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El urgente recuento del rock mexicano

La segunda entrega de 60 años de rock mexicano del Sr. Gonzalez se potencia ante la cercanía de mayores fuentes de información, pero también porque Rafael ya era protagonista directo de esta historia como músico.

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Durante el 2014 se llevó a cabo en el legendario Multiforo Alicia de la Ciudad de México un evento sin parangón en la historia del rock en México. Los periodistas David Cortés y Alejandro González Castillo organizaron el Seminario de Periodismo y rock en México –un recuento-. Se trató de un evento que se destacó por su amplitud de miras, por las temáticas elegidas y una variedad de participantes, provenientes desde distintas generaciones y posturas. Lo importante del encuentro fue -y sigue siendo- reflexionar sobre los distintos factores que influyen en el panorama nacional del rock y facilitan o no su desarrollo.

Con todo y sus detractores, el rock nacional ha crecido y con él, las instancias mediáticas adyacentes, aunque la infraestructura comercial, de mercadeo y difusión todavía es insuficiente, en el entendido que no es el género predominante en el país. Este es uno de sus asuntos centrales, tanto como lo es el centralismo imperante. La capital de la república sigue ejerciendo el control de la industria musical y los medios de comunicación, aunque con ciertas modificaciones propiciadas por la tecnología.

En aquella ocasión abordé algunas de las prácticas del periodismo musical en la era digital. No podemos ocultar que en muchas ocasiones y medios diversos prevalece el ánimo del fan –el fanzineroso- y no se guarda una distancia con el objeto analizado o con el artista de turno –la pasión les gana-. Concluí que el periodismo de opinión e investigación en torno a la música se fortalecerá en la medida que se entienda que resulta fundamental la profesionalización en cada instancia.

Y junto con otros participantes, como el investigador Julián Woodside, señalamos la necesidad de contar con una mayor cantidad de ejercicios periodísticos que permitieran el análisis y nos llevaran a bocetar ciertos parámetros o indicadores, es decir, a tener una visión más realista del tamaño del fenómeno conocido como rock mexicano; hoy día de muchas escenas no circulan datos y cifras, como en el caso de la gótica, la metalera o el rock urbano (con mucho circulante en la economía informal).

Lo dije entonces y lo repito ahora: Y es que en materia musical no sólo importa componer canciones, editar discos, hacer promoción y entusiasmar al público. De tal suerte, el ciclo se repetiría sin mayor significancia ad infinitum. Es fundamental pues propiciar los momentos para repensar las cosas y ponderar la manera en que encajan en el esquema social imperante.

Y es aquí donde 60 años de rock mexicano Vol. 2 contribuye decididamente; Pasaron un par de años del seminario y, para nuestra sorpresa, un músico de mucho talento y larga trayectoria, una vez más, dio un golpe de autoridad en cuanto a su capacidad narrativa, instinto investigador y mostrando un lado menos conocido de coleccionista obsesivo.

El Señor González ya nos había deleitado con Mi vida pop, un recuento de su periplo existencial en el que iba contándolo todo: desde acontecimientos globales, sus pasiones y la manera en que interpretaba los distintos entornos en los que iba viviendo. ¡Claro, había muchísima música, pero esta no se da en la nada, se vincula estrechamente con todo lo demás que conforma la vida!

Ese primer libro, editado por Rhythm and Books en 2012, despertó el interés de una empresa grande del mundo editorial (Ediciones B) y le convencieron para que tirara de su archivo, emprendiera nuevas pesquisas y preparara 60 años del rock mexicano; una entrega inicial que a través de una estructura de fichero revisó lo ocurrido entre 1956 y 1979. Se remontó pues al periodo fundacional de nuestro rock.

Y la cosa no quedó ahí; dos años más y apareció la segunda entrega, y se nota que fue hecha con la misma pasión y que se potencia ante la cercanía de mayores fuentes de información, pero también porque Rafael ya era protagonista directo de esta historia como músico.

