jorge villegas
COLUMNAS   

Árido Reino


Ganar batallas contra la incertidumbre, o el difícil arte de definir

Jorge Villegas se ocupó de nuestras cosas. Este libro editado en 1998 es una antología de sus colaboraciones en la radio y en el Diario de Monterrey.

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OPINIÓN

La profundidad de lo efímero

Muchos suelen entender al periodismo regiomontano como algo olvidable. Pocos son los atrevidos que traspasan la línea y son, además de periodistas, poetas, historiadores, cronistas y líderes de opinión. Históricamente Pepe Alvarado es el referente; Rosaura Barahona y Jorge Villegas más recientemente son algunos que entran en esta categoría, esa de los que con su prosa trabajada y limpia  convierten a lo cotidiano en algo maravilloso. Esa es la razón y el sentido del periodismo escrito.

Cosas suyas, cosas mías, cosas nuestras.

Jorge Villegas se ocupó de nuestras cosas. Este libro es una antología de sus colaboraciones en la radio y en el Diario de Monterrey (se reúnen 300 textos de más de 8 mil que habían aparecido en ese entonces). La manera en que Villegas atendía la cotidianidad me llamaba mucho la atención, así que lo fui a buscar personalmente y terminé trabajando un tiempo para él. Se contaban leyendas sobre su forma de sintetizar, que su capacidad para que el asunto no caducara era impresionante. “Lenguaje”, me decía, “se trata de lenguaje: dilo bien, dilo rápido, dilo breve, joven poeta”, me aconsejaba. “La noticia tiene una causa que la produjo, hay que tener interés en el origen que la produjo”. Esos y muchos otros consejos recibí del maestro Villegas.

¿Un buen regalo para el día del niño?

Aliente en sus hijos el sueño de la grandeza.

Hágales soñar con el premio Nobel, con la presidencia de la República.

Muéstreles el camino de la excelencia.

Fortalezca su inconformidad ante la mediocridad y ante la injusticia.

Sueñe con ellos en un México digno, próspero y justo.

No les contagie más su pensamiento, su cinismo sobre los vicios nacionales.

En su hogar están creciendo los grandes de México del siglo XXI.
No mate su grandeza.

(“Regalo”, página 300)

Estar al día

La metáfora ágil es la característica principal en estos textos que abarcan todos los temas posibles: la sociedad en general, los valores, la niñez, la religión, la ciudad de Monterrey…

Bajo el sol inclemente, la conductora sudaba copiosamente pero no descendía del automóvil. Un curioso se acercó y le ofreció ayuda. Es que no puedo sacar la llave del encendido, le dijo a punto de las lágrimas.

Es que casi nunca conduzco. Para eso están mi marido y el chofer.

El curioso simplemente movió la palanca de los cambios a neutral y la llave salió sin mayor esfuerzo.

El voluntario volvió a su auto y le comentó a su acompañante: que señora más tonta, no saber ni eso.

Su sabio acompañante le aclaró: no es tonta. Simplemente no ha tenido problemas.

Y solo aprende el que tiene problemas, concluyó.

Por eso a los hijos no hay que darles todo diferido ni resuelto. Porque no aprenden

(“Tonta”, página 140)

Los ríos de la palabra

Con la palabra debemos de hacer todo cosas nuestras. Villegas lo intentó  y lo logró, y definitivamente es de las plumas que se extrañan en los ya menguados periódicos locales (que por cierto tienen décadas sin suplementos culturales). Es una mala época para juzgarlos, ya que además, en los últimos años, México es el segundo país que produce más fake news, y los lectores no se molestan por consultar las fuentes creando un caos de desinformación, que no aporta nada bueno a la comunicación.

Los acercamientos entre periodismo y literatura que nos dejó Villegas dan esperanza en momentos en que el periodismo está reducido a la no consulta ni a la verificación. Difícil creer que los tiempos de la palabra justa regresen. Leer Cosas nuestras y hacerlas nuestras da esperanza. Ocupémonos de lo nuestro y comuniquémoslo bien, esa es la clave.


Jorge Villegas
Cosas nuestras (antología 1974-1988)
UANL, Preparatoria2
1998