Gorilas en la niebla

Un periodista casero

Fernando Cavazos ejerce el oficio desde su cama. No sé si extraña las rotativas, el olor del papel, el teclado de la maquina de escribir. No sé. No habla de eso. Es como si en realidad no le importara. Pero, eso sí: escribe.

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Fernando Cavazos ejerce el oficio desde su cama. No sé si extraña las rotativas, el olor del papel, el teclado de la maquina de escribir. No sé. No habla de eso. Es como si en realidad no le importara. Pero, eso sí: escribe.

Por: Gabriel Contreras

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Se trata de un periodista casero, que ejerce el oficio desde su cama. No sé si extraña las rotativas, el olor del papel, el teclado de la maquina de escribir. No sé. No habla de eso. Es como si en realidad no le importara. Pero, eso sí: escribe.

Fernando Cavazos Torres, Arnulfo Vigil, Gerson Gómez, Joaquín Hurtado, son periodistas dueños de una ruta muy particular en el norte de México. Son testigos inconformes, contundentes, rebeldes. Son plumas que no ceden a la tentación del cochupo, el contrato subterráneo o el chayote. Nadan contra la corriente y juegan un partido que está perdido desde antes de comenzar. Entre ellos, se establece la paradoja. Uno de los más activos es, al mismo tiempo, un periodista que no puede desplazarse al lugar de los hechos. Fernando Cavazos Torres está creando en estos momentos una imponente colección de entrevistas con luchadores mexicanos, juega en su imaginación con trazar una novela en la que conviven Cuauhtémoc Zamudio y Akilez Morán, traza elementos de perfil para dibujar a Zancudín y Pinolillo, y sabe que el periodismo no paga pero bien que duele. Fernando Cavazos escribe todo el día. “Tenía una Tablet que ya me la acabé, y ahora tengo una más, la traqueteo desde que amanece. Trabajo acostado, y hago mis entrevistas por teléfono”.

Por muchos años, Fernando fue vecino del comediante Luiki Wiki, que ahora anda de bar en bar y de teatro en teatro. Ahora, en la casa de Luiki Wiki vive otro comediante, que se pasa las noches peleando con su mujer: “las paredes retumban con los fregadazos”.

[perfectpullquote align=”right” bordertop=”false” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]Fernando comenzó en el El Norte, pidiendo trabajo a las puertas del periódico, y se formó en la calle, reporteando, y poco a poco fue pasando de un periódico a otro, hasta que hoy se halla ligado a una silla de ruedas.[/perfectpullquote] No hay mascotas, no hay niños, no hay plantas. La casa de Fernando Cavazos es sencilla y compacta. “Vivo aquí desde los días en los que trabajaba en El Nacional, con Héctor Franco”. En El Nacional Cavazos hacía de todo, desde participar en cosas de imprenta hasta redactar y vender. “Llega el momento en el que ganas mucha lana porque sabes hacer de todo”. Así le pasó también en su momento a René Martínez, un periodista de los días de Cavazos, que lo mismo abordaba una nota policíaca que un comentario político, una foto deportiva o una formación de página. “Trabajo todo el día, porque no tengo otra opción”, dice Cavazos, y  nos cuenta que hace algún tiempo trabajaba en cosas de comedia. “Tenía mi show al lado de Juan Pestañas y nos iba bien, allá en la televisión de Cadereyta”. Él comenzó en el periódico El Norte, pidiendo trabajo a las puertas del periódico, y se formó en la calle, reporteando, y poco a poco fue pasando de un periódico a otro, hasta que hoy se halla ligado a una silla de ruedas. En realidad, eso no le importa mucho porque sigue escribiendo, preguntando, aguijoneando al oficio como en sus mejores días. “Te puedo decir que, a lo mejor parece absurdo, pero resulta que escribo más ahora que cuando podía moverme”. Como está encerrado, toma uno y otro proyecto, y los va trabajando de manera paralela, va despachando sus ideas sin distraerse, sin perder el tiempo. Fernando Cavazos intuye que, por razones de la naturaleza humana, no le queda mucho tiempo, pero como todo es incierto, hasta la muerte, vive la vida con entusiasmo, esgrimiendo bromas, y poniendo toda su generosidad en los retratos de luchadores que día con día va forjando. “La vida de los luchadores no es fácil. El oropel brilla, sí, pero la realidad de sus vidas es mucho más dura que el ring. No es difícil encontrarlos trabajando en una revistería, o como boleros, o en el oficio de albañil. Los luchadores tienen un ciclo de estrellato muy corto, si lo tienen, y además nadie les asegura que van a ser estrellas. La vida de ellos es casi siempre una historia triste”.

Sin decir agua va, aparecen unos burritos en la mesa, y Fernando Cavazos nos platica que en estos días le van a hacer una operación. “Mis amigos se ríen de mí, porque dicen que yo tengo todas la enfermedades, pero yo me río, ¿Qué voy a hacer?”. Fernando Cavazos escribe, todos los días, sin descanso, sin más perspectiva que hacerlo hasta el final. Se ríe de la vida y la mira de frente. Escribe.