¿Cuántos de los jóvenes rockeros lo recuerdan siendo parte de Baraja, un grupo que formó junto a sus hermanos? Tenían una muy buena canción llamada “Mae”, que hablaba de un ser de aspecto grotesco: “La gente se sorprende de su aspecto animal, no saben que debajo hay un hombre normal”. Y en vivo el vocalista (Alan Jay) hacía gala de su contorsionismo y se pasaba las piernas por detrás de la cabeza, creando una especie de araña. El público contemplaba obnubilado a ese extraño cantante que requería de un micrófono muy bajito, pues sus manos sostenían al resto de su cuerpo.

“Mae” sonó en la estación Espacio 59, hermana de Rock 101, y rival de WFM (la primera comandada por Luis Gerardo Salas y en la segunda aparecía Alejandro González Iñárritu, antes de saltar al cine). Nos encontramos en los años en que abrió Rockotitlán y en los que las noches de locura se daban en el 9, el Tutti frutti y La última carcajada de la cumbancha (el LUCC), entre otros espacios que sentaron las bases de una nueva fase.

Ya habíamos pasado por el brote del rock progresivo (ejemplificado por conciertos de Iconoclasta y Chac Mool en la carpa geodésica. El punk había arremetido desde el Hip 70 de Insurgentes sur y con Dangerous Rhtym y Size por delante. La discobar El 9 –de corte gay- aceptaba propuestas arriesgadas y ahí cabían los brotes electrónicos de gente como Syntoma, María bonita y el Dr. Fanatik en sus múltiples facetas, como Matrimonio Gay y 2 fotos y tu acta de nacimiento.

Este segundo volumen se concentra entre 1980-1989, una década en que todo se aceleró y progresivamente se fueron trasponiendo los vetos y censuras que casi por política oficial existían contra el rock hecho en México. Pero para lograr la apertura se requirió de la entrega total de músicos de toda una generación que tuvieron que lidiar con el hecho de que todo, completamente todo, con respecto al rock nacional, estaba por hacerse; no existían managers, roadies, ingenieros, ni nada por el estilo.

En este libro atestiguamos el nacimiento de Luzbel –un icono del metal-, el punto de quiebre que provocaron Las insólitas imágenes de Aurora y nos remontamos al nacimiento de Comrock, la iniciativa que antecedió al llamado Rock en tu idioma y que representó un verdadero punto de partida. Comrock impulsó a Ritmo Peligroso, Kenny y los eléctricos (ambos ya con nombre en español) y marcó la aparición de El Tri como tal.

En fin, están consignadas figuras del movimiento rupestre y el etnorock, que dan un sello muy propio al devenir nacional. La información es muchísima, se manejan 100 entradas para artistas, pero además y ante todo celebro que el Sr. González comprometa su opinión y se moje –como se dice en el gremio-. Cierto, los datos duros están ahí, pero también lo está su percepción y su opinión.

A propósito de este segundo volumen, me resta cerrar con un apunte que va en lo misma línea de lo planteado por el pensador Pierre Bordieu, acerca de que el rock, según la teoría de los bienes culturales, posee una doble naturaleza: es un producto comercial pero también es un objeto artístico. Y no hay problema en que ambas condiciones coexistan. En ese sentido, resulta sumamente ilustrativo un libro como Ritos de la interpretación, escrito por el crítico y académico Simon Frith (director del Mercury Prize), para entender que en cuanto al rock se refiere, es cierto que atiende a un hedonismo estimulado por el mercado, pero también que suele ser un vehículo de resistencia que transmite distintas ideologías. En una zona de tensión entre ambas se encuentra la parte estética –la que lo vincula al mundo del arte-. Se trata de un fenómeno polivalente y mutante.

Y vaya que todo ello está presente en 60 años de rock mexicano Vol.2. No puedo esperar a que aparezca el tercer volumen y hago votos para que el Señor González escriba tantos otros como hagan falta.

Este texto se leyó como parte de la presentación del libro 60 años de rock mexicano Vol. 2 en las Jornadas de Rock y Literatura de la Feria Universitaria del Libro UANLeer en Monterrey, México, en marzo de 2019.