Gorilas en la niebla

El valor de una idea

Es importante y es valioso impulsar la creación artística, buena o mala, fea o bonita, pero impulsarla. Y la manera esencial de hacerlo es logrando que los artistas tengan tiempo para ensayar, intentar o insistir sobre sus ideas artísticas.

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Calcular el valor, los límites y los alcances de una idea, eso es prácticamente imposible, aunque deseable.

Mickey Mouse es una idea, el ferrocarril es una idea, la mojarra al mojo de ajo es una idea, la iglesia católica es una idea. En realidad, es imposible establecer un valor de cambio o incluso un valor subjetivo para una idea. Todas las ideas pueden agregar ventajas a nuestra vida, o arañar y destruir nuestras costumbres. Todas las ideas son artefactos potenciales, armas o instrumentos para la mejora de nuestra vida cotidiana. Son todo y nada a la vez.

El hecho es que no podemos elogiarlas o rechazarlas de manera anticipada, ya que todas las ideas están a prueba, y la única medida que las justifica o las anula es su practicidad, o su utilidad o su belleza.

En el caso de la discusión respecto a las becas de carácter artístico que se ha desarrollado en los últimos días en México, hay que tomar con cautela cada caso, sin poner el instinto en nuestro juicio. Así, podríamos pensar que un libro de poesía, una suite para cello o un cuadro en técnica mixta no son más que frutos de cerebros empeñados en producir belleza, esto es: objetos estéticos. Por ello, no podemos decir si un soneto, un dibujo anatómico a lápiz o un diseño escenográfico son buenos o malos. No tendríamos cómo justificarlo, ya que los criterios estéticos cambian de un momento a otro, e incluso de un crítico a otro. Por todo ello, El principito podría resultar agradable a ciertos lectores, y una cursilería a otros. No hay ni habrá unidad de criterios, nunca, respecto a cómo funcionan el arte y los objetos artísticos.

Pero… atención. Sí hay algo en lo que podemos coincidir muchos, muchísimos. Es importante y es valioso impulsar la creación artística, buena o mala, fea o bonita, pero impulsarla.

Y la manera esencial de impulsarla es logrando que los artistas tengan tiempo para ensayar, intentar o insistir sobre sus ideas artísticas.

Por eso es interesante y valioso que se les apoye a través de becas, ya que los artistas -buenos o malos, grandiosos o pequeños- transformarán ese apoyo en obras, ideas en proceso o terminadas, que a su vez se integrarán a ese flujo imparable que es la imaginación colectiva, así es como surgen el cine, la música, series de televisión, y cuadros y esculturas. No es la única manera, ya lo sé, pero es algo que viene bien y no daña a nadie.

En todo caso, recomendaría actuar con verdadero vigor, y si hay falsos artistas que ganen muchas veces becas, sin merecerlas, hay que denunciarlos, demostrar que son unos villanos o unos delincuentes poéticos, y meterlos implacablemente a la cárcel, después de demostrar ante la ley que merecen ese castigo. 

Ojo: nadie lo hará: cómo condenar a alguien por un verso incompleto, chueco, arritmico,  o torpe? Como apedrear a un cantautor porque no sabe musicalizar una décima?

No hay delito alguno en el trabajo artístico, y al no haber delito no habrá castigo. Solo son posibles los señalamientos rencorosos de la prensa rencorosa. Pero incluso esos señalamientos son un equivoco, porque se les acusa, a algunos, de haber ganado concursos, cuando en realidad siempre se concursa con el objetivo de ganar, nadie concursa para perder. O sea que se les acusa de tener éxito, eso es como odiar a un boxeador porque no pierde…

De manera pues que yo invitaría a meditar un poco antes de participar en estas acaloradas discusiones, e invitaría a todos a que nos diéramos cuenta de que… esto es lo que hay… y ahora, corrijamos, afinemos, y sigamos adelante.