Los elegidos al igual que los excluidos se resignan bajo protesta; o leer no en ratos de ocio, sino en horas de trabajo

Antologías de poesía regiomontana hay muchas, pero 20 años de poesía en Monterrey (1962-1982), de Margarito Cuéllar y Humberto Salazar, inauguró criterios que se han mantenido vigentes.


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¿Pero qué necesidad?

Una antología de poesía no podía comenzar de la peor manera. La presentación inicia con el siguiente texto: “La fuerza de una agrupación sindical reside en sus miembros y está en función del nivel de conciencia y formación cultural de los mismos. Por tal motivo el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Autónoma de Nuevo León considera que es tarea fundamental de sus dirigentes el promover por todos los medios a su alcance la elevación de la conciencia social y la consolidación del marco cultural de sus agremiados”. El sindicato de la UANL cumplía 20 años y lo celebraba con un programa editorial. Una presentación pulcra y elegante del maestro Alfredo Gracia Vicente afortunadamente corregiría la “necesaria” presentación que firmaba el secretario general del STUANL de aquella época y salvaría diplomáticamente al lector ajeno a discursos sindicales fuera de contexto.

Cantidad y calidad

Se seleccionaron a 19 poetas, 16 hombres: Andrés Huerta, José María Lugo, Ernesto Rangel Domene, Jorge Cantú de la Garza , Horacio Salazar, Miguel Covarrubias, Abraham Nuncio, Alfonso Reyes Martínez, Guillermo Meléndez, Eligio Coronado, Xavier Rodríguez Araiza,Rogelio Flores de la Luz, Margarito Cuéllar,Eduardo Arellano, José Javier Villarreal, Humberto Salazar; y 3 mujeres: Carmen Alardín, Gloria Collado y Minerva Margarita Villarreal.

Los antólogos sitúan a sus seleccionados en la generación del sesenta, que presenta la particularidad de estar compuesta por dos promociones sucesivas y está formada por escritores nacidos entre los años 1930 y 1945; y la del ochenta, que abarca en general a los nacidos después de 1950, que comienzan a despuntar a partir de 1975.  Así, de acuerdo con las fechas de nacimiento de cada poeta o con las fechas de publicación de sus obras, ordenaban por primera vez el método. Antes mencionan a 78 autores y argumentan sus criterios explicando claramente la periodización por generaciones, basados en la visión del filósofo español Ortega y Gasset, y siguiendo a estudiosos de la cultura que contribuyeron a  la configuración de un esquema que distingue las conocidas cuatro sucesivas generaciones en el terreno cultural mexicano a partir de 1910; identificadas como la generación de 1915, la del 29, la de medio siglo y la del 68.

Una cierta actitud vital

Los seleccionados nacidos entre 1933 y 1959 (el más joven en esa época tenía 24 años) surgieron principalmente de la fundación de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, de la Escuela de Verano que animaba el maestro Francisco M. Zertuche, de la creación del periódico Vida Universitaria, los grupos Katharsis, Apolodionis y Caligrama y de los talleres Tinta Joven y Frutaverde. Iniciaba en Monterrey una serie de actividades derivadas de estos acontecimientos, que serían heredadas y aprovechadas por una generación de creadores que surgiría inmediatamente después. Tal efervescencia literaria duraría hasta mediados de los años noventa (siglo XX).

El buen juicio dialogante

A mi parecer lo mejor de esta antología es la nota preliminar, donde se señala la metodología llevada a cabo para seleccionar a los autores, basada en el entendimiento de lo que es una generación literaria. Como diría Octavio Paz: “Una sociedad dentro de una sociedad y a veces frente a ella”. Desde luego el tiempo se encarga de acomodar. De los 19 (que los mismos antólogos consideraron una selección numerosa) una tercera parte ya murió, otra continúa hasta estos días publicando y consolidándose en terrenos nacionales, otros tantos no reunieron obra suficiente o se dedicaron a otros géneros (como Araiza y Nuncio) y algunos otros como el caso (muy extraño) de Rogelio Flores de la Luz quien apareció en futuras antologías sin haber publicado nunca un libro de poesía. Otra cosa curiosa a resaltar es la mención que Cuéllar y Salazar hacen de tres trabajos precedentes en los que se critica la calidad de los antologados.  A una, por ejemplo, “vaya ironía”, le destacan las primorosas palabras de la presentación. Ya antes habían adjetivado a uno de sus propios seleccionados, Eligio Coronado, como una persona solitaria y quejumbrosa, y además se habían auto-alabado por la realización de ese trabajo como entusiastas y valientes. Sin duda lo fueron, y se agradece que se haya utilizado, como ellos mismos lo declaran y señalan, “una instrumentación ambiciosa a un proceso que se antoja casero”, y que a su vez lanzaban el reto para que surgieran más antologías.

Un intento de buena fe

El tiempo les dio la razón a Humberto y Margarito. La mayoría de las antologías importantes que se han hecho en años posteriores han atendido los criterios que ellos inauguraron acá; incluso ellos mismos realizaron trabajos más amplios después, que clarificaron el desarrollo de la poesía nuevoleonesa. Ahora entiendo el comienzo de la presentación de Gracia Vicente, que sabía cuáles eran las necesidades de los que leían. Quiero terminar citando al maestro, que comienza diciendo: “Esta antología sale a la luz porque existía la necesidad de que saliera”.


20 Años de poesía en Monterrey 1962/1982
Selección y prólogo de Margarito Cuéllar y Humberto Salazar
Ediciones conmemorativas del XX aniversario del STUANL
STUANL. 1983