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Alexisonfire: Una carta de amor calibre .44 directamente a mi corazón

En cuanto abro los ojos, intento no volverme loco en la cuarentena del Covid-19 que todavía no tiene punto final. Así que escuché el disco homónimo de Alexisonfire y recordé la primera vez que oí el CD, con 18 años.

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This is a .44 caliber love letter straight from my heart [Esta es una carta de amor calibre .44 directamente de mi corazón]”. Es la frase más notoria del primer CD hecho por Alexisonfire, un quinteto canadiense formado en St. Catharines, Ontario que, justo un año después de su formación, en 2002 lanzó once canciones de un estilo musical que me sigue pareciendo inclasificable: tiene tintes de post hardcore y emo noventero, punk rock melódico con voces angelicales, un poco de metal; pero sin seguir el mismo rol de algunas bandas feas y contemporáneas que formaban parte de sellos como Tooth & Nail, Equal Vision o Victory (aunque de este último salió en 2001 Full colapse, de Thursday; otra obra maestra).

El título de aquel track con la frase más popular del álbum es .44 calibre love letter. Inicia con unas guitarras que quisiera escucharlas todo el tiempo al amanecer, en cuanto abro los ojos, intento no volverme loco en la cuarentena del Covid-19 que todavía no tiene punto final. Y, como cualquier privilegiado con un hogar donde pasarla, hace que me mantenga atado a una rutina que comenzaba a olvidar: escuchar discos de principio a fin mientras me ejército, hago el quehacer, leo noticias y dejo de pensar en el poco dinero que tengo ahorrado para emergencias, sin haber contemplado que también debía haber pensado en las pandemias. Por lo mismo, en cuanto reproduje el disco homónimo de Alexisonfire, editado por el sello independiente Distort Entertaiment, recordé la primera vez que oí el CD, con 18 años. Desde entonces tenía pendiente escribir algo… Más bien: escribirle una carta de amor calibre .44 directamente de mi corazón, a esta agrupación que su nombre, me parece, está basado en una actriz porno de su país.  No obstante, hoy en día, el ocio provocado por la contingencia me sirve para trabajar más que otras veces. El objetivo es huir de la ansiedad, no arrancarme la cabellera, borrar cosas innecesarias de mi cabeza, ya no repetir la canción de Bad Bunny, “La santa”, en alguna plataforma musical y, en cambio, emocionarme otra vez con los cuarenta y dos minutos que dura el material de estos canadienses.

Para eso se refleja en la portada del disco mi rostro: las marcas de acné en mis mejillas me dicen que fui realmente joven, que quemé algunos discos de esa grabación para que mis amigos con quienes hacia mis primeros pininos creando música, también conocieran a Alexisonfire. La finalidad era que se sorprendieran por los cambios de velocidad bruscos y deprimentes en canciones como Adelleda, Polaroids of polar bears, The Kennedy curse y Jubella, donde su sonido melódico y estridente, en el cual Donald Duck poseído por el Diablo, con un comportamiento taciturno, sensible y descontento por vivir gritaba: “WRITE YOUR NAME ON MY CHEST IN KEROSENE / SPARK A MATCH, AND YOU, WON’T, BE COLD AGAIN [ESCRIBE TU NOMBRE EN MI PECHO CON QUEROSÉN / ENCIENDE UNA MECHA Y TÚ NO VOLVERÁS A TENER FRÍO]”. Eso, por supuesto que en plena juventud, se convertía en una autodestrucción-emocional.

