Gorilas en la niebla

Frutas sin glamour

Desde niño como frutas en la calle. Naranjas, sandía, coco, piña. Mi mamá me llevaba a la escuela todos los días, y yo desayunaba en la escuela.

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frutas

Desde niño como frutas en la calle. Naranjas, sandía, coco, piña. Mi mamá me llevaba a la escuela todos los días, y yo desayunaba en la escuela. Aprovechaba los desayunos escolares, que provenían del gobierno y consistían en un frasquito de chocolate, un pan y una fruta. Fui feliz con esos desayunos.

Pero, además, mi mamá me daba 20 centavos para gastar y yo compraba fruta. No tengo queja alguna de esa época.

Pasaron muchos años y jamás abandoné la costumbre de comer fruta en la calle. Sé que no es lo más recomendable y que podría acarrearme enfermedades, pero no me importa, corro ese riesgo, no dejaré de hacerlo nunca. Pero no sólo me gusta, sino que me parece extraño que eso no sea visto como algo maravilloso. La verdad es que creo que es preferible comerse una naranja en la calle es a tomarse un refresco o un café de Vips o de Starbucks. Me extraña que toda esa gente que vende fruta sea tratada como gente de segunda clase, y que comer esas frutas sea visto como algo marginal,cuando en realidad debería de ser visto como un privilegio y una manera de contribuir a la supervivencia de la siembra y los sembradores en nuestro país.

A mí no me importa si eso no es glamoroso o si no está de moda, porque yo no como por moda ni por glamour, sino porque me da la gana. Y sí a la demás gente no le gusta, pues es problema de ellos, no es problema mío.

Sería maravilloso que en las escuelas primarias y secundarias se vendiera fruta a los niños de manera sistemática, y se promoviera este tipo de alimentación que seguro que es más benéfica que los jugos artificiales y los refrescos embotellados.