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A las profundidades de Ray Loriga, desde la comodidad de un no-lugar

Ray Loriga irrumpió en la literatura con insolencia y desparpajo; trajo ese espíritu libre y arisco del rock and roll y algo de su épica a sus primeras novelas. Nos sentamos a conversar con el escritor español en la ciudad de México.

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Ray Loriga

A veces hay que tirar los dados y apostar con fe; pueden ser que arrojen la combinación elegida. Uno pide y destino –siempre caprichoso- alguna vez concede. Me reúno en un hotel del barrio de Polanco en la Ciudad de México con un escritor que resultó un punto de inflexión para mi generación –de pronto es como ponerse ante el espejo-.

Ray Loriga (Madrid, 1967) irrumpió en la literatura con insolencia y desparpajo; trajo ese espíritu libre y arisco del rock and roll y algo de su épica a sus primeras novelas. Con el tiempo ha probado con el cuento, guiones y películas y múltiples colaboraciones periodísticas.

El éxito siempre provoca envidias y polémicas; Loriga ha estado en lo más alto y también sorteado dificultades. Una temporada se escabulló a Nueva York para retornar con nuevo aire para sus historias. De enfant terrible a ave de las tempestades, según la crítica. Nada de eso parece ser cierto, cuando me siento en una pequeña salita con un tranquilo hombre barbado que apenas regresa de comer.

Sabe ser un profesional y se muestra dispuesto; espero que alguno de los ases que guardo bajo la manga lo saque del sopor posterior a unos buenos platillos chilangos y algún digestivo.

Cuando se acordó esta entrevista hice una pequeña nota previa y la compartí en redes; la respuesta fue muy entusiasta. Los comentarios venían de personas que te vienen siguiendo desde hace 20 años; ¿sientes que eres un escritor generacional? en el sentido que tus lectores crecieron contigo.

Particularmente en México me sucede mucho esto. En España hay una parte de lectores que me descubrió con el premio Alfaguara. Habían oído hablar de mí, pero a lo mejor se engancharon apenas con lo del premio. Hay una gran cantidad de lectores que crecieron conmigo. En México desde que llegué, me he sentido muy bien. Hace veintitantos años enganché con el público lector y cada vez que vengo me vuelven a traer los libros anteriores para que los firme. Otra cosa buena es que me encuentro con una generación nueva, personas de 20 a 22 años; lo cual me hace una ilusión enorme. Ambas cosas, los lectores que hemos crecido juntos y la de los nuevos. Me sorprende que un libro añejo tenga la capacidad de conectar con lectores nuevos.

Me atrajo una entrevista, en la que dices que mucha gente esperaba que fueras un one hit wonder y aún sigues aquí con una extensa bibliografía; ¿desde el principio tenías la certeza de no ser “flor de un día”, sino un escritor de carrera larga?

Tenía esa disposición y esa ambición. De hecho, cuando saqué la primera novela (Lo peor de todo), no pasó ni un año para que la otra viniera en camino (Héroes). Para cuando seguía en la promoción, ya estaba como loco con el segundo escrito. Esperaba que fuera un oficio para largo; es verdad, que el primer libro tuvo muy buenas reseñas y críticas, pero tenía muy pocos lectores. Fue hasta el segundo cuando empezó a venderse y traducirse en varios idiomas. Ahí visité por primera vez México y gran parte de Latinoamérica; me encanta que sea el país en el que más he vendido. Me siento como en casa, tengo amigos de años; escritores y lectores.

Has contado que Sábado, Domingo se escribió gran parte cuando estabas de gira en promoción del premio Alfaguara con Rendición; en ese sentido, hay una canción muy famosa de Charly García, “Pasajera en Trance”, que dice: “que el amor es como vivir en aeropuertos”. ¿Qué tan cómodo te sientes de trabajar en esos “no lugares”?

Hoteles, aeropuertos; donde puedo y cuando puedo. Me siento muy cómodo. El problema de la promoción es que no te deja tiempo. Fueron muchos meses, muchos viajes. Pero siempre había algún momento. Es verdad a medias que la novela la escribí durante esos viajes; ya estaba muy avanzada cuando salió esto. Durante aquel viaje pude afinarla y terminarla sin presión alguna. Después de un día entero hablando de un libro que ya has escrito y publicado, poderte zambullir un poco en lo siguiente es benéfico para la salud mental. Habiendo terminado la gira, lo rematé mucho más tranquilo. Es por eso que han salido tan seguidos.