Sin embargo, lo que no ha envejecido de mi persona con la grabación de Alexisonfire son las dos chicas vestidas de colegialas (¿católicas?) que engalanan la portada del CD. Una tiene un cuchillo en sus manos y la otra, sin algo con que defenderse, se ve dispuesta a pelear como si fueran unos personajes de Battle royale (2000), aquella película japonesa y distópica que está basada en la novela del escritor, Koushun Takami. No lo sabía y esa foto la tomó George Pettit (voz). Para mí la imagen que hizo como tarea escolar, describe completamente el sonido de las once canciones lanzadas en 2002. Las partes habladas de la grabación despuntan y le dan más profundidad al álbum. En A dagger through the heart of St. Angeles hacen eso como si fueran una joven reencarnación de Allen Ginsberg. También, en Where no one owns dejan notar una de sus más grandes influencias: el director de cine, David Lynch, haciendo referencia a su film de 1977, Eraserhead, igual que a Blue velvet (1986); se basaron en la parte de un dialogo para su frase más recordada por quienes todavía escuchamos este material: “I’ll have to send you a love letter! Straight from my heart, fucker! You know what a love letter is? It’s a bullet from a fucking gun, fucker! [¡Tendré que enviarte una carta de amor! ¡Directamente desde mi corazón, hijo de puta! ¿Sabes qué es una carta de amor? ¡Es una bala de un pinche revolver, cabrón!]”.

Otro dato que no sabía es que George Pettit, Chris Steele (bajo), Wade MacNeil (guitarra y voz) y Jesse Ingelevics (batería) tenían 17 años cuando lanzaron el disco; Dallas Green (guitarra, voz y teclado), era el integrante más grande con 22. Entonces, me parece que la “inmadurez musical” de quienes aún eran menores de edad, junto a la “madures musical” de quien se convertiría años después en City & Colour, su proyecto folk, equilibran la grabación: 1) Los gritos de Pettit son desgarradores y guían las otras dos voces que están detrás de una forma más dolorosa. 2) La calidad vocal de Green enamora y destaca junto al juego dinámico de guitarras y bajos que hace con MacNeil y Steele, logrando ese ambiente sonoro tan deseado al amanecer. 3) La batería por momentos parece entorpecerse, pero los redobles y remates son exactos, dándole un toque único, ese algo que convierte al álbum en un objeto de culto (me ayudó a ampliar mis gustos musicales, me llevó a investigar sobre bandas canadienses de verdadero harcore emocional: conocí proyectos relacionados al sello Great American Steak Religion, como Shotmaker; icónica banda de los años noventa).

Mi sensación ante estas cosas, me hacen desear tener entre mis manos el disco pirata que compré en el tianguis de La Raza, donde invertía mis ahorros para descubrir bandas, previo a la era Internet. Quienes estén leyendo esto y conozcan ese tianguis al norte de la CDMX, tal vez sabrán que el sujeto de ese puesto era bastante chido y conocedor de hardcore. En parte, gracias a él, mi colección de CD’s incrementó y volvió más robusta mi carpeta que nunca faltaba en mi mochila, sin imaginarme que la grabación la realizaron en distintos estudios de Canadá, a consecuencia de la inexperiencia de Alexisonfire y su falta de dinero; tuvieron que recurrir a grabar algunas partes por la madrugada sin costo alguno. Después, lo que sucedió fue que se comieron parte del mundo: su video musical Pulmonary archery atrapó a miles de adolescentes que salieron a las calles a buscar el álbum. Ese video es clave, más que Counterprts and number them y Waterwings (and other poolside fashion faux pas). Muchos, gracias a eso, así gustamos de ellos, de su energía que para las viejas generaciones irradia el cliché emo-adolescente que se juntaba en la Glorieta de Insurgentes. Y, las nuevas generaciones, lo podrían relacionar con los cantantes de trap, Lil Peep o Cecilio G.

En 2009 el álbum fue disco de platino en Canadá: vendió más de 100 mil copias. Dine Alone Records lo reeditó en 2014. Acerca de esto último también me vengo enterando antes de comenzar a escribir estos siete párrafos, ya que jamás volví a seguir la carrera de Alexisonfire y sólo me quedé con el recuerdo de su sonido ambiguo que me sorprendió. Pero estando encerrado en un cuarto, atrapado por el fantasma del COVID-19, la grabación me deja reconocerme interiormente, y los sentimientos de adolescente me hacen pedazos casi de la misma forma, con los gritos y las distorsiones de este Self titled que su significado es nostalgia.