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MALA: la reina ha vuelto

Transcurrieron siete años para que La Mala Rodríguez sacara un nuevo disco. Aquí hacemos un repaso de su trayectoria desde el barrio de la Macarena en Sevilla hasta el lanzamiento de MALA.

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Se hace llamar la Mala porque es buena. Eso dice Ana María Rodriguez Garrido, quien nació hace 41 años en Jerez de la Frontera, Cádiz. Sus raíces gitanas corren por su sangre, desde que su madre la tuvo a los 17 años y comenzó a criarla sola. Su rap es flamenco y Andalucía vibra con su voz que ha traspasado fronteras.

Creció en Sevilla, en el barrio de la Macarena. Descubrió el hip hop, conseguía música en las bases militares que tiene Estados Unidos, y quería ser como Mariana “Laddybug Mecca”, cantante de Digable Planets.

En 1998 lanzó su primera maqueta junto al DJ Cuervo. Doce meses después, su segundo trabajo, un EP que contiene “Yo marco el minuto” y “Tambalea” tuvo una mejor aceptación en la escena de rap ibérico, acostumbrada al estilo hardcore y las voces masculinas.

A los 19 años se fue a vivir a Madrid. Combinaba sus sueños de ser MC de tiempo completo, con trabajos esporádicos siendo camarera o profesora de aerobics. Formalizó sus rimas y se unió a las filas de Zona Bruta.

En el 2000 hizo Lujo ibérico, su primer álbum. Se convirtió en disco de oro y ya no se bajaría de los escenarios. El hip hop español en ella encontró un nuevo camino. “Tengo un trato”, “Con diez o con veinte” (Ft. Kultama),  “Especias y especies” (Ft. Kamikaze), “En mi ciudad hace caló” (Ft. Kase O) o “A jierro” le dieron un estilo femenino.

Reina del rap

La vieja guardia del rap ibérico no olvida las colaboraciones que hizo a finales de los años noventa, cuando se abría paso entre puros hombres. En 1998, para un material del grupo sevillano La Gota Que Colma grabó “Dando guerra”. Y, junto a Nach Scracht, “No hay rebaja”. También participó con SFDK en “Una de piratas”, incluida en Siempre fuertes, grabación de 1999. En esas tres canciones su voz es cruda, y sus rimas repercutirían en la escena. El característico acento andaluz que la hace sentirse ella misma, desde entonces estaba presente. De hecho, en una etapa donde el hip hop español era más cerrado solían criticarla; no la consideraban real.

Con Lujo ibérico trazó la línea de su propio sonido, en conjunto con esa actitud sensual y brava que dejaba ver en los conciertos, junto DJ Jotamayúscula en las tornamesas. Tres años después, aparentemente comenzó a alejarse del rap, pero no de la raíz de esa música que emergió de los guetos del Bronx. Salió Alevosía en 2003. Lo editó Universal. Gracias a ese álbum se convirtió en la primera rapera de su país que firmó con una compañía multinacional.

Lo importante de Alevosía, su disco más oscuro, es que muestra un amplio panorama de lo que realmente es su música, la cual no tiene barreras. Su forma de rapear cada vez se apegaba más al flamenco. “Lo fácil cae ligero” (Ft. Giggi Montecquiggia) o “Una raya en el agua” (Ft. Konstan) demostraban esa voz única. También conservó la esencia de sus primeras grabaciones como en “Jugadoras, jugadores”, “Vengo prepará” (Ft. Supernafamacho y Nut-Rageous) y “Sobresaliente” (Ft. Sicario).

Pero la melodía que más llamó la atención fue “La niña”. Con una lírica directa y natural, encima de un ritmo rápido y perdurable, cuenta la historia de una niña del barrio de La Paz que vende droga. Ese tema le dio un papel importante al sexo femenino dentro de la escena. “Por ser mujer, llevaba pistola, ya sabes, pa’ no sentirse sola / A nadie le gusta que la jodan”, decía una de sus rimas.

Su sencillo marcó época. Tanto, que en algunos lugares la prohibieron por su carga de sinceridad. Eso logró que su segundo material se convirtiera en disco de oro. También que nuevas generaciones crecieran cantando esa canción.

La Mala pop

Para 2007 comenzaba a ser etiquetada como una artista pop. Mucha gente olvidaba que desde adolescente se considera rapera, que trazó el camino para las mujeres interesadas en hace música similar en España y en otras partes del mundo. Incluso ha dicho en entrevistas: “La gente no cambia. Yo sigo siendo la misma María Rodriguez que se fue a Madrid a buscarse la vida”.

