COLUMNAS   

Árido Reino


Los rubores de la piel siempre estables ante el termómetro de la impaciencia o un halo de sinsentido

Los textos de Ignacio Mendoza son de una sorprendente firmeza absoluta en cada narración. Los ocho cuentos de Esta casa de enfermos lo definen más como un buscador de escritura que un escritor.

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OPINIÓN

Todos están enfermos

Valéry decía que de la filosofía quería tomar un poco de su color, obviamente con este comentario nos referimos al estilo, y si algo me gancha como lector es eso. Los textos de Ignacio Mendoza contienen una no-consciente posibilidad de la realidad, y aquí no hablo de la sorpresa al final de las historias sino de lo sorprendente que resulta la firmeza absoluta de cada narración. La literatura, lo sabemos, proporciona un método para conocernos y comunicarnos mejor con los demás. Hoy, que los virus y las enfermedades conviven con nosotros con toda la intención de matarnos, podríamos entender a lo que nos han orillado estos tiempos: todos estamos enfermos o a punto de estarlo. Entonces, o nos exploran o nos auto exploramos, para sobrevivir o para bien morir. Mientras tanto, desde casa, Esta casa de enfermos seguro se nos levantará el ánimo y eso nos ayudará a estar más cuerdos. Es decir, más saludables.

Yendo de la cama al living

Acorde con la letra de la canción de Charly García, el encierro se siente, entonces leemos…

Acorde con las historias que nos cuenta Ignacio, aunado a que en estos tiempos podemos darnos tiempo para ser consumidores de arte, porque qué sería de esta pandemia sin películas, sin música, sin libros, sin ese espacio que acondicionamos para bailar.  Entonces sentimos la reivindicación de la utilidad pública de estas disciplinas ahora emergentes, porque resurgen en los peores momentos para convertirlos en los mejores momentos. Estos ocho cuentos, publicados hace veinte años, al lector le caen como anillo al dedo, porque están atemporalmente bien escritos,  redactados con seguridad y haciendo uso de la autoridad de sus personajes, que eso para cualquier lector es suculento.

-Con que frialdad hablas de una “revolución” , ¿eh?… Yo entiendo esto porque se que un país va más allá de su nombre y de su territorio, y así lo entiendo porque fui, junto con otros, uno de los que levantaron el proyecto de nación que esos bastardos pretendieron destruir. Pero no se puede continuar con el mismo si se vive rodeado de gente contaminada. Por eso, cuando nuestra causa recupere el poder, acabaremos con todas las generaciones posteriores a la nuestra, con todos los que crecen o han crecido bajo la tutela de esa escoria…

(Planes para la reconstrucción de la patria, fragmento, pág.70)

Desórdenes mentales no muy críticos pero si considerables

En la cercanía con el mal, nada queda lejos, nada es imposible y nos encontramos en este andar por la casa, con laberintos, con tigres, con enciclopedias, con espejos que nos orientan y desorientan sin dosis, ni consejos, ni cuestionarios. El mal, como el bien, sucede, existe. Es la guerra con la idea de que las cosas lleguen a un estado de paz, es hacer el mal para beneficio de todos o el fin justifica los medios… es literatura honesta (y extraña y misteriosa), hay rigor intelectual y ahí y desde ahí se formulan los deseos ignorados (o reprimidos) y las preocupaciones. Se nota la rabia del autor, por acercarse a la rectitud en cuanto a la construcción del texto: ideas, personajes, momentos, situaciones, minuciosidad, revelaciones y esa rabia que esta bien encausada. Entonces, los textos ante los que nos encontramos permanecen perfectamente objetivos. Este lugar común me gusta: el narrador no tiene compromisos con el lector, pero tampoco mantiene una distancia con el.

El mal no trastorna la vida, la transforma para bien. El mal no es la cara oculta de la historia. Mendoza con estos textos nos indica que tiene la firme convicción de que todo el equilibrio del mundo es posible por la inmensidad de un caos que burla cualquier orden o seguridad. Peter Hanke lo dice magistralmente al hablar de dos opuestos que chocan arbitrariamente para después volver a impulsarse cada uno hacia un lado: es el gran frío de la insolidaridad en las turbias tinieblas de la  ineptitud racional.

Por último, más no al último

La narrativa hecha desde este árido reino mantiene desde siempre una muy buena salud, con una minoría de autores que a final de cuentas conforman una gran mayoría hablando desde la calidad de su obra sea vasta o mínima. Entre ellos se encuentra Ignacio Mendoza (para muchos desconocido) a quien considero más como un buscador de escritura que un escritor, Ignacio hace lo que le corresponde: Perdura benigno, demoniaco, cándido y circunspecto.


Ignacio Mendoza
Esta casa de enfermos
Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo Leon
2000