diana garza islas
COLUMNAS   

Árido Reino


La descripción física de un objeto que no existe, una partitura para polka, o las dimensiones variables del entendimiento

En Catálogo razonado de alambremaderitas para hembra con monóculo y posible calavera el instante poético se convierte siempre en el punto de partida y Diana Garza Islas describe la fecha de nacimiento de los recuerdos, se anticipa a la rebelión revelando las tonalidades de los objetos y sus historias imaginarias.

OPINIÓN

Fundar huecos

En su discurso de aceptación del premio Nobel de literatura 1996 la poeta polaca Wisława Szymborska mencionaba que estimaba altamente a dos pequeñas palabras: “no sé”. Antes había cotidianizado la inspiración argumentando que no solo era un asunto exclusivo de los artistas o escritores. Ok, ok, la inspiración es de todos, pero no todos la aprovechan. Podemos discutir ampliamente ese punto, pero yo quiero preguntarme ¿se puede provocar la inspiración? La génesis de este libro está basada en los ensamblajes del artista plástico Carlos Ballester Franzoni, unas cajas que exhiben objetos que nos generan historias, o recuerdos, o inspiración. De ahí surge esta otra caja, un catálogo razonado de inspiraciones, de asombros, de sucesivas muestras de insatisfacción, (parafraseando otra vez a Szymborska) donde cada palabra pesa y nada, nada es común. No sé, yo solo leo, yo solo pregunto, yo solo averiguo.

No hay que exagerar

Hay un peregrinaje extraoficial en los modos en que se asume la poesía desde hace tiempo, llamémosle vanguardias, o experimentación, o lenguaje cifrado; llamémosle sinónimos probables, o figuraciones mías; llamémosle cajas. Catálogo razonado de alambremaderitas para hembra con monóculo y posible calavera de Diana Garza Islas construye un discurso que no es sencillo de entender, pero a la vez no es complicado. Atender un léxico de afinidades íntimas es sin duda arriesgado, ahí entiendo el dialogo entre Diana y Carlos, pero la elevación de las palabras, desheredadas de sus adherencias, pero no de su espesura concreta, nos acerca a las variables del entendimiento, interpretaciones de esa ley que le da al texto su derecho de existir:

No se enumeran todos los perímetros de este cuerpo: un hilito de oro para separar páginas, una partitura para polka, reglas para medir el gramaje de qué.
¿Y qué íbamos a comprar aquí? La adversión a la máquina, el hombre con la sátira de cobre, su mecanismo inútil o absolutamente estético. Algo que no se ve, desprendido. Trato de imaginarlo: que la soga que hala al cuerpo significa, pero eso termina aquí.
(«31», pagina 68)

Ingredientes para distinguir lo imaginado

El instante poético se convierte siempre en el punto de partida y Diana describe la fecha de nacimiento de los recuerdos, se anticipa a la rebelión revelando las tonalidades de los objetos y sus historias imaginarias. Hay un almacenamiento que fue antes una conversación, y antes un pensamiento, y antes un carpintero fabricó cajas de madera, y antes Carlos pensó en esas cajas llenas de palabras, y antes alguien lo distinguió. Garza Islas mide con una cinta amarilla el panorama, sospecha y escribe, distingue lo imaginado antes de imaginar lo que se distingue, ofrenda sus palabras, y ay de nosotros que estamos a punto de volar.

Un arpón, para registrar donde  las tonalidades del blanco se superponen y eliminan. Para definir la irrealidad de ese color, suma de todos los viajes. Un arpón levemente inclinado hacia donde dos personas conversan, como queriendo ser él mismo lo que hablan. Ese arpón es mío. Ya no es.
(página 90)

Algo en caracteres de un idioma que no supe o no me acuerdo

Lectores condenados  a interpretar, este libro (como lo intuye Luis Eduardo Garcia en la cuarta de forros) puede ser un parque de diversiones o un campo de tiro, o la mezcla de ambos. El mundo metido en una caja que se exhibe y nos exhibe los órganos; la poesía puede ser unas piernas acariciadas, o pólvora, o el esqueleto de un anfibio, o los cuatro puntos cardinales. La autora, desde el fondo del mar, desde la esquinita, remueve con una cuchara los eclipses del pelo, el color de los ojos, y escribe lo que tiene que reescribir; asume su papel de traductora de universos y sus traducciones son transfusiones por donde circula la sangre nueva que se almacenaba ¿en cajas?, o en cerebros, o en corazones. Y con este acto cifra y descifra al mundo misterioso que nos inspira, entendiendo que el reto, emparejar la seducción visual (aparecen  a lo largo del libro siete imágenes de las cajas que se documenta en la pág. 97) con el magnetismo auditivo, se cumple. El texto, la palabra, el poema con su vida solitaria comparte con los objetos encajonados la reivindicación eficaz de ser leída, como el instrumento capaz de insinuar los contenidos, aunque estos se vean o no, aunque estén a simple vista o haya que descubrirlos. Porque no es lo mismo no lo sé que no me acuerdo, Diana Garza Islas cataloga y nosotros (lectores), a partir de eso, confeccionamos la felicidad para siempre.


Diana Garza Islas
Catálogo razonado de alambremaderitas para hembra con monóculo y posible calavera
CONARTE
2017