Árido Reino

Un cielo rojo e iracundo de amistades y júbilos y canciones, o formar una banda de rock n’ roll y tocar todos los instrumentos.

rojo guillermo jaramillo

Poetas como Guillermo Jaramillo añaden vida nueva a la vida, sin interpretaciones controvertidas. Saben que el amor llueve desde todos los cielos, y son capaces de desplegar una roja plegaria.

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Domar la vida

Si sabemos que la soledad es pequeña, podemos buscar una caja para guardarla. Guillermo Jaramillo Torres encontró que la poesía es el recipiente adecuado; también encontró-inventó una propuesta musical, y entre ambas cosas (que pueden ser lo mismo) fabricó un color para domar la vida, o para describirla o para descubrirla. Rojo es lo que crece desde su interior, el ritmo atesorado en la capacidad de esperar intensamente a que llegue el deleite o el asesino o la musa (que pueden ser lo mismo). Si sabemos que estamos condenados u obligados a domar la vida, formaremos una banda de rock, publicaremos libros de poesía y convocaremos a todos a ser soldados en un país en la frontera de la lengua; y para eso se hará un concierto o un recital de poesía (que pueden ser lo mismo), y quedaremos en paz o no volveremos a tenerla. Si sabemos que esa sensación, como si un pájaro se estrellara en nuestra boca, está ahí en nuestra boca, se nos confiriere entonces el más alto honor: Colorear nuestro sentir.

Daga

naranja solar
grito amarillo en el cielo
un hombre con una daga me saluda

(pág. 23)

Banquetas desgastadas de tanto escupirlas

La ciudad es una auténtica selva de problemas. Sus banquetas están desgastadas de tanto escupirlas. Hay que comunicarlo, hay que decirlo hay que poetizarlo, hay que celebrar la pequeñez de las cosas realmente importantes. El autor lo sabe, y los peces y las aves y las flores y los pájaros aparecen, y el sol y los regios provocan que las cosas y las controversias sucedan. En las páginas de Rojo el poeta asimila conscientemente y se apropia de las cosas y las controversias. Lo sensitivo, lo persuasivo y lo imaginativo combaten la penumbra; entonces la armonía se encuentra en el orden del poema como discurso, y eso se aprecia muy bien  en los textos del segundo capítulo titulado “lados b”. Lectores, destinatarios e intenciones encuentran su lugar en la trayectoria poética de los textos. Hay desgaste, lo intuimos y percibimos, pero los poemas de Jaramillo renuevan y limpian nuestras emociones teñidas de las celebraciones que son las palabras correctas, puestas ahí, dichas ahí, cantadas ahí.

Tu corazón tan rojo como el mío

Quiero entender que la disposición de los textos construye algo. Ya distinguíamos el capitulo titulado “lados b”, un término musical que se refiere a una canción que no sería la que se lanzara como sencillo y que adquirió un sentido de sorpresa, y que se utilizó después para referirse a rarezas. Entonces, los poemas del primer capítulo, titulado como el libro mismo, tendrían que verse o tomarse como el hit, o el que dará a conocer las intenciones de la obra. Quiero entender que la poesía nos permite visualizar distintos arranques, y que generosa permite lecturas diversas: cronológicas, azarosas. Jaramillo nos deja claro algo: Que el color de nuestro corazón tan rojo como el de otros nos hace testigos hermanados de lo coloreado por nuestros corazones. Y observamos a un pájaro cantar y lo escuchamos, y al acordeón de un viejo, y al poeta que toca todos los instrumentos y ahí en lo rojo antes mencionado nos toca, nos llega.

Regios

por favor
den gracias a sus ojos y su boca callada o
parlanchina
las gracias de quedarse un rato más en el bar en
la cocina en la alberca en la cama
y no correr como lo hacen los animales cuando
huyen de la muerte
sino esperar intensamente al asesino

(pág. 26)

¿Qué hay de nosotros con en el universo?

¿Hay que traer pistola, tener misterio, ahogarnos viendo nuestros sueños? No, hay que tener un acuerdo general de acercarnos a poetas como Jaramillo, que añaden vida nueva a la vida, sin interpretaciones controvertidas. Que saben que el amor llueve desde todos los cielos, y que son capaces de desplegar una roja plegaria, que, escrita desde una trinchera o desde una oficina, o desde avenidas aturdidas por el canto de las sirenas, nos dan la certeza de quedarnos un rato más para olvidarnos que el rojo no es la nota roja, que el rojo no es el sonido desafinado de esas sirenas, que el rojo no es sangre en las uñas, que el rojo es y debe de ser la pasión que construye nuestra identidad. La poesía en estos casos ayuda, la poesía en estos casos (y en todos los casos) nos abraza.


Guillermo Jaramillo Torres
Rojo
UANL  (Colección Ínsula)
2019