Iván García: un trago de ajenjo y poesía para el rock mexicano

Conversamos con el autor de “Soundtrack para una cinta de terror” a propósito de Tormenta su disco más reciente, luego de diez años de carrera moviéndose tras los reflectores del mainstream.


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iván garcía

“No puedo escapar de todos vicios, mis miedos, mi mediocridad; me quisiera arrancar el rostro y guardarlo al lado de mi otro disfraz”, así arranca “Panteón”, una de las 14 canciones que conforman Tormenta, el tercer disco formal del músico poblano al lado de Los Yonkis. Lo que supone un regreso con banda completa tras de editar el extraordinario Sal Paraíso (207), que firmó en solitario y que implicó un tratamiento más folk a sus composiciones.

El caso de Iván García es ideal para remarcar que no existe un solo rock mexicano; que se trata de esferas o escenas simultáneas que presentan condiciones y exigencias muy distintas. Cierto, hay un pequeño círculo que concentra la atención mediática, independientemente de la calidad de sus miembros.

A la distancia hay una serie de creadores que pican piedra, pero a los que les cuesta un esfuerzo extra cualquier avance notable en difusión y exposición. García es un espléndido letrista –muy cercano a los beatniks y a flaneurs como Rimbaud-, lleva diez años de carrera y aun no da el salto definitivo hasta los escuchas que se decantan por San Pascualito Rey y Nacho Vegas.

Convencido a ultranza de las bondades de la independencia, conversamos con el autor de “Soundtrack para una cinta de terror” a propósito de un disco en el que controló todos sus componentes y en el que también cabe una reivindicación de otros cantautores que –como él- se mueven tras de los reflectores del mainstrem.   

Me parece que una aportación interesante de Tormenta pasa en que te hagas acompañar por Gerardo Enciso (más rockero) y Gerardo Peña (más cancionero). ¿Buscabas conectarlos con tus seguidores (que son más jóvenes)? ¿Mostrar que hay un nutrido grupo de creadores independientes a los que no les ha hecho justicia la revolución?

Grabar con dos íconos de mi adolescencia fue el móvil. Enciso es y será una leyenda del rock en México. Con Peña siempre he tenido la impresión de que está mal ubicado en la escena musical, en vivo es uno de los cantantes folk más impresionantes de este país.

A diferencia de otros de tus discos, Tormenta no me entró de golpe y a la primera; sin embargo, fue ganando con el tiempo. ¿Ha sucedido esto con otros escuchas? ¿Estas canciones requieren de repasarlas varias veces para asimilarlas bien?

Con los años pasa que los textos maduran; me parece que Tormenta es un álbum con una lírica más compleja y emparentada con la literatura. Por lo dicho será una obra que no se digiere al primer sorbo. Necesitas tomarte la botella entera para caer en su resaca.

Me parece que tu carrera se encuentra en un punto que podría proyectarse con mayor fuerza, ¿a qué se debe que optes por controlar todo del disco y mantenerte en la independencia y no probar con algunas alianzas de apoyo que le dieran más fuerza?

Sigo creyendo en el arte y su libertad, aunque vivo en la marginalidad artística ya sobrevivo de manera económica de mi obra. Por el momento no me es necesaria la transmutación del indie al mainstream. Me gusta estar del lado oscuro de la luna.

“Brindis” abré el álbum y nos lleva hasta ciertas referencias musicales menos rockeras y más populares. ¿Cómo surgió y qué buscabas con ella? ¿Supone algún tipo de riesgo ante lo que esperan tus seguidores?

Es influencia del maestro Alberto Aguilera y de mi cantineo cotidiano. Cada vez insisto más en que debemos de hacer un nuevo rock mexicano, que nos acerque al sincretismo azteca, pero no sólo sonoro sino también lírico. ¿Dónde quedó el “Qué viva el mole de güajolote”?

En ese sentido, ¿cómo ha reaccionado la gente ante un tema como “Cuerpos”, centrado en la poderosa poesía de Max Rojas?

Tuve la oportunidad de beber tequila con Max y también de beber de su obra. Me parece que junto a Bonfáz Nuño es mi poeta mexicano favorito. Para mí fue un profundo homenaje al poeta y no he reflexionado mucho en la gente y su sentir.

Una pieza tan redonda e impactante como “Farlopa” –con cameo de Dylan incluido-, expresa muy bien tu estética sonora y tu ética de vida, ¿consideras que así es? ¿la consideras emblemática? La encuentro muy emparentada con “Taxidermista”.

“Farlopa” es un homenaje a mi ciudad. Es el relato de la vida subterránea de Puebla, es un country salvaje y etílico. Es una de mis piezas favoritas en vivo, sobre todo al lado de los Yonkis, mis hermanos.

“Taxidermista” es el lado bolesco de mi obra; espero algún día montarla como fue planeada, a ver si por ese lado si nos abrazamos de alguien que si anda bajo los focos de la fama y al cual ya le hice llegar la canción y le gustó (nada menos que Pascual Reyes).

Uno revisa las publicaciones de tocadas y festivales, y una percepción primera es que la situación del rock nacional fuera muy favorable. ¿Hay mejores opciones de trabajo para artistas independientes? ¿Las condiciones están mejorando para quien empuja desde la provincia o es mero espejismo?

Yo veo festivales a raudales, pero la misma onda, las mismas bandas; a mí me interesaría un festival centrado en la canción ¿Dónde está Neil Young? Quiero ver un flyer con Nacho Vegas, Micah P. Hinson y Daniel Johnston. No con Bronco, los Ángeles Azules y Caloncho.

Aún creo en la libertad de los artistas independientes, al generarse sus propios espacios o foros. Los festivales de rock siguen siendo al final negocios de unos cuantos y las bandas underground un ornato para su galeria de los mismoa headliners, las mismas “leyendas” que viven del pasado.

Me parece importante participar en todos los escenarios, festivales, bares, antros, pubs, carpas, ferias; siempre y cuando presentes tu obra sin censura.