Esquivel, el extraterrestre

En los años sesenta, un mexicano se paseaba en Las Vegas en un Cadillac, se iba de fiesta con Frank Sinatra y creaba un estilo musical que algunos llamaron space-age pop. Pero del otro lado, en su país natal, Juan García Esquivel sigue siendo un gran desconocido.

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La música habita en todas las cosas, descansa en los objetos y sus colores, duerme en las formas esperando a que algo, o alguien, la provoquen. Esquivel sabía provocarla.

Juan García Esquivel fue músico extraterrestre, padre del lounge, niño prodigio, conquistador de Las Vegas, ingeniero de ruidos, tropical, obseso, genial; construía sonidos de una vivacidad sorprendente. Creador del space-age pop, es un artista de culto en los Estados Unidos; en México un ilustrísimo desconocido.

Adelantado a su época, cayó a nuestro planeta en 1918, en Tampico, Tamaulipas. A los 10 años se fue con sus padres al DF, a los 14 ya era pianista en la XEW y a los 18 dirigía una orquesta de 22 músicos.

Su obra es peculiar, provocadora, música derivada de un jazz intervenido con notas tropicales, sonidos insólitos sacados de tangos y boleros, llenos de color, de texturas únicas.

Los andamiajes de sus arreglos sonoros bien podían conformarse de trompetas, sintetizadores, güiros, guitarras o hasta instrumentos prehispánicos. No había reglas, todos los sonidos se unían en una música nueva, fresca, vital.

La disquera RCA Victor se llevó al extraterrestre a Nueva York, ahí producen su obra Other Worlds, Other Sounds; la búsqueda constante de Esquivel lo lleva a Los Angeles, donde graba discos experimentales y realiza arreglos para los programas Los Picapiedra, El hombre nuclear, Kojak, entre otros.

Cuando su música llegó a oídos de Frank Sinatra, este se convierte en su gran admirador. Lo invita a triunfar en Las Vegas, con un espectáculo donde la gente podía olvidarse por un momento de la vertiginosa dinámica del casino, escucharlo desde el salón (lounge) y admirar aquel hombre de lentes de pasta gruesa y ritmos futuristas, juegos musicales innovadores que retaban al escucha.

Fueron sus mejores años, conduciendo su Cadillac rojo por las calles del estado de Nevada, departiendo con Sinatra, Disney, Henri Mancini, creando un género a partir de su sobrenatural improvisación y su virtuosismo.

Cuando el gobierno acusó a Sinatra de tener nexos con la mafia todo se derrumbó, se vino el alcohol, la droga, la crisis, el regreso a México en 1979, a donde nadie lo conocía, donde no había apuestas y menos a su favor. Lo contratan para musicalizar Odisea Burbujas, así como diversas películas y programas, pero ya no era lo mismo, no eran Las Vegas y no lo serían jamás.

A principio de los noventas, un accidente le impediría caminar durante sus últimos 10 años de vida, murió el 3 de enero del 2002 en Jiutepec, Morelos.

Seis veces nominado al Grammy, sus composiciones más representativas como “Mucha muchacha”, “Mini Skirt” o “Boulevard of Broken Dreams”, habitan en la película The Big Lebowski de los hermanos Coen o en la serie Better Call Saul; han inspirado a Matt Groening y a Quentin Tarantino.

La genialidad de Esquivel rompió los moldes y lo elevó a un estatus de figura de culto. Su obra persiste y envejece bien, juegos sonoros espaciales que guardan una profunda conexión con la tradición musical mexicana, aunque aquí pocos sepamos quién diablos fue Esquivel.