Pensando en las primeras novelas, pasando por Rendición y llegando hasta la parte de Hotel Tuxpán, ese epílogo de Sábado, Domingo, resultan todos una especie de viaje; ¿sería que el viaje, más allá de estar presente en la historia como tal, un elemento fundamental en toda tu obra?

En gran medida sí, porque, por circunstancias de trabajo, he estado viajando mucho. Estuve 6 años viviendo en Nueva York, pero iba constantemente a Alemania, Holanda, Rumania, gran parte de Latinoamérica. Me he acostumbrado a vivir mucho en hoteles, carreteras. Paso más tiempo así que en casa. De hecho, de repente a los hoteles les llamo casa. Me viene bien eso de los “no lugares”. Me resulta fértil para la escritura estar en un lugar donde no hay nada que te distraiga. No hay una foto de tu familia, el decorado es ajeno; no hay nada que te relacione. Aunque pase de la habitación de un hotel en un país a otra en uno diferente, la escritura sigue el hilo. Así nació un poco Tokio ya nos quiere.

De repente, a los hoteles les llamo casa. Me viene bien eso de los “no lugares”. Me resulta fértil para la escritura estar en un lugar donde no hay nada que te distraiga.

En esta nueva novela existen estas dos voces contrastantes del mismo personaje; primero siendo muy joven y luego 25 años después ya con muchas vivencias y fracasos a cuestas. ¿Qué papel juega en tu obra la concepción de la estructura como tal? ¿Cómo se equilibra más allá de la elección del tema? ¿Es tan importante la estructura para ti?

Gran parte del asunto para mi es la decisión de la estructura. Es como la nave de un barco en el que vas a navegar. Diseñar el casco y los 3 palos de ese barco. En el caso de este libro, tengo la estructura muy clara. Son dos voces que funcionan como un narrador enfrentado, que cuenta básicamente lo mismo, pero con voz distinta y esa era la estructura que me nació desde el principio. Novelas como Tokio… tienen una estructura en espiral, todo el tiempo es un bucle que va de un lugar a otro. También la idea en Tokio… fue contar algo desde la memoria. El lector es el que hace de memoria al narrador. El narrador no tiene memoria, el lector va acumulando más información conforme va pasando hojas. El narrador comienza a preguntarse ¿que hice ayer? ¿Qué pasó? Y finalmente es el lector el que tiene más memoria. Digamos que el peso de la propia narración la va llevando el propio lector. Son estructuras en las que pienso mucho y me planteo cual es el formato adecuado para cada una.

Sábado, Domingo reconstruye un mismo hecho, al tiempo que ocurre y 25 años después; pero la gran sorpresa para el lector está en el Hotel Tuxpan, no esperarías que hubiera esta pequeña coda. ¿Funciona como un contrapunto para el resto de la novela?

De alguna manera es como el final de algunas películas. Piensas que se ha terminado y vuelve a aparecer el monstruo. Esos dos días están marcados con esas vivencias. Esas reflexiones de cada día, esos dos puntos de vista. Se cierra el telón al final del domingo y después aparecen esas escenas como especie de historias posibles siguientes. Y si hay cierto elemento de luz al final del túnel.

Un punto importante de tu completa es la presencia de la música. Cuando leía esta última novela, no la encontré tan presente. De repente apenas suenan The Motels y Supertramp. Más tarde aparece “Amarra un listón amarillo al viejo roble”, una canción que tiene que ver mucho con los soldados que se van a la guerra, con la esperanza de que vuelvan. ¿Cómo fue que el personaje principal tomara de pretexto esta canción tan rara, en cierto sentido?

También la escuchaba y pensaba fuera de época. Me gusta la idea de esa canción. Cuando estaba en el proceso de esta novela, la volví a escuchar y me brincó la idea de “si me quieres aunque haya pasado mucho tiempo, ata ese lazo amarillo a un viejo roble”. Tiene una letra muy bonita, da a entender que el tipo ha salido de la cárcel, que ha pagado sus cuentas. Aunque igual puede sonar un poco como la canción de un stalker. Luego tiene ese lado romántico, sutil. Demostrando que no es una amenaza y diciendo “no te preocupes si no veo ese lazo amarillo cuando pase por tu casa, seguiré mi camino”. Es un poco como el personaje, cuando por fin se atreve a intentarlo en serio con Virginia, pero finalmente si no ve el lazo amarillo, pasará de largo.

Otro elemento clave en tus novelas es la fragmentación, ¿Por qué en esta última no se da?

