The New Raemon – Una canción de cuna entre tempestades


BMG, 2018
España
8.4


Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

El pensador multidisciplinario Ludwig Wittgenstein (Viena, 1889-1951) impactó no sólo en el ámbito de la filosofía, su obra es todo un referente para la lingüística y las ciencias de la comunicación. Su forma de expresión en ocasiones es críptica y difícil, pero también nos dejó aseveraciones sencillas, que bien pueden colar en el día a día de cualquier persona razonable: “Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo”.

Esta frase se ajusta perfecto a Ramón Rodríguez, la persona detrás de The New Raemon, un proyecto de folk rock que ha alcanzado ya su sexto álbum a través del más reciente: Una canción de cuna entre tempestades, y que implica dejar atrás una larga carrera entre varios sellos independientes para probar fortuna con una trasnacional: BMG.

En modo alguno se trata de un principiante (más de 10 años de trayectoria lo avalan); conoce perfectamente las herramientas que tiene como músico y los tópicos que puede utilizar como compositor. Es por ello que es un riesgo perfectamente calculado titular una canción con el apellido del filósofo austriaco.  En “Wittgenstein” la especulación teórica aterriza en un asequible: “Quedarme en lo singular”.

Y es que el músico sabía que las 11 canciones (más algunos temas que acompañan los sencillos) producen un efecto de agradable cercanía y que había una gran posibilidad de que la gente los encontrara entrañables. ¡Así sucede al escucharlos! Wittgenstein encaja en el pop rock perfectamente; lo que nos habla de la madurez que como músico que ha alcanzado el español.

Esta Canción de cuna… tiene un gran sesgo biográfico que nos remite a una nueva paternidad tras de que sus hijas más grandes (Jazz y Leía) ya se han consolidado con el grupo Mourn. Ramón observa que el mundo actual es un lugar hostil y de ahí se trae las tempestades (más alguna historia criminal procedente de la prensa local). Todo su entorno le envío señales de que debía revolucionarse y son las piezas las que abogan por él.

Precisamente en el año en que Rosalía hizo del flamenco una cosa mediática; aquí se da cuenta de que no se trata de un caso aislado. Otra de las maravillosas voces jóvenes aparece como invitada. Rocío Márquez encumbra “Un posible final”, pero juntos consolidan una pieza de gran belleza en la que la sección de cuerdas se muestra impecable. La letra resume perfectamente el estado contemporáneo de las cosas: “Sangre, oro, poder y muerte”.

Pero, aunque “Un posible final” es uno de los temas más destacados del 2018 en el paisaje español, no es la única candidata de este lote. “En el centro del baile” (por cierto, con un video genial) también nos invita a tomarla en cuenta. En ella el sonido que ahora ofrece Ramón se siente más como el de una banda al completo y no como un asunto de un proyecto unipersonal con acompañamiento. Una mayor presencia de la batería empuja al resto y al final se muestra como un tema que bien podría firmar Jorge Drexler en un rato rockero.

En general, en Una canción de cuna entre tempestades fluyó cierta influencia del Wish de The Cure, disco al que regresó muchísimos años después, una vez que le encargaron un texto que revisara minuciosamente aquel disco de 1992 (En “Charleston (Flores y dolores)” esto es muy evidente). Pero tampoco se olvida de sus amados Sunny Day Real Estate y algunos ecos de R.E.M. (que afloran más que nunca en varios artistas).

Encuentro que el periodista Carlos Pérez de Ziriza plantea con mucha fortuna una idea que condensa muy bien al álbum completo: “Ya apenas cabe hablar ni de folk ni de pop en un sentido unidimensional, sino más bien de canción popular –en castellano, claro – de muy altos vuelos”. The New Raemon eleva el nivel y alcances de su propuesta, y se da tiempo incluso para lanzar su propio manifiesto; “Cielos estrellados” le permite decir: “Ya de nada me sirve escribir sobre amores tristes. Ya de nada me sirve esperar algo extraordinario… y aun así lo hago”. Hasta llegar a un estribillo absolutamente contundente: “A la mierda con todo… a ver qué pasa”.