Los sabiondos musicales

En el periodismo musical abundan las opiniones poco razonadas, poco analizadas y poco informadas. Una actitud de juez y no de quien trata de entender para traducir lo que pasa con la música.

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Hace algunos días leía un artículo en un suplemento digital donde invitaban a tres críticos musicales a mencionar discos que hubieran enaltecido en la década de los noventas y que ahora los consideraran malos y renegaran de ellos. El ejercicio como tal me pareció sin sentido. ¿Para qué hablar de discos de los cuales te arrepientes que te gustaran años atrás? En todo caso eso sería renegar a una parte de la historia propia.

Mencionaban discos como el Unplugged de Nirvana y el Ritual de lo habitual de Jane’s Addiction, dos discos que han sido fundamentales para diversas generaciones, además de otros que ahora, veinte años después, ya “no les gustan”.

Pensé entonces en el papel del crítico o periodista musical; el cual cada vez es menos valorado gracias a las facilidades que ofrecen tanto las redes sociales como el Internet. Ahora basta tener un espacio para volcar cualquier juicio sobre música sin la menor consideración. Esto es irónico ya que, gracias a la red, en teoría, deberíamos tener más espacios donde se hable de música, ahora que los medios tradicionales han desaparecido casi por completo el análisis musical. Sin embargo, lo que abunda es la proliferación de opiniones poco razonadas, poco analizadas, poco informadas y una actitud de juez y no de quien trata de entender para traducir lo que pasa con la música.

Porque un crítico es eso, un traductor o incluso un puente que trata de conectar a la obra con el público. Para Juan Carlos Hidalgo, uno de los principales periodistas musicales en México, el crítico debe acompañar y amplificar el viaje sonoro del escuchante aportando elementos para potenciar la experiencia sensible, además de ser un explorador que comparte sus hallazgos.

Pero resulta que gran parte del periodismo musical se ha volcado a fungir de voceadores de los artistas o compañías sin el más mínimo sentido crítico o analítico. Es decir, se han vuelto anunciantes y las empresas de entretenimiento se han aprovechado de eso. ¿Cómo? Utilizándolos para promocionar y hablar bien de sus eventos, artistas o discos haciendo el ejercicio de la crítica casi nulo.

Y es que tampoco es sencillo hacer crítica o periodismo musical, porque para eso hay que investigar, documentarse y cuestionar para tratar de entender y no solo replicar lo que los demás digan. Esta es una actividad que data desde el siglo XVIII y que nació en el momento en el que la música logró cierta independencia al dejar de ser patrocinada por la iglesia y las monarquías. Entonces se pudo hablar de ella con mayor soltura. Hay quien dice que hay un antes y un después en la critica musical a partir de Beethoven y sus composiciones, por esta misma razón de independencia.

Si la crítica musical nació a partir de esta independencia, es irónico que hoy día mucha de ella se utilice como moneda de cambio para conseguir acreditaciones o beneficios por parte de compañías, empresarios o grupos. Análisis menores hechos desde la ignorancia, el favor o la indulgencia.

Dice el periodista musical colombiano Diego Londoño que el crítico musical es un profesional agudo, hábil con la palabra para poder sacar el mejor provecho a su argumento para mejorar un producto en bien de la música.

Lo leo y me quedó pensando en dos cosas: 1- Argumento; 2- El bien de la música.

Qué bien le haría a la música que el argumento fuera la base de toda opinión y crítica hecha por quienes se dedican a algo relacionado con la música o con el periodismo, porque denostar desde el escalón de “a mi no me gusta”, o hacer críticas públicas sin el más elemental sentido de lo que se habla, termina provocando un daño irreparable a la música.

No, hacer crítica musical no significa ser el verdugo que destaza a placer lo que no le gusta; tampoco el César que levanta o baja el pulgar sobre lo que está bien o mal en la música. Y es momento que todos quienes estamos relacionados con ella, ya sea en el entretenimiento, en el periodismo o desde los medios de comunicación, entendamos que nuestra labor debe ser “por el bien de la música”, no para hacernos los sabiondos musicales.

Tecladista y compositor del grupo Inspector. Periodista cultural. Columnista en el periódico ABC y director de La Zona Sucia.