También he tenido mis novelas un poco más lineales -como esta-. Cuando hago un libro, conscientemente lo planteo como si fuese un doble o triple Lp. Van componiendo una historia. Pensado como un disco sin música. He salido en la portada, como si se tratará de un disco de Dylan o Leonard Cohen o Jimmy Hendrix. En Rendición va de otra cosa, es un mundo inventado, sin referencias generales. En este son pequeñas notas para situar y contextualizar la época. Se escuchan canciones de cierto tiempo, y de alguna manera eso me ancla en una época concreta.

Otro elemento notable es la transversalidad de la cultura en tu obra, porque mucha gente te ubica cercano al cine en ese contexto, esta novela a mí se me hace mucho más cercana a Madrid.

Es el libro en el que Madrid juega un papel importante en la descriptiva. Aparece en pequeñas notas y pinceladas, hasta tomar cuerpo. Es algo que no había hecho en otras novelas; por ejemplo, Rendición sucede como en una comarca, un lugar no lugar, no hay referencias claras a ningún país. Por ello es que funciona aquí en México, en Colombia, en Miami. Este si es un libro que se ancla en una ciudad concreta, no sé porque me apeteció que fuera Madrid.

De repente hay una gran cantidad de escritores que cuando les preguntas de la relación con su obra, dicen que no regresan a sus libros y raramente leen alguna página. En tu caso, has tenido muchas reediciones, y eso hace que tengas que revisarla con frecuencia, ¿Cuál es tú relación con ella?

Sin orgullo ni presunción desmedida, todo lo que he escrito logra que hoy duerma tranquilo. De alguna manera, creo que nadie se queda completamente contento con lo que ha escrito. Se corrigen cosas o se piensan en otros desenlaces. Me siento tranquilo con lo que he escrito, se parece mucho a lo que he intentado en cada libro. No es que me siente a leer una y otra vez mis libros. Por ejemplo, cuando pasó lo del premio, se reeditaron casi todos y solo revisé que no hubiera erratas nuevas. Aprovechar para retocarlos sería un trabajo de locos, como inmiscuirme con el escritor que era, al cual respeto; y abandonar un poco al escritor que soy, y que me gusta. No tengo ningún libro que me avergüence, duermo muy tranquilo.

Cuando alguien salía con un libro nuevo, le tiraban diciendo: “ahí viene otro que quiere ser Ray Loriga”. A lo mejor le he hecho daño a otros colegas.

¿Crees que en algún sentido, la crítica española ha sido excesivamente dura con tu generación?

Realmente no. No sé si con toda la generación, pero conmigo no. Es curioso, pero alguna vez se dio el mal entendido de que había sido atacado. Cuando publiqué el primer libro, fue más un éxito critico que de ventas. Realmente la crítica de más peso, que probablemente siga siendo la de El País, fue la que me puso en el plano. Quizá con Héroes fue cuando llegaron las ventas más grandes en México y Latinoamérica. A partir de ese, Tokio y Rendición, han sido libros que han tenido muy buena crítica y una respuesta estupenda. Quizá con la generación, fue culpa mía indirecta, porque cuando alguien salía con un libro nuevo, le tiraban diciendo: “ahí viene otro que quiere ser Ray Loriga”. A lo mejor le he hecho daño a otros colegas.

Una de tus grandes pasiones es el futbol, ¿has tomado alguna lección propiamente de él, que te haya servido para el desarrollo de tu obra?

Probablemente no. Me gusta muchísimo el futbol; he escrito para periódicos deportivos. Es lo que más me gusta, que no tiene absolutamente nada que ver con la literatura. Cuando veo un partido, me olvido completamente de que soy escritor. Me conecta con la infancia más absoluta, cuando veía y jugaba futbol. Me vuelvo un aficionado más. No hay análisis de reflexión más allá del propio juego. Sí me gusta estudiar las estadísticas, los números de cada juego, cada entrenador. Soy seguidor del Real Madrid, y no lo relaciono con la literatura.

¿Qué es lo que esperas la próxima temporada como madridista?

Este año fue desastroso. Todos sabíamos que esta temporada iba a ser de barbecho. Tantas Champions seguidas era una locura. No se había ni soñado que eso pudiera suceder. Ganar 4 Champions en 5 años, cuando la media para otros equipos es de 4 Champions en 100 años. Más en la época Messi era bastante inaudito; contra toda la serie A, la Premier.  Sabíamos que este año se habían ido Zidane y Cristiano, la edad de los jugadores influía. Los más optimistas pensamos que era un año para luchar por la liga en serio, pero de milagro quedaremos en tercero. Hemos sido un desastre.