Su tercer disco titulado Malamarismo vio la luz –otra vez– gracias a Universal. Fue su primer material más ambicioso. Se editó en España, México, Estados Unidos, Argentina y Chile. Llegó un año después de que se convirtiera en madre de familia por primera vez.

Las colaboraciones que hacía con MC’s ibéricos quedaban atrás. Puso los ojos en Latinoamérica y el Caribe. La mexicana Julieta Venegas participó en la sutil melodía “Tiempo pa’ pensá”. Tego Calderon, pionero del reggaetón boricua, hizo que “Enfermo” fuera el impulso para que moviera las caderas y comenzara su andar en el dembow. Mahoma, en “Miedo”, amplió su panorama musical, sin olvidarse de su pasado, cuando estaba cien por ciento envuelta en la pureza del hip hop. En “Te convierto” siguió su tradición andaluza, invitando al músico de flamenco, Raimundo Amador; aportó muchas ideas para el material.

De las canciones que llamaron más la atención, acercándola a un público alejado del entorno de las rimas fue “Déjame entrá”. Su letra envuelta en un sonido clásico de R&B deja notar lo transparente que es. Y, en “Por la noche”, un tema que formó parte del soundtrack de la película española Yo soy la Juani (2006), la volvió a acercar con quienes las escuchaban en sus inicios.

Dirty Bailarina salió en 2010 y estuvo nominada en los Latin Grammy. El disco fue producido en Atlanta por Focus, quien había trabajado con Destiny’s Child, Jennifer López, Mac Dre, The Game, Tony Yayo y Busta Rhymes. Hasta ese momento era su material más suave. Tenía mucho R&B, por lo que su etiqueta pop incrementó. Sin embargo, lo divertida y sexy que puede ser, se mantuvo en “En la línea”, “Yo no mato el tiempo” y “Un corazón”. Igualmente su vocación por tratar temas inteligentes como el racismo, la homofobia y la globalización se reflejó en “Por eso mato”, con ese inicio que dice: “A la mierda las instituciones / Toda clase de partido, de gobierno y de tradiciones”.

Tres años más tarde llegó Bruja. El disco ganó el Latin Grammy a mejor álbum urbano en 2013. La cualidad que tiene este material es que desde “Esclavos”, el track uno, suena hardcore, a la vieja escuela del rap ibérico; como si otra vez tuviera 19 años. También con la misma aspereza en su lírica, ya estaban más presentes los ritmos caribeños y del sound system como en “Caja de madera”, “33” o “Quien manda”. Y sus colaboraciones con Canserbero y Shotta, la aproximaron con nuevos artistas en España.

Andaluza y de mente abierta

La cualidad que tiene es su adaptación con la juventud. Dice que aprende de los nuevos talentos. A sus 41 años y con tres hijos, también sabe que depende de su alter ego para seguir vigente, sin mentir en sus canciones o haciendo cosas que no le gusten. Por lo mismo su carrera ha sido distinta a la de sus contemporáneos del rap hardcore. Ya en 2007 colaboraba con Calle 13; grabó “Mala suerte con el 13”, una canción sucia, juguetona e inspirada en el filósofo, Marqués de Sade. Con el cantante romántico y de bachata Romeo Santos, en 2011 hizo “Magia negra”. Ya para 2015, junto a El Coleta recordó la época quinqui (1970-1980) en “Asingarap”. Y con Kaydy Cain, bajo la producción de Steve Lean, en “Mátale” se involucró en el trap.

Esas últimas dos colaboraciones le dieron un nuevo perfil. Jóvenes que no la conocían, o que no crecieron escuchando rap hardcore, así supieron quién era la reina en España.

Con El Coleta, quien parece estar obsesionado con la época de delincuencia juvenil que se vivió en los suburbios españoles (incluía música y cine), fue precisamente algo que conocía y le agradaba, por lo que “Asingarap” suena a ella y hasta una de sus rimas dice: “Yo soy la María, vosotros los Maríos’ / Yo soy la mimah’, vosotros los querios’”.

Junto a Kaydy Cain y Steve Lean (integrantes de PXXR GVNG, proyecto que popularizó el trap ibérico), dejó notar sus nuevos gustos, sintiéndose identificada con la mezcolanza de ritmos que estos intérpretes le ponían a su arte. Kaydy Cain, un chico que al crecer en un barrio de migrantes escuchó distinta música desde que era pequeño, en “Blessed” da a entender cómo se comenzaba a vivir la mezcolanza de rap, trap, reggaetón, salsa, bachata, merengue, rumba, flamenco y otros estilos musicales en España: “Yo fui el primero en hacerlo por dinero / Ahora to’ eso’ rapero’ dicen que no son rapero’ / Soy cantante, maleante, reggaetonero / Y hace tres años que estoy viviendo de esto / Y todavía no lo entienden, los tengo extorsionado’ / He da’o bofetones hasta que me he pegado /  Ahora to’ esa’ puta’ me están pidiendo colabo’ y mi tema con la Mala me suda el rabo”.

