Rutas de canciones

Dave Brubeck – “Take Five”

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En mi mundo cotidiano no había muchos espacios para escuchar jazz y una pieza pasó a ser un recuerdo sin nombre. Nunca supe cómo se llamaba, pero la conservé en mi memoria.

Por: Andrea Sierra

Cuando era pequeña a mis papás les encantaba ir a un restaurante que había en el centro de Monterrey y que se llamaba Mérida, con especialidad en comida yucateca.

Nunca me gustaron los panuchos ni los papadzules así que mientras ellos comían, yo me la pasaba jugueteando con una sopa de arroz, pero sobre todo me embobaba con un cuarteto de jazz que tocaba allí.

Uno de mis mejores recuerdos es el gustazo que sentía cada vez que tocaban “Take Five”. Esa pieza literalmente me abducía y para mi dejaban de existir las mesas, los platos y hasta los servilleteros en forma de pirámide de Chichén Itzá y me metía en cada una de las voces de los instrumentos, especialmente el piano.

Pasado el tiempo dejamos de ir a ese lugar. En mi mundo cotidiano no había muchos espacios para escuchar jazz y esa pieza pasó a ser un recuerdo sin nombre. Nunca supe cómo se llamaba, pero la conservé en mi memoria.

Pasaron muchos más años de los que me hubiera gustado y aunque tomé la costumbre de comprar discos y casetes de diversos géneros, nunca supe cómo encontrar el amor sonoro de mi infancia; después de todo YouTube, Spotify y Shazam son herramientas relativamente recientes. Hubo una larga época en la que la mejor estrategia para dar con una pieza de la que no se sabía el nombre eran un tarareo bien intencionado y un dependiente muy heroico en las tiendas de música de la ciudad.

Pero un buen amor, ni se olvida ni se deja; un día me topé con ella en la radio por casualidad ¡y dijeron su nombre! “Take Five” no perdió su magia, sigue siendo la pieza que me ayuda a abstraerme de lo que me rodea y de hecho la sigo poniendo en repetición continua cuando tengo que concentrarme en algo. ¡Ese piano!

Existen muchísimas versiones, pero yo me quedo con la clásica, la de Dave Brubeck.