El crujir de las flores

Con la música de La Casa de las Flores obtienes más que un pasaporte al pasado; obtienes melodías que hablan de una libertad, de sentirse un día como una draga y otro como señora de la alta sociedad, porque sólo la música logra eso: que todos seamos iguales.

Por: Anlli Ramírez

Sábado por la mañana, el cansancio de una semana ajetreada se ha ido poco a poco. Anoche, unos tragos con los amigos, un poco de baile alocado y después, total entrega a Morfeo. Aún recuerdo la voz de Alejandro imitando a la ahora famosa Paulina ese-to-ni-to-me-a-ton-ta-mu-chi-to de la Mora y a otros amigos millenials sorprendidos con la serie de Netflix La Casa de las Flores, una telenovela noventera tuneada, llena de líos, dramas y escenas bizarras pero sobre todo, canciones pegajosas que recién han agregado a sus playlists y que ahora son sus joyas más valiosas en este 2018.

Dispuesta a vivir otra semana bajo la sombra de los De la Mora y su famosa florería, busco el playlist en Spotify, repaso los temas y termino riendo por la selección de canciones; “Anlli, esto no va a terminar bien”, me dije.

Aún no pasaba ni una hora y ya había bailado con Gloria Trevi, Selena, Los Hooligans y Radio Futura, al mismo tiempo que había maldecido a los viejos amores con “Maldita primavera”, “Mío” y “Esclavo y amo”.

No es una sorpresa que Manolo Caro, director de la serie (con la supervisión musical de Lynn Fainchtein), incluyera boleros, cumbias, pop y música urbana en este “soundtrack”, es algo característico de sus películas y obras de teatro, es una forma particular de hacernos sentir una experiencia distinta en cada escena, como si pasáramos de escenario a escenario en un abrir y cerrar de ojos.

En cada capítulo, los temas hacen un perfecto melodrama aún mejor que el que protagoniza Verónica Castro y es que, en un momento escuchas a El General con “Muévelo” como a Amanda Miguel con “Castillos”, dando un giro con Los Panchos y su “Ansiedad”.

Y es que parece que con este soundtrack no oficial obtienes más que un pasaporte al pasado y al presente, de ida y vuelta y con opción a regresar cuando gustes; obtienes poco más de cinco decenas de melodías que hablan de una libertad sexual que existía en los setenta y que hoy a veces asusta, de familias que al cerrar la puerta se convierten en no tan perfectas.

Porque estas canciones no están ahí por casualidad, su diversidad de géneros y épocas no sólo representa el lado populachero que todos tenemos (y que a veces nos avergüenza), este playlist hace que nos identifiquemos con los personajes sintiéndonos un día como una draga y otro como señora de la alta sociedad, porque sólo la música logra eso: que todos seamos iguales.