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| Taller de Periodismo Musical UANL - La Zona Sucia

Beirut: postales de un viaje permanente

Beirut es una de esas bandas que nos lleva a explorar los sonidos y nos transporta a diferentes escenarios: a las calles de Oaxaca durante una marcha fúnebre, a una fiesta gitana o hasta nos puede hace sentir que somos los protagonistas de alguna película francesa.

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Beirut es una de esas bandas que nos lleva a explorar los sonidos y nos transporta a diferentes escenarios: a las calles de Oaxaca durante una marcha fúnebre, a una fiesta gitana o hasta nos puede hace sentir que somos los protagonistas de alguna película francesa.

Por: Sarai Chávez

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Foto: Facebook Beirut

¿Alguna vez les ha pasado que viajan a un lugar, lo conocen, lo sienten, se les va enterrando poco a poquito en la memoria y después lo recuerdan con cierta nostalgia? ¿Sí? Bueno, pues para  mermar ese sentimiento algunos deciden crear; y esto fue precisamente lo que hizo Zach Condon, quien a raíz de esa añoranza, logró darle vida a su proyecto musical: Beirut.

La atracción por conocer nuevas culturas, lo llevó a explorar el mundo mediante la música y gracias a ello, esta banda estadounidense ha sabido combinar de manera muy interesante varios géneros y hacerse de un repertorio musical de 4 discos y 3 EP’s muy diferentes entre sí, que combinan canciones un tanto melancólicas y música de instrumentación compleja pero armoniosa, utilizando ukuleles, caracolas y hasta botes de basura.

Oriundo de Santa Fe, Nuevo México, Zach Condon se había sentido atraído a la música desde muy temprana edad. Sabía tocar la trompeta, luego aprendió a tocar el acordeón (que había pertenecido a su abuela y que se le obsequió luego de que esta falleció) y de a poco fue brotando en él la semilla que lo llevaría a convertirse en un músico multi-instrumentista. A los 16 años abandona la secundaria, viaja por Europa con su hermano mayor, y decide dedicarse de lleno a la música.

¿A qué suena Beirut?

El álbum debut de Beirut, Gulag Orkestar nace en el 2006, producto de la nostalgia que ese viaje le había provocado, donde conoció por primera vez la música balcánica y cuyo sonido influenció la mayor parte del disco. Con la ayuda de Jeremy Barnes en los tambores y Heather Trost en el violín (ambos miembros de la banda A Hawk and a Hacksaw), Condon grabó las canciones del álbum en donde aparte de cantar, tocaría una variedad de instrumentos como el acordeón, los teclados, el ukelele, cuernos y percusión.

Y es que al principio Beirut se había pensado como proyecto en solitario, pero en los discos siguientes, se convirtió en una banda completa: con más integrantes, pero siempre con Zach a la cabeza. En palabras de Chryde, uno de los creadores del proyecto web digital y musical The Blogothèque: “Beirut ha pasado de ser un proyecto de dormitorio a una banda de hasta diez personas; es una banda, pero no una banda. Es un feliz error, un desastre. Un grupo de gente ruidosa, indisciplinada y alegre”.

En el segundo disco The Flying Club Cup (2007) los sonidos influenciados por la bohemia francesa se hacen visibles. Para la primera parte del EP doble March of the Zapotec/Holland (2009), Condon y compañía viajan a Oaxaca donde se empapan de la cultura musical y terminan grabando con una banda tradicional oaxaqueña de Teotitlán del Valle. El sonido que predomina en esta obra será el de los metales de viento.

Por su parte en The Rip Tide (2011) se desprenden canciones con un sonido más pop clásico, pero sin dejar de ser acompañadas por trompetas y acordeones. Y para su último disco No No No (2015), se puede percibir una vibra más rítmica y optimista, con pianos, trompetas, órganos electrónicos y sintetizadores.

Condon ha tomado inspiración del mundo y además de proyectarlo en su música, ha plasmado el nombre de varios lugares en sus canciones (“Brandenburg”, “Bratislava”, “Nantes” o “Santa Fe”). “Es gracioso porque mi niñez, mi vida, e incluso el nombre de la banda, reflejan un estado en constante búsqueda de nuevas ciudades, centros urbanos, y lo que significan culturalmente para el resto del mundo”.

Por todo esto y desde el primer momento, Beirut saltó y logró convertirse en una de las bandas favoritas de la escena independiente. Han sabido desenvolverse de manera creativa en el escenario y fuera de él; hicieron giras por Europa y Sudamérica, conciertos en Estados Unidos y México que según las criticas, no decepcionan. Y aunque quizás no son tan diferentes a otras bandas que han hecho casi lo mismo, resulta interesante saber que este grupo no está casado con un mismo estilo (además del hecho de que Zach Condon tenía apenas 19 años cuando creo su obra maestra Gulag Orkestar).

Beirut es una de esas bandas que nos lleva a explorar los sonidos y nos transporta a diferentes escenarios: a las calles de Oaxaca durante una marcha fúnebre, a una fiesta gitana o hasta nos puede hace sentir que somos los protagonistas de alguna película francesa. Podemos escucharla mientras leemos, tomamos un café o viajamos por carretera. A algunos les agradará y a otros no. Quizás hay que escucharlos más de una vez o dejarlos para siempre. Y ya si lo que queremos es apreciar mejor la calidad de su sonido, entonces habría que ponernos bien los audífonos y dejarse llevar.

Sea como sea, con nostalgia o alegría, es seguro que cuando Beirut entra en nuestros oídos,  inmediatamente nos hará sentir algo. De nosotros dependerá si nos entregamos al sentimiento, si nos dejamos llevar o no por este viaje musical.