La conciencia de la última vez

Bien está lo que bien acaba, dicen. Hoy me despido de ti, Joan Manuel. Me has acompañado en un largo periodo de mi vida, pero voy cerrando ciclos y ahora toca el que ha tenido que ver contigo.


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Hace mucho tiempo, alguien a quien amé me dijo que siempre le había parecido muy triste no saber cuál era el último beso que se le da a alguien querido o cuándo es la última vez que estamos en compañía de esa persona con quien hemos compartido cosas. Por eso, cuando el amor acabó, se despidió de mi con un beso y diciéndome: recuerda que éste es el último, vamos a guardarlo.

Esa experiencia me marcó. La relación había terminado, pero me dejó esa enseñanza: la conciencia de la última vez. No siempre es posible, pero he tratado de tener esa oportunidad con las personas importantes de mi vida.

Bien está lo que bien acaba, dicen. Hoy me despido de ti, Joan Manuel. Me has acompañado en un largo periodo de mi vida, pero voy cerrando ciclos y ahora toca el que ha tenido que ver contigo. No sé si volverás a dar un concierto en alguna parte del mundo donde yo esté, pero si sé que yo no haré el intento por verte de nuevo.

Mi historia de amor con tu música y tus letras se merece que nos despidamos así, con esta conciencia de la última vez. ¡Has significado tanto! Desde cuando te escuché por primera ocasión, con aquellos versos de Machado, musicalizados por ti y que fueron motivo de una conversación con mi padre: pero ¿qué es eso de “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”? – ¡ay papá!, pues lo dice porque cada uno vamos haciendo nuestro camino en la vida – Bien que lo sabía el hombre. Se divertía poniéndome a prueba y tú fuiste su cómplice.

Pasó el tiempo y formaste parte de la banda sonora de mis amores y desamores y hasta tomó sentido aquello de dejar los montes e irme al mar detrás de un nombre que sabía a yerba; por no hablar de cómo bailé y me di la mano con desconocidos en una noche de San Juan. ¡Me regalaste uno de mis himnos personales y me han visto vagabundear!

Te he escuchado cantar en teatros y auditorios y guardo con especial cariño el recuerdo de aquel concierto que diste con Sabina, en el patio de un instituto, cuando comenzó a llover y ustedes dijeron que no se irían hasta que el público lo hiciera y terminamos todos empapados, pero felices.

¡Estoy tan agradecida contigo! Has hecho que mi mapa musical sea mucho más rico y que conozca a más de tres poetas entrañables. Por todo esto y tantas cosas más, me parece justo saber cuándo será la última vez que compartamos un concierto. Un amor como el que he sentido por tu música merece un final memorable. Como tú dices, es hermoso partir sin decir adiós… pero sí te diré gràcies, Joan, per aquelles paraules d’amor, senzilles I tendres. Mercés per tot, petons.