The Killer Film y las Luchamovies

El cine de luchadores es una de las expresiones escénicas que más público supo acumular en México. En algún momento, fue no solo una gran atracción, sino una verdadera fiebre entre las clases populares. Terror del rudo (El cine de horror y lucha libre), de The Killer Film, el Crítico Enmascarado, es uno de los escasos libros que abordan esta ruta cinematográfica.

Por: Gabriel Contreras

killer film
Foto: Facebook The Killer Film

Pensar el cine de luchadores es uno de los grandes desafíos para la cultura popular mexicana de los últimos cincuenta años. Visto en perspectiva, el cine de luchadores es una de las expresiones escénicas que más público ha sabido acumular en cines de piojito, grandes salas, plazas y bodegas en nuestro país. En algún momento, fue no solo una gran atracción, sino una verdadera fiebre entre las clases populares. Y por cierto, existen muy pocos acercamientos a esta ruta cinematográfica, que de manera irregular ha ido fijando su huella en nuestra memoria colectiva. Terror del rudo (El cine de horror y lucha libre), de The Killer Film, el Crítico Enmascarado, es uno de los escasos libros que abordan esta temática. Este libro, de factura impecable, fue editado por Samsara, y en su breve cuerpo nos describe cómo esta invasión de espectros, monstruos y héroes sometió al gusto de niños y jóvenes entre los años cincuenta y los setenta. Así, entre momias, profanadores de tumbas, cíclopes, vampiros y zombies, se harían famosas las figuras de El Santo, Blue Demon, Mil Máscaras, y otros titanes del ring.

Hoy, lo cierto es que todos esos fotogramas se hallan estacionados en el museo de la nostalgia. Sin embargo, el libro de The Killer Film los arranca de la tumba, les inyecta vitalidad, y nos permite visitar los argumentos, los sets y las dinámicas narrativas de todo ese universo fantasmagórico, cuyas luces brillan ya tristemente a lo lejos.

The Killer Film nos muestra con sutileza e inteligencia cómo el luchador se fue convirtiendo en una pieza fundamental de la vida imaginaria de México, al significar la opción que nos iba liberando de amenazas, achaques y asesinos a cada momento. Al margen de la ley, el luchador enmascarado encarnaba y ejercía la justicia a mano limpia, haciendo de cada calle un ring, y de cada bronca un reto. Así, desde Mérida hasta Ensenada y desde Tuxtla hasta Nuevo Laredo, la fama del luchador benéfico y valiente se fue cubriendo de prestigio, hasta reencarnar en muñequito de plástico, o bien en un poster pegado en la pared.

Un elemento verdaderamente característico en este libro, es el papel verdaderamente singular que juega el autor de la obra. Se trata, excepcionalmente, de un autor que forma parte del tema, ya que el mismo va por la vida enmascarado. Yo no conozco ningún otro caso en el mundo. O sea, hay guerrilleros, hackers, ladrones y luchadores que viven enmascarados, y hay escritores que se niegan a ser vistos o fotografiados, pero no tengo noticia de que exista otro autor que oculte su rostro bajo una máscara de lucha. Eso, eso vuelve aún más raro a este libro, que por cierto vale la pena tener sobre la mesa.

Toño sin remedio

Camino por una plaza comercial. Frente a un restaurante veo a un hombre de más 30. Está asoleado, triste, el pantalón roto y sucio. Me da mucha tristeza y decido invitarlo a comer. Se llama Toño. Entramos al restaurante y constato que realmente tenía hambre. Me cuenta que su familia fue abatida en Nuevo Laredo y que ahora vive debajo de un puente. “Mi esposa y yo nos vinimos a Monterrey de aventón en un trailer”. Me dice que la policía lo ha asaltado y que no sabe qué hacer. Es albañil. Marco el número de un amigo ingeniero.  Le consigo trabajo. “El lunes a las diez”. El lunes, mi amigo Wicho acude para conocer a Toño. Toño está urgido de trabajo. El único problema es que realmente no quiere trabajar.