Palabras como latigazos y un ataúd para los hombres que no aman o aquí te mando tus marchitos nardos

Uno de los secretos mejor guardados de la poesía de este árido reino, recae en la persona de un maestro rural que vive en la sierra del municipio de Galeana Nuevo León, Moisés Ayala.


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Búsqueda aleatoria.

Uno de los secretos mejor guardados de la poesía de este árido reino, recae en la persona de un maestro rural que vive en la sierra del municipio de Galeana Nuevo León, Moisés Ayala se llama, quien ha emprendido desde hace un buen rato una búsqueda incansable y perpetua en y por la poesía, sin embargo en esta ocasión Ayala aborda lo más oscuro y profundo del crimen y la violencia que deja a su paso, para proponer  en “El flarf del narco” no un nuevo modo de hacer poesía , sino un nuevo modo de aniquilar la tradición poética, la propia en principio, la del estado, la de este país.

Un libro difícil, un libro necesario.

 El tema es un grito agudo que ocasiona y condiciona, nunca llamaría ocurrencia u oportunismo como algunos renuentes llaman a la poesía con tema y contenido social, esta poesía que en casi su totalidad alude a la muerte  re-vive (aunque no se pueda creer en principio) a la poesía misma, porque atiende a la miseria del hombre, a los sin alma que además de la maldad provocan que algunos se distingan por valientes y los combatan y otros desde sus trincheras (como los poetas) generen conciencia.

Hace años publiqué un libro con una temática parecida, (casi un año después de este porcierto), Balacera, mi libro más allá  de despertar algo de curiosidad, bueno al menos la mía, me hizo buscar autores de Nuevo león que hubiesen tratado el tema en este género no encontré mucho, Moisés me sorprendió ¿por su crudeza? no, no sería un lugar común referirme a eso, porque estos libros, no se leen, te leen, te ponen en la mira , te convierten en carne de cañón, en daño colateral, en sospechoso, en miembro de un cartel,  y es que  el tema, la narcoviolencia, te ubica como autor con responsabilidades sociales que van más allá de cronicar algo, terminas peligrosamente siendo un activista sin camuflaje, para mí  esa experiencia fue tremenda (hubo un tiempo incluso en que no podía leerlo en público), el resultado no lo tenía claro, ¿había sido un exorcismo? ¿O es demasiado compromiso sacrificar los temas propicios o adecuados a la poesía? ¿ Sí así fuera, cuáles son estos?

Yo entendí algo y lo mencionaba cada que había ocasión, fue un libro que me hubiera gustado no haber escrito y al mismo tiempo no me arrepiento de haberlo hecho, supongo que Moisés piensa lo mismo.

 Por supuesto que aunque hay autores que han tratado este tema en este género en el país sigue siendo extraño porque los lectores y las editoriales ubican a este tema con la narrativa, están los ejemplos más visibles de Jorge Humberto Chávez y Sara Uribe por citar a algunos,  pero siguen siendo pocos los trabajos poéticos que aborden el tema, ¿Eso es bueno es malo? 

Siempre he pensado que los escritores son el termómetro de la sociedad, hacen crónicas de su tiempo, predicen el futuro en base a estadísticas que ellos mismos se inventan, cuentan la verdad, ficcionan la realidad, le agregan realidad a la realidad, escriben lo que sienten, lo que aman y lo que sufren, exorcizan sus miedos, le abren los ojos a más de uno.

Consta según mantas

Hay tanta hermosura en un cuerpo en paz, aunque esté lleno de agujeros, los encuentros con entes que no son espíritus, sino líderes del cartel, que deambulan  invisibles para las autoridades. Todo arde, y nada es una metáfora, es una cadena perpetua, son fotografías en las que estamos o en las que vamos pasando y salimos movidos porque no queremos posar en esos paisajes y buscamos otro y no lo encontramos y el fin del mundo no se acaba, y la verdadera limpia que no sabemos que limpia, es un cochinero y parecía un  día tranquilo y hay un mensaje escrito con mala ortografía, consta en mantas.

Cuando uno trata de encontrarse en la poesía o de negarse.

Moisés advierte desde el primer texto: esto proviene de las entrañas de un monstruo llamado sociedad, el contenido es el siguiente: Narcocomunicados, nota roja, videos de decapitaciones, pesadillas, chats, levantones a sus primos adornan estos latigazos poéticos. Ayala entiende que no hay peor letanía que el silencio y alza la voz. El flarf del narco es una búsqueda de los desaparecidos cercanos que son todos los desaparecidos en estas condiciones de país en guerra no contra el crimen sino contra el mismo. Guerra de contradicciones y malas conductas, guerra de abulia ante los que ayer estaban y hoy no, guerra contra los no lectores, guerra contra los distintos México que no se entienden ni se llevan bien. Entonces el poeta sale a la plaza y ejecuta a su discurso en el se encuentra, en el se niega y entiende que no es lo mismo ser marino, que ser navegante, navegante atribulado por supuesto.

La conciencia colectiva

La poesía de este libro es un entrecruce entre lo evanescente y lo perdurable, como el olor a pólvora después de los balazos, como el “vuélvelo a poner” después de ver el video de la ejecución, como las lágrimas por el familiar desaparecido, como el ejecutómetro en la prensa local, como las declaraciones del funcionario que minimiza estos hechos aislados, como las narcomantas y los colgados en el paso a desnivel en esta ciudad y en el municipio del sur del estado y en todos los estados de la república , donde se es parte de la sociedad civil desorganizada que calla ante los organizados, pero la poesía de este libro es la energía contenida. Para alzar un grito agudo, la poesía de este libro es una denuncia a la memoria para que no olvide, para que reflexione. Moisés Ayala intenta la recuperación de los sentimientos, las precepciones y los pensamientos antes del estruendo solo lo logrará si nos organizamos y leemos estos poemas que son el reflejo de un caminar incómodo entre filos , púas y metal fundido, no hay que temer porque la poesía siempre nos salva.

Moisés Ayala
El flarf del narco
Fondo editorial tierra adentro
Num. 525
Conaculta 
2015