Domingo

| Memorias, historias y crónicas

Los juguetes del hombre 

Gustavo es pintor y hojalatero de oficio. También se dedica a vender juguetes en Tepito. Le pedimos que nos mostrara algunas de sus piezas más queridas, con la condición de que fueran todas hechas en México.

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juguetes

Fotos: Irving Cabello

Los juguetes no sólo los disfrutan los niños. Gustavo es un hombre de aspecto rudo, de cuerpo grande. Su pelo es cano, viste pants negros y tenis blancos. Sus manos se ven capaces de noquear a un cristiano sin broncas. Es pintor y hojalatero de oficio. Su juguete favorito es un Ultraman. Es el personaje del que  más le gusta coleccionar piezas. Gustavo también se dedica a vender juguetes. Su colección es tan grande que cuando limpia las piezas y la vitrina se lleva más de doce horas. Le pedimos que nos mostrara algunas de sus piezas más queridas, con la condición de que fueran todas hechas en México.  

Lo vi venir por las escaleras con los juguetes casi desparramándose, y fue como acordarme de mis cuates en el patio de la unidad. Los colocó en el suelo  del patio con mucho cuidado y fue como si nos invitara a jugar un rato. Al primero que veo es a Raideen, uno de esos robots de 24” hechos por Jugarama. Raideen pertenece a los Shogun Warriors, a la misma estirpe que Mazinger Z, Godzila y Voltron . No existió versión mexicana más que de Poseidon, que se llamó Goro-Goro, Raydeen, a quien le pusieron Aquaman. De él tiene la versión chafa que es encantadora, pero más parecida a una cucaracha que a un robot motociclista. Geta 1 es el cuarto robot, conservó su nombre gracias a que lo trae escrito en el cinturón. La manufactura fue mexicana y estas versiones cambian muy poco de las originales. La esposa de Gustavo viene detrás de él cargando más piezas. 

Gustavo tiene un puesto sobre la calle de Tenochtitlan en Tepito. Generalmente tiene piezas buenas, como luchadores viejos, carros, figuras de Star Wars.  Gustavo tuvo la suerte de tener un padre generoso con él, sus dos hermanas y cinco carnales. Siempre los rayó en el día de Reyes. Cada año, como una costumbre, la madre de Gustavo regalaba los juguetes de él y los de su hermano a los niños menos favorecidos de la vecindad donde vivían. Los obsequiaba porque sabía que sus hijos pronto tendrían piezas nuevas. Una vez Gustavo venía caminando de regreso a su chante, y de repente sus ojos veían algo que no podía ser posible. Que seguro era un engaño, un mal sueño. Un chavo de la vecindad arrastraba por la tierra el juguete favorito de Gustavo. Goro- Goro. Su reacción fue correr a defender lo suyo, llegó a descontar. ¡Pum! ¡Pam! ¡Zaz! 

La madre de Gustavo le hizo justicia al otro chavo, le metió unos cates a Gus y lo hizo devolver el juguete que ella ya había regalado. Hasta el día de hoy Gustavo no ha vuelto a tener a Goro- Goro en las manos. Es el único de los Shogun Warrior hechos en México que le falta para tener completa la colección.  

“Conozco las piezas porque las tuve de niño. Y quise recuperarlas y tener más”.

Una de estas piezas puede estar valuada en más de cuarenta mil pesos. Dependiendo de sus condiciones. Las piezas mexicanas son bien valoradas entre los jugueteros del mundo. Tienen características muy particulares. Lily Ledy y Jugarama eran fábricas con licencias de reproducción. Aportaron rarezas gracias a las particularidades como colores de las ropas o nombres muy distintos a los originales.  

Hubo una fiebre por el bootleg mexicano. Y las piezas cada vez son más raras de encontrar y abundan los falsificadores. Una de sus piezas más queridas es este Ultraman. Señala a Shogun Warrior y dice: “Estas piezas las quiero, están bonitas, pero el Ultraman me gusta más”.  Al Ultraman seguro lo vendían en el mercado por veinte pesos, mientras que los Shogun costaban alrededor de $400. Se lo vendió su amigo Rubén, que consiguió tres en extrañas condiciones. Estaban pintados de negro con lanzas clavadas en las manos y faldas hechas de tiras de plástico, como disfrazados de caníbales. Si uno mira bien, aún quedan restos de esa pintura en el cuerpo de Ultraman. Un súper héroe siempre tiene heridas de batalla.  La pieza es completamente gris y debe medir 20”. 

Gustavo trabajaba como hojalatero y pintor en Flores Magón e Insurgentes, pero le quitaron su lugar cuando colocaron el puente que ahora está justo en ese lugar. Entonces comienza a ponerle más atención a eso que parecía un jóvi. La venta de juguetes. Pero al mismo tiempo, al ir a chacharear a lejanos mercados, aumentó su colección. 

Hace unos tres meses fue al taller de su primo. En Alfarería y Pintores. Un taller en el que Gustavo acostumbra ir a echarse unos pegues. Ha ido durante años. Todos habían visto al León-O que estaba encima de una repisa, con capas y capas de polvo. Todos menos Gustavo, que luego de casi siete años fue hacia él, como si hubiera sucedido un epifanía. “Véndemelo.” Le dijo a su primo, que se negó al principio, pero ante la insistencia y la promesa de que no lo vendería, cedió y se lo regaló. Es una pieza mexicana rara, sólo le hace falta la espada. Puro plástico inflado, unas 15”, y una encantadora garrita que se le quita. Mucho detalle en la pintura del rostro. Una gran pieza que su primo se encontró una noche que salió a tirar la basura. 

A su padre no le gustaba que Gustavo comprara juguetes chafas del mercado, hasta los tiraba. Pero su hijo ya estaba marcado por el enamoramiento hacia esas piezas. Hoy tiene entre sus piezas más queridas un King-Kong de plástico inflado con muchos detalles en el rostro, como los ojos cristalinos y finos detalles de la pintura alrededor del hocico y dentro. Con una réplica de Fay Wray en la mano. 

Tiene un réplica del Dr. Zaius del Planeta de los Simios, bueno, una versión mexicana que se vendía a precios más cómodos para la banda. Acaso ese sea el encanto de los bootlegs mexicanos, el cariño que pusieron un chingo de jugueteros en hacer un trabajo fino para que unos escuincles tuvieran juguetes lo más decentes posible. 

La pieza más rara que Gustavo ha conseguido en las chacharas es un Boba Fett de cuete removible. Una pieza cuya existencia ha sido negada durante años por algunas personas. Gustavo la tuvo en sus manos. Todos los días sale a chacharear, sus sobrinos le tiran paro con el puesto, a veces su carnal, mientras Gustavo se lanza a caminar en busca de más tesoros.