Little Jesus – Disco de Oro


Sony Music
México
2019


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«¿Saben cuántas bandas firmadas con esta compañía han llegado a hacer un tercer álbum en la última década?». La pregunta la hace el nuevo director de A&R (Artists & Repertoire, el área interna de descubrimiento y desarrollo de talento) de un sello discográfico inglés a su equipo, en la adaptación cinematográfica de Kill Your Friends (2015), novela del escocés John Niven. «Cero», responde él mismo.

Lo anterior, por supuesto, es ficción y pasa en Londres, a finales de la década de los noventa, años por demás fértiles para los actos británicos. Sin embargo, no está nada lejos de la realidad actual de las grandes disqueras latinoamericanas. ¿O cuántas bandas de rock fueron descubiertas y «desarrolladas» por ese departamento en la última década y tienen tres (o más) discos editados? 

Dado el estado actual de la industria, la semiextinción del formato físico y la sobresaturación de las propuestas artísticas, las compañías discográficas tienen en la mira a aquellos actos independientes que ya construyeron una base sólida de seguidores y pueden llegar a un acuerdo sostenible para ambas partes. 

Por otra parte, al menos en México, la palabra devaluación no solo tiene tintes económicos y políticos: en los últimos 20 años se han tenido que reajustar el número de ventas equivalentes a las certificaciones que otorga AMPROFON (Asociación Mexicana de Productores de Fonogramas y Videogramas). Para obtener un Disco de Diamante, certificación máxima, se necesitan vender 300 mil unidades; un Disco de Platino equivale a 60 mil; en tercer lugar, está el Disco de Oro, con 30 mil, un 40 por ciento menos de ventas comparado con 1999, el año de su creación en México.

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«TQM», la última canción de Río Salvaje (2016), termina con una serie de acordes repetidos una y otra vez —que desemboca en un silencio contundente, sin previo aviso— y la frase «Me siento en otro planeta y no sé si voy a volver». Ahí concluye el segundo álbum de Little Jesus. Después de promoción, giras y un concierto sinfónico en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, también finalizó el ciclo de su último disco lanzado de manera independiente. 

Tres años después, el silenció llegó a su fin, el quinteto regresó al planeta y confirmó la salida de su tercer álbum, ahora con un aliado poderoso y conocido. Sony Music México firmó a Little Jesus para lanzar, irónicamente, un Disco de Oro

Y así llegamos a estas nuevas 11 canciones.

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En un primer y superficial análisis, el disco puede sugerirse nostálgico y como una carta de amor a la era puberta de los nacidos a mediados de los ochenta (títulos como «Los Años Maravillosos», «Volver al Futuro», «Duro de Matar» y «Cine Permanencia Voluntaria» confirmarían esta hipótesis). Hay algo más que eso: un balance entre la evolución y la zona de confort, lo nuevo y lo viejo, la sorpresa y lo esperado. 

Las temáticas de Disco de Oro no son novedad. De hecho, las venimos conociendo desde Norte (2013): lo raro (el ser, las decisiones, los sentimientos, las cosas), el tiempo (perderlo, desaprovecharlo, su duración), lo real vs. lo no real (las películas, los sueños, realidades alternas), los vaivenes de las relaciones personales y claro, la cotidianidad: aliens, pizza, música e internet.

Lo que tampoco es nuevo es la naturalidad con la que Santiago Casillas compone melodías pegajosas. Además de los sencillos lanzados hasta la fecha («Los Años Maravillosos», «Fuera de Lugar» y «Disco de Oro»), el disco está lleno de instantes memorables: el momento más alto del disco puede ser el track 3 (del tercer disco, con nombre de la tercera certificación más importante en México), «Los Ángeles, California», un Frankenstein de cuatro partes subido en una montaña rusa de melotrones, guitarras acústicas, solos de eléctricas y armonías vocales à la America.

¿El momento más bajo? Si lo hay, es la suerte de reggaetón lento —no tengo nada en contra del género, lo juro— «Volver al Futuro», que, a decir verdad, suena a Casillas (& Co., incluidos los Salt Cathedral, desde Colombia/Nueva York para el mundo) queriendo probar que puede escribir para cualquier género.

El resto de Disco de Oro está conformado por un tributo al pop bubblegum de finales de los sesenta («Ahí Te Ves»), un intermedio instrumental («Cine Permanencia Voluntaria») y un número semiacústico que termina en coro con la frase «Todo es mejor gracias a esa época horrible» y un aullido que se ahoga con una guitarra emulando a una sirena. Para el final, una suerte de bolero melancólico de los setenta con todo y declamación en sus últimos segundos («En Otro Planeta», como del que hablaban en «TQM»).

Little Jesus llega bien a ese tan anhelado y poco probable tercer disco. Si, como dice la banda, este fue el último de la trilogía, esperamos nuevos puntos cardinales, corrientes naturales salvajes y discos de cualquier otro metal precioso.