Cyborg, artes marciales made in Van Damme

Aquí tenemos a Jean Claude Van Damme en un futuro apocalíptico repartiendo patadas con sus artes marciales en una historia más simple que cualquiera de Valentín Trujillo.

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La historia que nos trae Cyborg (Albert Pyun, 1989) es puro y maravilloso cine ochentero y está sobre todo marcada por la saga Mad Max mezclada con Terminator con lo mejor de las artes marciales. La película nos cuenta que la Tierra está sumida en la destrucción por una plaga que se ha extendido entre la población, y en este futuro apocalíptico reina la anarquía social y todo es un puto caos lleno de maleantes y personajes de todo tipo imponiendo su ley. Sólo la hermosa Pearl, mitad humana mitad robot, posee el conocimiento necesario para desarrollar una vacuna que pueda salvar el mundo de tal situación. Pero Pearl es capturada por un grupo de piratas del futuro que pretenden apoderarse del antídoto. Ahora, sólo el héroe Gibson (Jean Claude Van Damme) con su increíble habilidad para la lucha y el manejo de las armas, podrá rescatarla y salvar lo que queda de civilización. Lo sé, argumento más que original y divertido.

Lo gracioso de esta cinta y lo que la hace atractiva como película es lo despreciable que resulta. Digo, lo Serie B y su obviamente su historia interna. Los personajes se llaman como marcas de guitarra e instrumentos: Gibson, Fender, Pearl; wey, eso es divertidisimo. Los decorados son, en fin, esa clase de decorados kitsch. Pero Van Damme sale victorioso de todo eso erigiéndose como el protagonista absoluto y luciendo todo su repertorio de chingadazos en la película.

La historia interna es encantadora, porque esta película se hizo para que Cannon, la productora, aprovechara el pastizal que se había gastado en disfraces y decorados para dos películas que no llegó a rodar, un film de Spiderman y la secuela de Masters del Universo. Con tanto dinero gastado, decidieron hacer este filme, y en un fin de semana el director Albert Pyun se sacó el guión de la manga. Se gastaron 500.000 dolarucos y recaudaron más de 10 millones a nivel mundial, así que si tenemos en cuenta que hablamos de una serie B que se gestó en un fin de semana, la palabra exitazo se queda corta.

Lo mejor de esta película es, sin duda, su absoluta falta de pretensiones y el ser un producto 100 por ciento pensado para consumirlo, disfrutarlo u odiarlo en el acto, y olvidarlo. A ver, aquí tenemos a Jean Claude Van Damme en un futuro apocalíptico repartiendo patadas con sus artes marciales en una historia más simple que cualquiera de Valentín Trujillo. Si van a verla les recomiendo comprar mucha chatarra y refrescos. Van a disfrutarla. Sí, Cyborg es mala, y es olvidable, pero oye, ahí tenemos a Van Damme en su época de esplendor dorado.

Best:

Nada es imposible cuando se trata de Van Damme.