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En esta época, las playlists de las plataformas de streaming están basadas más en clichés musicales que en la enriquecedora experiencia de compartir música.

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¿Quién no ha escuchado, buscado o creado un playlist de música? Actualmente hay quienes dicen que esta acción es sucesora de cuando solíamos “quemar” cedes con las canciones que nos gustaban o, incluso antes, grabar cintas que también podíamos regalar a alguien con una selección de música curada por nosotros.

Crear una lista, y la sucesiva secuencia de canciones, es todo un arte porque a través de ella estamos mandando diversos mensajes y, de alguna manera, estamos dejando ver una parte de nosotros. Compartir música es una forma de sincerarnos.

Sin embargo, hoy en día la tendencia a crear un playlist para toda ocasión los ha convertido en algo así como el “control remoto” de la música, donde ya no es necesario buscar sino solamente darle play y listo. Ahora es normal que alguien haga una lista de canciones suficientemente larga como para cubrir una fiesta sin necesidad de tener a una persona que se encargue de eso.

Las plataformas de streaming están basando su funcionamiento en distintos playlist, creados por personas sin el suficiente conocimiento musical, para que el usuario tenga la música a su alcance sin necesidad de perderse o zambullirse en el océano de música que hay en estas épocas. Spotify cuenta con 159 millones de usuarios en conjunto, mismos que están expuestos a las diferentes listas de música que ofrece la plataforma.

Desafortunadamente, cuando algo relacionado con la música comienza a crecer como empresa, ésta se convierte en una moneda de cambio y se deja de lado el hecho de ser una creación artística que influye de manera significativa en las personas. Tenemos entonces que las listas que crean están basadas más en clichés musicales que en la enriquecedora experiencia de compartir música. Este es el punto, muchos de los playlist de las plataformas de streaming no son para compartir música sino para atraer “clientes”.

Por ejemplo, siempre que he tratado de escuchar un playlist de música “para dormir”, todo se reduce a canciones instrumentales con melodías de piano lentas o sonidos de arpas pero, ¿quién decidió este cliché de que la música para dormir debe ser de piano lento? Hay personas que necesitan el ruido de la televisión para dormir o música muy diversa.

En una ocasión me puse a buscar un playlist de música para bebés o para escuchar durante el embarazo y encontré listas de canciones comerciales -The Beatles son lo más cliché- con sonidos de campanitas, marimba de juguete o similares. Fuera de esos sonidos, nada vinculaba a la música seleccionada con bebés, así que mejor opté por crear mi propia lista.

Para mi sorpresa, buscando listas de música para hacer el amor, me encontré con canciones de Beyonce y Justin Timberlake, pero por ningún lado algo de Marvin Gaye, quien ha sido conocido por la sensualidad en su música y cualquiera que supiera un poco lo incluiría. Hay playlist que literalmente te obligan a dejar de escucharlos y solo piensas: ¿a quién se le pudo ocurrir?

Esto no necesariamente es malo, hay a quienes no les gusta andar buscando música y esta se vuelve una opción fácil y sencilla. El problema radica en la forma de hacer las selecciones musicales, que recurren a lugares muy comunes, no hay ninguna investigación detrás y dan la sensación de ser meros pasillo de supermercado donde las canciones son solo productos que decidimos echar al carrito porque conocemos la marca y no por lo que nos ofrecen.

En todo caso la solución está en recurrir a las listas que hacen por mero gusto musical las personas, los individuos, y no a las que fabrican las empresas y compañías porque los intereses de estas últimas son meramente comerciales y están muy alejados de lo que significa compartir música entre personas, una acción que crea vínculos y puentes. Ellos no ofrecen música, sino productos y lugares comunes que terminan creando percepciones erróneas, y por consecuencia son playlists falsos.

Luego por eso tenemos ideas tan lamentables como creer que el jazz es música de elevador o el bossa nova ambientación para centros comerciales. Sin duda una gran injusticia musical.

Tecladista y compositor del grupo Inspector. Periodista cultural. Columnista en el periódico ABC y director de La Zona Sucia.