revenge of the nerds

Javier Ibarra: intrépida revancha nerd

Revenge of the nerds es un fanzine con el que Javier Ibarra, periodista y colaborador de La Zona Sucia, salda una deuda pendiente con su paso por la escena hardcore y emo.

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Conocí a Javier Ibarra primero por los textos de fina erudición punk que publica en las digitales páginas de este medio. Luego, durante las Jornadas de Música y Literatura de La Zona Sucia y la Feria del Libro UANLeer, compartimos unas cervezas y una charla sobre las sonoridades “urbanas” de nuestras infancias: la salsa en su caso, y la cumbia lagunera en el mío.

La pandemia nos tomó a todos por sorpresa escuchando el YHLQMDLG de Bad Bunny y su tapa de tintes apocalípticos. Y unos meses más tarde Javier lanza un fanzine donde reúne algunos textos que ha publicado en La Zona Sucia, Vice y La Tempestad. La portada no podría ser mejor: una imagen de Paul Pfeiffer (Josh Saviano) de Los Años Maravillosos, serie que ambientara nuestras juventudes nerd noventeras.

Conversé digitalmente con él sobre esta publicación que se puede conseguir en impreso si lo contactan vía su sitio web o en Instagram.

El fanzine es una parte vital de la cultura y la ética punk, y tal parece que este año ha sido esencialmente de resistencia, ¿qué pasó con este confinamiento que decidiste juntar algunos de tus textos periodísticos en este formato?

Prácticamente porque mis planes laborales y personales se vinieron abajo. Me veía viviendo por un buen tiempo en Monterrey, sólo que el virus y otras cosas lo cambiaron todo. Entonces decidí regresar a la Ciudad de México y sacarle provecho al confinamiento. Acá trabajaba como bicimensajero en TIG, la compañía independiente de unos amigos. Sin embargo, por el miedo colectivo y porque ya no me veo entregando de lleno todo tipo de cosas por la ciudad, se me ocurrió recopilar diferentes textos ligados al lado ñoño del hardcore, tomando en cuenta que iba a estar encerrado por mucho tiempo, y que gran parte de la historia de esa música, en un momento lo fue todo para mí. De hecho, me vino bien hacer un fanzine durante tres o cuatro meses, para así hacerle frente al estrés y la ansiedad. Las crónicas, entrevistas y demás textos que había publicado con ustedes, La Tempestad y Vice desde 2016, junto con un par de textos inéditos que hice en la cuarentena, ahora llevan el nombre de Revenge of the nerds. También era un fanzine que, creo, estaba pendiente por hacer desde que tenía como 18 años y tocaba la batería en una banda de este estilo musical.

A inicios de los dosmiles el emo, el hardcore y otros subgéneros que registras en tus textos estaban en plena ebullición en el norte de México. ¿Cuál es tu lectura personal de esa etapa?

Como sucedió en muchos lados del mundo, dicha “moda” llegó al norte de México en los primeros años del 2000, aun cuando el concepto de “emocional” en el hardcore existe desde 1985, sólo que no era algo popular. En el fanzine, de hecho, la entrevista que le hice al escritor catalán, Kiko Amat, se centra en saber qué demonios es el emo. Recuerdo que me dijo que era una música reveladora y trascendental, haciendo alusión a la canción “My better half” de One Last Wish, la cual data de 1986. Entonces lo único que pasó, fue que el hardcore para algunas bandas dejó de ser algo agresivo y, en cambio, comenzó a ser algo más introspectivo; eso convirtió en emocionales a varias bandas de la Revolution Summer, un movimiento musical que se gestó en la movida hardcorera de Washington DC en 1985, y que es de donde parte la historia del emo.

En Monterrey, que fue donde viví la época donde me acerqué al punk y hardcore durante los primeros años del 2000, hubo un montón de bandas hardcore, pero su estilo estaba más encaminado al metal, como era común en esa época. Incluso había un festival con esa misma línea que es muy recordado: el Hardcore Super Bowl. Solían tocar grupos de Estados Unidos y otras partes de México. Eso era lo underground en aquel momento: ir a los shows y ver a todos en el moshpit, como si estuvieran haciendo una coreografía de capoeria era impresionante. Aparte de eso, también estaban las bandas hardcore más apegadas al sonido clásico de los ochentas y noventas que aún tocaban rápido, con un sonido más punk. No obstante, también había un par de bandas que podría decir eran lo under de lo underground: Non Plus Ultra y OMA. Ambos grupos hacían un hardcore inclasificable, más ruidoso y, por supuesto, emocional. Tanto en su sonido como por su estética de chicos flacos y algunos con anteojos se salían del molde, de lo que para muchos debía representar ser hardcore, que era lo mismo a ser rudo y tener mucha testosterona. Non Plus Ultra y OMA simplemente hacían música o ruido a su manera, con la influencia de bandas estadounidenses de finales de los noventa que eran muy raras para la mayor parte de los escuchas de hardcore como Usurp Synapse, Saetia, Orchid, Jeromes Dream, Pg. 99, The Locust o Reversal of Man. Esas bandas junto con muchas más le inyectaron caos y una esencia personal a la música. En el fanzine, el texto que da inicio a Revenge of the nerds, cuenta un poco el aporte de Non Plus Ultra y OMA en aquellos primeros años del 2000. De hecho, Kiko Blake, baterista de División Minúscula, fue uno de los guitarristas de Non Plus Ultra, y es algo que tal vez mucha gente no sepa. Posteriormente, como proyecto alterno de División Minúscula, junto a su hermano Javier y otros músicos crearon Conspiración Alfa 5, que encarnaba esa etapa del hardcore más visceral o “artístico” que todavía hacen algunos adolescentes en distintas partes del mundo.

