas y en su propia vida acecha la muerte; una sola maniobra equivocada y todo termina. Benjamin sabe que el tiempo de estar en el mundo es tan breve como un Gran Premio a más de 300 km por hora, y en “La Roue Tourne”, un tema lento y muy afrancesado, da cuenta de lo inexorable: “De tanto en tanto pienso que ya no sé nada/ Cuantos más años pasan/ menos certezas/ Cada vez lloro menos/ porque no sirve de nada”.

Benjamin Biolay es un sibarita; un artista muy fino que ha exprimido al máximo la existencia; por eso nos encanta.