Husmear con sutileza un álbum fotográfico, o, por favor, pase al confesionario

Originalmente publicadas en el periódico La Rocka, las 48 entrevistas que conforman este libro registraron las voces de escritores que vivían publicaban y escribían entre los años 2005 y 2007 en el estado, en un ejercicio periodístico inusitado, divertido, entretenido y hasta didáctico.

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Originalmente publicadas en el periódico La Rocka, las 48 entrevistas que conforman este libro registraron las voces de escritores que vivían publicaban y escribían entre los años 2005 y 2007 en el estado, en un ejercicio periodístico inusitado, divertido, entretenido y hasta didáctico. Héctor Alvarado, preparó cuestionarios especiales para cada personalidad con el fin de obtener con el tiempo un testimonio de la época. Entonces todos (o casi todos) los representantes de las letras de Nuevo León expusieron sus ideas sobre el quehacer literario y sobre la vida, y se revelaron y confesaron abiertamente. Algunos dijeron cosas de más, otros cosas de menos, unos pocos dijeron cosas sin importancia.

Todo lo que diga puede ser usado en su contra

Salvo las respuestas de Macedonio González y de Sergio Cordero, que son verdaderamente lamentables, la mayoría entendió el sentido lúdico del experimento, y fueron inteligentes; los menos, simples y sosos con algún chispazo. Cosa a la que se debe de poner atención, ya que estos palabreros trabajan con las ideas y con el lenguaje, y cuando hay oportunidad, lo que hay que hacer sin lucirse, es ser honesto. Aun y cuando el escritor que eres o quieres ser, sea un personaje. No todos pensaron eso y el tiempo se ha encargado de ponerlos en su lugar. No por lo que declararon, sino porque al pasar de los años no pudieron mantener o construir una obra de calidad que sustente el adjetivo con el que llegó a considerárseles.

Puerto de abastecimiento

La entrevista -lo han defendido muchos- es un género literario, y aunque Alvarado no pretendía contar una historia colectiva a partir de testimonios personales, preguntó lo suficiente y lo preguntó bien. Factores, circunstancias, protagonismos, conductas fueron atendidas puntualmente por el entrevistador, y denotan que existía la idea y el conocimiento de que la entrevista ahora tiene más imposiciones mediáticas que ideológicas. No se intentó definir a una generación, no se incluyó obra de los entrevistadores (que hubiera sido una buena idea), y aunque se vislumbran algunas declaraciones de principios (individuales), el tono siempre fue divertido. No recuerdo muy bien todas las sugerencias que se les hacían a los entrevistados para sus respuestas, más la de que no había limite y te podías explayar lo que quisieras con las respuestas.

Algo hay que entender y aprender con libros como este. Los documentos históricos que conforman la memoria literaria de la literatura regiomontana no solo son antologías. Por ejemplo, aparecen tres autores que ya murieron: Dulce María González, José María Mendiola y Zacarías Jiménez. Sus opiniones ahora toman otro sentido, y recordar sus posturas literarias expande nuestra anchura de entendimiento para abordar en algún momento su obra al momento no solo de leerla sino para futuros estudios.

Con sus opiniones cada autor abogó por sí mismo, muchos se delataron y, si es que son capaces de hacer relecturas de su obra, sentirán de seguro vergüenza. Imprudentes que confesaron un plagio o sinceros que admiten usar viagra, algún otro que queriendo demostrar sus poderes no citó a nadie y prefirió contestar con uno de sus poemas; pero así es la literatura, elocuente. Yo siempre me he preguntado por qué me hago tantas preguntas; supongo que muchos de los escritores aquí, cuestionados, agarrados por sorpresa o preparadísimos para deslumbrarnos, también. Y lo mejor de todo es que todos responden haciendo literatura.


Entrevistas instantáneas con escritores de Nuevo León
Héctor Alvarado
UANL, 2010