Manel – Per la bona gent

manel


Ceràmiques Guzmán
Cataluña (España)
2019


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Manel o de cuando el universo comienza en Cataluña

“Tres puertas tengo en mi casa/ abiertas a todos los vientos/ la que está abierta para ti/ la otra para la buena gente/ la tercera para la muerte/ que la cerrará mi tiempo”. ¡Que tan simbólico y trascendente puede resultar un sampler dentro de una canción! Hay ocasiones en que su impronta resulta definitiva.

La frase que abre el texto es cantada en catalán por María del Mar Bonet y forma parte de “Alenar”, que le dio nombre a su álbum de 1977. Utilizarla es todo un manifiesto de intenciones, una reivindicación histórica y artística de la cultura a la que pertenece el grupo, la de Cataluña. Pero lo que sorprende es la manera de usar ese fragmento, porque la canción tiende hacia la electrónica y coquetea con las estructuras del hip hop, con lo que queda en evidencia de que se puede rapear en cualquier idioma (si es que alguien todavía lo dudaba).

A Per la bona gent (Ceràmiques Guzmán, 2019) le ha tocado aparecer en un momento intensísimo de la tensión política que tiene de nuevo a la población en las calles catalanas y ha encendido la causa independentista. Una canción y un disco hijos de su tiempo, y a los que su enorme éxito le acompaña cierto sesgo coyuntural. No se puede evitar mencionarlo, aunque lo que debería privar sea la fuerza estética que posee, que nace de esa enorme capacidad del grupo para utilizar una gran diversidad de estilos y recursos.

En la discografía de Manel, que ya se extiende a 5 discos, es la primera vez que deciden utilizar al sampler y que tuviera un papel importante. Guillem Gisbert, vocalista y guitarra, explica a detalle la presencia de estos fragmentos ajenos: “el que sean tan evidentes, tiene relación con que es la primera vez que lo hacemos. Y de que no somos nada expertos usándolos. En la cultura hip-hop, que los utilizan muy a menudo, muchas veces se quedan solo con el bombo de una canción, porque es algo que tienen muy incorporado. Pero para nosotros era un acontecimiento hacerlo. Y, por tanto, las estructuras que te salen son así, les das una importancia muy grande a la canción. Hay algunos sampleos más discretos, pero hay dos o tres que son muy obvios”.

Como es usual en la historia de Manel, Per la bona gent es un nuevo viraje brusco en cuanto a la naturaleza de las canciones, es decir, en ellos el cambio es una constante, una manera de enfrentar a la música. Quizá sea posible cuestionarles la altura que han alcanzado con cada álbum, pero no la inquietud de explorar, de asomarse a registros distintos, partiendo del folk rock y abrazando toda la amplitud del pop contemporáneo.

Guillem, Roger, Martí y Arnau saben espaciar sus tiempos de presencia mediática, capotear al éxito, para luego retraerse y volver al mundo real para recabar experiencias que nutran los temas. No son tantos los grupos de los que pueda decirse que piensan muy bien sus movimientos; en ellos no todo es instinto o gesto momentáneo. Basta con mencionar que el productor es Jake Aron, quien colabora, nada menos, que con Grizzly Bear. Ambos pertenecen a una vertiente más bien arty, por lo que resulta todo un riesgo calculado para aplaudir que utilicen el autotune, y que funcione decorosamente (no cualquiera lo logra).

Así es como pueden ser paródicos y contar su propia historia en “Boy Band”, que cita en ella misma a Talking Heads y Kraftwerk. Nunca hubiéramos esperado algo así de ellos y ese es su mérito.

Pero ya clavados en esos saltos al vacío –en los que caen parados-, el gran mérito se lo lleva la magnífica “Amb un ram de clamídies”, que musicalmente nos recuerda a Gorillaz, aunque esté cantada en catalán. El grupo ha dicho que es una manera muy suya de asomarse a los ochenta, por una parte (por su base de caja de ritmos) y también a la tradición de la canción italiana (tan Festival OTI, hoy Eurovisión). Se trata de un medio tiempo trotón que nos va conquistando con su porte y elegancia. Es un tema que para los inmersos en la tradición musical culé les llevará a toparse con dos sampleos familiares: de “Cal que neixin flors a cada instant” de Lluís Llach y, ya cerca del estribillo de “Ràdio Capvespre” de María Cinta; para los conocedores es un plus, pero al resto del mundo le funciona como una totalidad y sin esas referencias -¡Una gozada!-.

El universo de Manel es de y para los amantes de la música; hay quien dice que coquetean con James Blake en “Formigues” y que en “Aquí tens el meu braç” existe un soplo de “Paper Planes” de M.I.A. Hacia el final del disco colocan el primer cover en su discografía oficial (la versión de “Common People” de Pulp es buenísima, pero fue para la televisión) y, por supuesto, tenía que ser una versión para melómanos; eligieron una canción poderosa del repertorio de Nina Simone, que es original de Janis Ian y que ahora en catalán queda como “Les estrelles”.

Si Barcelona es un núcleo totalmente cosmopolita, ello debía de permear -y así lo hace- en músicos volcados sobre el oficio y sus pasiones. Componer en catalán es ya un posicionamiento político y una forma de asumir una carrera artística. Manel han hecho otro álbum intenso, ecléctico e impredecible. Manel están en la plenitud de su carrera y ello debemos disfrutarlo todos los que nos sumemos a su fiesta… una en la que ondeé la estelada y en la que nos podemos sentir universales escuchando música en catalán.