Ricardo Vicente – A lo mejor yo te gusto

ricardo vicente a lo mejor yo te gusto


Intromúsica
España
2019


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Inventarse una vida fundida con el arte

Pocos discos ponen al periodista ante la disyuntiva de no saber cómo comenzar; y es que a través de A lo mejor yo te gusto desfila el fantasma de Federico García Lorca, la estela de Chabuca Granda, efluvios de tango y una evocación de ese famoso reo francés conocido como Papillon, que pasó de la novela (publicada en 1969) al cine. Y eso no es todo, hay también una actualización de un viejo bolero y varias referencias a calles y ciudades latinoamericanas.

Así es el universo de Ricardo Vicente (Zaragoza, 1975), un músico al que no le cogen las apuraciones y al que le gusta fraguar a fuego lento sus discos; de hecho, Hotel Florida –su anterior álbum- es de hace 4 años. Es alguien que tiene muy en claro que lo suyo es ofrecer el máximo respeto a las canciones y es por ello que ha compuestos joyas como “Belleza y miedo” y “Muriendo de frío”. Se trata de un hombre que no escucha del canto de las sirenas de las tendencias y que al moverse entre el folk y el rock saca el máximo rédito al arte la composición.

Ricardo es más un artista del discurso; lo suyo se basa en letras notables y se vale de arreglos precisos –que tampoco desmerecen en lo musical-; por lo que no extraña que marche por la misma senda de gente como The New Raemon y Sr. Chinarro. Aquí lo que hay es una gran pasión por el oficio y la vocación, y para ello se apoya en que se gana la vida como profesor de Filosofía; por eso, esa misma pasión es el detonante de sus movimientos y ahora le lleva a echarse un clavado a la tradición cancionera de nuestro continente, pero desde su natal España.

Apenas apareció su álbum y pronto me topé con una declaración que lo vincula directamente con el catalán Enrique Vila-Matas, un escritor al que han considerado excéntrico o raro y que consigue traslapar su diaria existencia con la literatura –casi sin distingos-; Vicente parece hacer lo mismo con la música: “Soy un artista que confunde la obra con la vida y al final esas cosas tienen un resultado. De hecho, tengo previsto pasar bastante tiempo en Latinoamérica y estoy seguro que generará matices nuevos y encontraré gente que me hará ver otras vidas”.

A ambos les apasiona humear en esas “otras” vidas y convertirlas en obras de arte; Aquí hay un compositor muy vilamatiano y para prueba tiremos por delante “Cuando Louis conoció a Papillon”; aquella sigue siendo una novela a la que cuestionaron que de verdad fuera la autobiografía del francés Henri Charrière, que aquí es llevada hasta los territorios del rock pop en compañía de Marc Ros del grupo Sidonie. Lo que daría más rareza aun al asunto es mencionar que en ciertos pasajes el registro vocal nos remite incluso a Dyango, figura clave de las baladas melosas.

En la información que el músico anticipó para la llegada del disco se precisa: “lo único que importa en la vida es tener una biografía digna… la forma más sencilla de ser mala persona es querer ser mejor que otra persona. La forma más digna de ser buena persona es querer ser el artista de tu vida”.

Una frase más que podríamos atribuir a Vila-Matas –también un artista viajero-; en suma, los dos confían en las posibilidades del binomio arte-vida y ello les lleva a concitar sus filias y obsesiones; de ahí que en el resto de A lo mejor yo te gusto (Intromúsica, 2019) se intensifique tal desfile de evocaciones. Arranca y cierra incluso con lo que podría considerarse un tango de bolsillo; en “Tesorera de mi sien” está acompañado por María José Llergo y el multiinstrumentista argentino Axel Kryger.

Para más adelante (en el track 7 de 10) partir de uno de los temas del cancionero popular de los que tiraba Federico García Lorca y hacer un particular tratamiento en “Uno de los cuatro muleros”. Luego, podemos seguir saltando en el tiempo al interior de este disco; porque registro una versión como tal de un bolero famoso. “No me vayas a engañar” es una composición de Osvaldo Farrés, que hizo popular Antonio Machín; en ella luce espectacular la voz de la joven cantante María José Llergo (que da una lección de elegancia a otras figuras más mediáticas) y juntos hacen un estribillo conmovedor: “Soy tu refugio de amor”.

Pero los detalles finos no se agotan con facilidad; en “La República de Siria” el guiño pasa por si en verdad se remonta en esa especie de folk country al país de Medio Oriente, cuando en realidad es una incursión por una calle de Buenos Aires. Otra vez aparecen el viaje y la deriva y, claro, también la admiración, porque aquí encaja también una cita a Chabuca Granda y “La flor de la canela”. Es un hecho que Ricardo Vicente decidió asomarse al imaginario musical de nuestro continente y así lo contó en conversación con Jaime Ortiz: “Me planteé acercarme al universo latino sin ser un experto en esos ritmos, simplemente porque creo que existió un altísimo nivel de letristas en Latinoamérica y ahora sigue habiendo una escena interesantísima. Buscaba encontrar biografías que me hagan emocionar y seguir la mía sin miedo”.

Y todavía más curioso es que a estas alturas del texto todavía no mencionemos a una de las piezas más poderosas y que fue lanzada como sencillo -¡Así de generoso es este álbum!-; “Llamemos un guardia” en una industria con mejor criterio debería estar copando las listas de popularidad… es llegadora, amorosa y agridulce (“admite que no eres tan feliz”); poesía naturalista que corre silvestre por un paisaje nevado y con un toque casi delirante de desesperación pasional por recomponer algo que parece destinado a irse al carajo. Un auto descompuesto sobre la carretera puede detonar una canción maravillosa.

Le sobran recursos y rodaje a un rockero que ya estuvo en bandas como Tachenko y La Costa Brava; sus composiciones tienen un sello completamente personal. ¿Quién más se atreve a cancionar sobre un famoso arquitecto boliviano? Pues él, y nos entrega “Freddy Mamani y los castillos ambulantes”, que convive con otra joyita folk como lo es “Nosotros los ahogados”, en la que luce la guitarra eléctrica en lo musical y las buenas frases: “No quede nada por romper juncos salvajes… la volveré a ver”.

El autor fundido con la vida y exprimiendo su esencia; sólo así logra una combinación exquisita que cada vez es menos usual entre los compositores en español. Ricardo Vicente es un explorador y nosotros lo acompañamos en su viaje.