La vergüenza del creador

Es rara esa onda que tengo para no decir que escribo o “soy escritor”. El caso es que la gente siempre quiere saber de dónde sacas dinero para el trago que traes en la mano.

Por: Luis Bernal

Chuck Palahniuk escritor
Chuck Palahniuk

El artista ve lo que ya no existe o aún no ha existido
Ilya G. Ehrenburg

Hace no mucho estuve leyendo un articulo sobre Chuck Palahniuk, autor de Snuff, Al desnudo, El club de la pelea, entre otros. Total, hablaba de la “vergüenza” de ser escritor. Escribir no es un empleo, no uno normal ni decente de acuerdo a la mayoría. Podríamos decir que en la mentalidad general encaja más como un pasatiempo. Así también se piensa de la música o la pintura, se piensa que la creación es una actividad sencilla porque “pues eso te gusta”. “Un buen hobby”, o el clásico “¿pero aparte trabajas en otra cosa? ¿Algo de verdad?” Uy, este último cómo pesa cuando lo escuchas por primera vez.

También, pero hace apenas unos días, fui a dar con el fragmento de El lado oscuro del corazón. (Dir. Eliseo Subiela, 1992) la película argentina sobre un poeta que deambula por Buenos Aires perseguido por una representación alegórica de la muerte y en busca del amor. El diálogo que me estremeció fue el que transcribo a continuación:

– ¿Y desde cuándo no escribís nada?
– Desde que estuve de viaje
– Quizás ya no tengas nada que decir, mira, aquí te marqué varios trabajos posibles.
– No necesito que me busques trabajo, estoy bien así, soy poeta.
– ¿Qué oficio es ser poeta? ¿Dónde pone aquí: “Se busca poeta, buena remuneración”?

El asunto es que ambas cosas, lo que dice Palahniuk y el fragmento de la película tienen esa cuestión implícita, por un lado el autor hablando de la vergüenza de escribir y por el otro el poeta inconforme orgulloso de lo que hace, de su oficio.

Hace ya algunos años que me dedico a eso, a esto. La realidad es que lo comparto con mi trabajo como Copy (¿qué otra cosa podría ser?) en una agencia y de vez en cuando cargando bocinas e instalando escenarios, algo “normal”.  Pero cuando conozco a alguien y me pregunta a qué me dedico o el ya conocido “¿y tú qué haces?” cuando estás rodeado de artistas, invariablemente empiezo con un: “Pues hago un montón de cosas”, seguramente mi inconsciente avienta tremenda genialidad porque busca algo como respuesta. No niego que me pone incómodo el asunto de ir por ahí con un título o etiqueta. El caso es que la gente siempre quiere saber de dónde sacas dinero para el trago que traes en la mano.

Es rara esa onda que tengo para no decir que escribo o un “soy escritor”. No siempre, pero la mayoría de las veces empiezo por mis actividades como trabajador de una agencia. O bien, espero a que alguien que está ahí y me conoce conteste por mi. Será loco, será falta de confianza o bien, que la /no consagración/ o el menosprecio de algunos autores nos causan eso. Pero bueno, también me han llamado nini o vicioso, así que a veces es mejor contestar sin problemas, con toda la calma. Eso sí, los músicos no tienen ese problema, por alguna razón a la menor provocación dicen sin miramientos a qué se dedican; una cosa más que me hace envidiarlos.

Bien, lo importante de todo esto es que cuando estás solo y le das tiempo a pensar qué responder la próxima vez, también nos damos cuenta que tal soledad no existe, no en este contexto, si tipos como Palahniuk y otros de ese calibre aún se preguntan qué es un escritor, cuándo es prudente decirlo y bajo qué condiciones es mejor ocultarlo (onda con la familia de la abogada con la que por alguna razón saliste).

Y al final, detrás de mí en este café una pareja, que piensan que no escucho, hablan sobre este archivo, se cuestionan qué hago. Ella dice: “Igual es escritor” a lo que él tranquilamente responde: “Nombre, ha de tener un blog nomás, ya todos dicen que son escritores”. Encontraron un buen final, y una excelente respuesta para la siguiente vez.