Para 2018 transportó ese nuevo espíritu (el actual pop ibérico), a “Gitanas”, la cual podría definirse como un trap político/feminista. El single parecía anticipar la salida de un material que, otra vez, convertiría a Andalucía en un territorio mágico. Y no es que la canción haya sido una respuesta a la “apropiación cultural” que podía haber estado haciendo la catalana Rosalía en ese momento. Pero la pionera del rap en España no estaba molesta; sabía que la joven artista “amaba el flamenco, lo estudiaba e interpretaba bonito”. Sin embargo, sí entendió que el pueblo andaluz y la comunidad gitana podrían estar molestos. A raíz de eso “Gitanas” se viralizó, y el video terminó siendo un reconocimiento a sus orígenes; se grabó en la Macarena, barrio donde creció.

Renovada, mala y peleadora

Transcurrieron siete años para que lanzara un disco nuevo. Antes de eso, el año pasado se convirtió en la primera rapera en obtener el Premio Nacional de las Músicas en España. El Ministerio de Cultura y Deporte la reconoció “por ser pionera de un estilo como son las músicas urbanas que, desde su aparición hace dos décadas, se ha convertido en esencial en el terreno de la música pop”.

Su nuevo álbum se llama MALA. En la portada aparece desnuda, de frente a un salón de clases vacío. La foto quiere dar a entender que juzgamos o interpretamos a las personas sin conocerlas. No obstante, su más reciente trabajo que ella misma produjo, trata de transmitir empatía, algo necesario en estas épocas de pandemia.

MALA está alejado del hip hop, pero tiene intimidad. Para presentar los once tracks a sus seguidores escribió: “Yo soy Mala desde que empecé. A través de los años he definido mi nombre. Este trabajo tiene todo lo que soy: emoción, sentimiento, fuerza, esperanza, pasión…”. Todo eso transmite el álbum. También demuestra –con su actitud y sonido– que es la inspiración de las actuales cantantes de trap que usan autotune como La Zowi, Bad Gyal y la misma Rosalía.

En 2010 conoció el trap, música que nació en los suburbios de Atlanta. Por eso mismo invitó a artistas de dicho género como Cecilio G, quien participa en “Pena”. La melodía fue una sorpresa; no se basaron en el 808 sample, sino que el joven barcelonés con tatuajes en la cara se dejó llevar en un sonido pop, alejado a lo que normalmente hace en sus grabaciones. De hecho, en su cuenta de Instagram reconoció que de niño sabía quién era la más dura y que ahora, como un sueño hecho realidad, trabajaba con ella.

Las otras colaboraciones son con la madrileña Lola Indigo, en el dancehall “Problema”. Para “Dame bien”, tema que lanzó el año pasado con un video hecho a base de perreo y bellaqueo, el boricua Guaynaa, de los reggaetoneros más llamativos en la actualidad, tira unas candentes rimas junto a Big Freedie, rapero gay de los Estados Unidos que ha estado dándole espacio al bounce, subgénero del hip hop que se originó a finales de los ochenta en New Orleans. Y el último en aportarle frescura al nuevo álbum fue Stylo G, cantante jamaicano que participa en “Contigo”. Podría ser la canción más romántica y pegajosa; igualmente la lanzó años atrás con un video que deja ver a una rapera madura, guapísima y en evolución constante.

“Superbalada”, “Mami” o “Peleadora” son más profundos. Su voz aflamencada se mueve por sonidos modernos y espaciales. “Superbalada” puede ser la mejor canción: junta todo lo que ha hecho en más de veinte años. Rapea, rima y canta de una forma desgarradora. En “Mami”, que tiene un video conmovedor, su letra explica la ausencia maternal; transmite un estado de sensibilidad, añoranza y dolor. De hecho, estaba planeada para ser un interludio. Sin embargo, la fuerza que había en su voz y el piano afligido, como resultado dieron el track más conmovedor. Y “Peleadora”, es una base de trap donde sigue con su idea de que las gitanas fueron las primeras feministas en España; le dice a todo el mundo: “Yo no soy un soldado / Soy una peleadora”.

Tal vez MALA no sea el mejor disco de Ana María Rodriguez Garrido, pero su pasado no choca –ni le reclama– a su legado de reina del rap. Con sinceridad creó música nueva, y su voz retumba fuerte, como siempre. Quienes conocemos su ardua carrera, con cada una sus canciones sigue sorprendiéndonos, sigue enchinándonos la piel.