Terrorvision: monstruos cósmicos salen de la TV

Terrorvision vale la pena porque es una hija de su tiempo: ochentera, sin profundidad ni reflexiones sobre la humanidad. En lugar de ser cine de terror nos encontramos con una comedia súper exagerada de serie B.

Por: Luis Bernal

Cerca de casa había un videoclub que frecuentaba por la maravillosa sensación que solo los VHS podían dar y al que hoy culpo de mi gusto por este tipo de cine. Recuerdo bien la tapa de Terrorvision (Ted Nicolaou, 1986) con una imagen de una antena parabólica en la que había un ojo de alien y tentáculos que, siendo sincero, me causaban mucho pánico. De hecho nunca tuve las agallas para rentarla porque pensaba que si ya carátula me daba tanto miedo, muy seguramente la cinta me dejaría traumado por el resto de mis días.

Luego de un tiempo me sentí preparado. Entre las sustancias y el tiempo libre no me quedó más remedio que buscarla y me decidí a verla. Este filme inicia enseñándonos el Departamento de Sanidad, división de Seres Mutantes del planeta Plutón, donde un monstruo extremadamente feo es convertido en energía y lanzado al espacio por un funcionario de dicho planeta. Hasta aquí todo bien. Al ser convertido en rayo viaja por el universo rebotando de planeta en planeta, hasta que aterriza en la recién estrenada antena parabólica de una familia muy peculiar, compuesta por una pareja feliz, solida y con una fijación realmente preocupante por el mundo swinger; la hija, una morrita completamente ochentera, el chavito maravillado con la onda militar y las armas, y el abuelo, un anciano loco obsesionado con la guerra, la supervivencia y con una habitación que podría ser un búnker: Los Putterman.    

El expulsado monstruo vive en la televisión de la familia, y cada que cambian de canal o hacen algún arreglo se manifiesta físicamente haciendo todo tipo desastres. A todos estos personajes les sumamos el de una presentadora –con unos senos enormes–  de un programa de terror y algún secundario más. Esta cinta básicamente consiste en 83 minutos de observar cómo la familia lucha contra el monstruo hasta el final de la película y el desenlace. El argumento de este filme es lo de menos, de hecho lo podemos resumir en un par de líneas (jo): un monstruo alienígena se introduce en el televisor de una familia aprovechando la nueva antena y ellos se van dando cuenta que algo ocurre cuando desaparecen o tienen comportamientos extraños.

Lo importante de la película es la ambientación y las actuaciones hilarantes. Ya se sabe lo que va a suceder, pero en serio es de llamar la atención la clase de interpretaciones, la escenografía y las caracterizaciones de Terrorvision. Obviamente es complicado que alguien se tome esta película como lo que pretende ser, una de terror. Más bien tiene un toque entre el ridículo cine blanco de Capulina, la ciencia ficción más barata de la época y el ultra gore, pero con sangre verde.

Terrorvision vale la pena porque es una hija de su tiempo, ochentera, no hay profundidad ni reflexiones sobre la humanidad. Hablamos de que en lugar de ser cine de terror nos encontramos con una comedia súper exagerada de serie B. Hay escenas que llegan al surrealismo de tanto que exageran y gesticulan. Una escena verdaderamente magistral es cuando O.D., el novio metalero de la hija, escapa corriendo del monstruo, porque realmente ¡no corre!, se limita a agitar los brazos como si lo hiciera.

Amigos, amigas, amigxs, todo es tan terriblemente mísero y tan de cartón que sientes hasta cariño por una ambientación tan barata salida de una tienda de chinos. Les recomiendo que la vean con kilos de alitas al lado y sus respectivas cervezas. Es el combo serie B; claro, en la cama y en calzones.

Best: La incorrección política. En este tiempo y en este género las películas hacían y decían lo que deseaban sin pendiente de si se ofendía o no a tal o cual colectivo minoritario.