Todo el amor del mundo o el rumbo del continente

Hace años cuando conocí a Carlos Calles en una puerta giratoria lo catalogué como un escritor ganador, que son los que vuelven a los lectores ganadores por causas tan sencillas como ofrecernos historias bien contadas.

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Lo que somos capaces de imaginar

Greta Cienfuegos como Camilo o Ixca (lo digo por el apellido) existió y no. Fue una Revolución que surgió de una rabieta con su madre. Deducía -o dedujo- a la humanidad desde su mundo. Por supuesto que no es la clase de mujer que desayunaría café y huevos revueltos con jamón. Por otra parte Benito es un solitario que además de decidir el rumbo de un continente puede besar a una tortuga y sueña con estar con otra mujer, y cuando está con otra quisiera soñar lo mismo; sus historias se cruzan al recoger -por equivocación- sus maletas idénticas en el aeropuerto.

Ya para entonces como lectores nos encontramos con una urgencia (en forma de signo de exclamación rojo) de investigar; y subrayo la palabra investigar porque a partir de ese acto entenderemos el desenlace, pero también  para convocar a enfocarnos a encontrar el fin de la historia. Ser nosotros además de lectores, investigadores: Benito re descubre a su mujer, mientras ella lo descubre en otro sentido, entonces se descubre a sí mismo como un…

El asunto es que en el proceso, descubrimos que Carlos Calles, el autor de esta novela, es intrigante y fresco a la vez, que con su prosa sabrosa fluye ágil como las descripciones que hace de Santiago de Chile, una ciudad -por cierto- importantísima para él, e importantísima para quien la visita, como turista, o como lector, o como turista literario.

La sociedad debería organizarse

Destaco el capítulo once que incluso se puede leer como un pequeño ensayo. En lo personal me remitió a dos discursos cinematográficos: Uno el de la película El abogado del diablo protagonizada por Kenau Reeves y Al Pacino y donde este último, quien encarna al mismísimo Satanás, habla y describe a Dios. Y el otro en Batman, donde quien interpreta al malvado villano conocido como The Joker, nos dice que la maldad no tiene justificación. Ahí enfundados ambos personajes en la filosofía de la moralidad flexible entenderemos la madurez del hombre. Es duro el asunto, golpea: Lo humano es el egoísmo y la envidia un discurso que alguna vez nos receto el ciclista texano Lance Armstrong quien ganó en repetidas ocasiones con trampa el Tour de France. ¿Nos habremos quitado a tiempo la pulserita amarilla o la seguimos portando? Y hablo de la honestidad sin equivocarme. Hay quienes siguen pensando con una madurez que ve a tal acto como redentor. Se es honesto al decir que eres deshonesto, la novela habla de lealtad y aquí no estamos para juzgar a nadie, aunque en época de campañas electorales lo hagamos sin ningún empacho.

El objetivo de una emoción particular

No sabría cómo expresar el placer lector (y no lo digo por los tecnicismos para describir un felatio o por la generalización de un personaje con una descripción puntual: Un mesero con cara de búho). Sí, exactamente como el mesero que nos atendió hace poco, pero sí creo atar y desatar cabos en una misma historia, no cualquiera lo narra con la sutileza y el ritmo limpiamente oral cuando no visual. Yo leo y disfruto esta novela y veo a Calles como alguien que asume que la literatura es algo que debe escaparse de la literatura y que la sensación lúdica con la que escribe se la transmite al lector.

Hace años cuando conocí a Carlos en una puerta giratoria lo catalogué como un escritor ganador, que son los que vuelven a los lectores ganadores por causas tan sencillas como ofrecernos historias bien contadas que nos proporcionan muchas emociones. Y, lo sabemos, quien se emociona, por supuesto, gana. Él y los lectores acabamos de confirmarlo ya que ha sido ganador del premio Nuevo León de Literatura 2018 por su novela titulada Escaleras.

Creo que la felicidad de la imaginación se detona y al mismo tiempo se mezcla imaginándonos que somos o fuimos felices, aunque al final descubramos la verdadera vida que llevamos, esa es la onda, descubrir nuestras heridas y darles su valor real.

Se forma un silencio

Así como el personaje de la novela que recuerda haber leído un cuento de un tal Carlos Calles, así reflexiono, no tan pesimista aclaro, pero esta evocación que aquí sí tiene sustento teórico la veo comparable a recibir una carta de alguien, que no tiene absolutamente nada que ver con un inbox o un whats. Una especie de reporte de una investigación confidencial donde terminamos descubriéndonos, así invisiblemente, pero puntual como el polvo que se acumula en los objetos y que obliga a sacudirse las manos, a soplar cerrando los ojos o a entender verdaderamente que hay una delgada capa que lo cubre todo y que es la indicación indiscutible de que hay que hacer una limpieza. Autores como Calles, que entre líneas nos dicen que somos el material del que están hechos los sueños, y que nos hacen ver nuestro lado irreparable con otros ojos porque uno es el mismo pero está ahora desempolvado.


El polvo que se acumula en los objetos
Carlos Calles
Editorial Acero
2012