A casi 15, 20 años de distancia de esa época en México, ¿que ha quedado de ese sonido además de nostalgia?

Del emo y su popularidad han quedado millones de memes, ¿no crees? Es chistoso porque la mayoría de las personas asocian al “emo” con adolescentes maquillados que se planchaban el cabello y todo el tiempo estaban tristes. ¿Quién no recuerda aquella noticia de emos vs punx y krishnas en la Glorieta de los Insurgentes? Sin embargo, todo eso fue lo que los medios de comunicación hicieron viral, junto con esa camada de bandas depresivas para adolescentes que salían en MTV, o sellos discográficos como Tooth & Nail que, me parece, hasta la fecha edita a grupos cristianos que gritan y hacen como que lloran en sus canciones.

Lo que actualmente ha quedado de esas épocas, para muchos fue un sonido y un momento efímero que no se volverá a repetir. Y digo efímero porque la mayor parte de las bandas de hardcore emocional y caótico tocaron poco tiempo, no grabaron muchas cosas, hacían ellos mismos sus shows en sótanos  o en cualquier lugar donde pudieran tocar a ras de piso; en pocas palabras representaban lo que es DIY (Do It Yourself), y no se asemeja a lo que MTV quiso vender como música “emo”. Hoy en día siguen saliendo muchas bandas del mismo estilo que, a consecuencia de las nuevas tecnologías, prácticamente todo es más sencillo: grabar, hacer giras, contactar gente de otros países, etcétera. Los tiempos cambian, pero el espíritu nerd del hardcore sigue vigente para algunos cuantos. 

¿Hay algo que conecte La revancha de los nerds con tu primer libro, Una tragedia en tres acordes?

Sí, en Una tragedia en tres acordes viene una crónica llamada “Mantente violento: Cry Me a River Fest 2009”, la cual cuenta un viaje a Europa que hice en ese año para ir a un festival de hardcore caótico, emocional y nerd que data del 2000. Incluso este 2020 sería su última edición, pero el coronavirus lo recorrió hasta el próximo año. En aquel tiempo aún estaba bastante inmerso en esa música y cumplí uno de mis sueños juveniles. El texto lo escribí para mi libro debut aproximadamente unos tres/cuatro años atrás. También, a la par me llegó la nostalgia de mis traumas musicales de adolescente y fue cuando comencé a contactar a amigos y personajes que considero podían contarme cosas interesantes en relación al hardcore que nos volvió locos. Revenge of the nerds de alguna forma continuó con mi búsqueda de archivar la etapa juvenil/musical de muchos que crecieron oyendo este estilo de hardcore, o de los adolescentes actuales que aún escuchan las bandas viejas y nuevas. Por eso me pareció importante contar a mi manera la historia del screamo a la mexicana recordando algunas bandas que dejaron huella, hablar de la importancia que tienen Three One G Records y Ebullition Records dentro de este submundo, recordar al DJ Steve Aoki en su época hardcore con su ex banda This Machine Kills, entrevistar a Jayson Green de Orchid tomando en cuenta que se cumplían dos décadas del lanzamiento de su álbum Chaos is me, entre otras cosas que considero pueden resultar interesantes, ya que son cosas que siempre han estado a la sombra de todo lo popular del hardcore noventero y dosmilero. De hecho, dejé algunos textos afuera de este fanzine, por lo que tal vez en un futuro haga otro número o tal vez se formalice y se convierta en un libro, ya que todavía hay muchos cabos sueltos. Hasta ahorita creo que ha tenido buena aceptación, aun cuando sólo saqué un tiraje muy corto. Mi idea igualmente era mantener la esencia fanzinera de aquella época.

Si Paul de Los años maravillosos (quien aparece en la portada del fanzine) hubiera crecido en los noventa, ¿de cuáles bandas emo hubiera sido fan?

Seguramente de Indian Summer, Nation of Ulysses, Unwoud, Antioch Arrow, Swing Kids, Bread & Circuits y Portraits of Past. Incluso de esta última banda, Paul, en la portada, pareciera ser que lleva puesta una playera o un parche. Él encarna por completo el sonido y la estética del hardcore que forma parte de Revenge of the nerds.

Finalmente, si tuvieras que hacer en el futuro un fanzine sobre salsa, ¿qué artistas, sellos o escenas tendrían que aparecer sí o sí?

Qué difícil. La salsa es la música que siempre me remonta a mi infancia, a los tianguis y las calles y el barrio chilango. Lo mismo les pasa a algunos de mis amigos que siguen tocando en bandas de punk o hardcore, pero que a la hora de echarnos unas chelas, divertirnos y platicar, siempre sale a relucir la salsa y sus historias. Seguramente incluiría las portadas de la Sonora Ponceña que parecían estar inspiradas en el arte pop o los cómics, y eran realizadas por Izzy Sanabria. El supuesto encuentro entre Héctor Lavoe y Pablo Escobar, donde se dice el “Patrón del Mal” obligó al “Rey de la Puntualidad” a que cantara toda la noche el mismo tema: “El cantante”. La supuesta leyenda urbana de que parte de la Fania All Stars interpretó unas canciones en Tepito; en un reportaje que hice ahí sobre Jorge Carmona el “Lavoe de Tepito” y los músicos salseros de ahí, varias personas del Barrio Bravo decían que había pasado eso algunas décadas atrás. Algún perfil de Ismael Rivera el “Sonero Mayor” o Piper “Pimienta” Díaz. La historia de Impacto Crea, una orquesta de los años setenta que se formó en un centro de rehabilitación en Puerto Rico. Y, por supuesto, la grabación salsera de Manuel el “Loco” Valdés, quien entre sus canciones con ese ritmo hizo una muy buena llamada “Roberto Revolver”.