Alex Lora: Cinco décadas de rock en el México de nunca jamás

Pocas letras de Alex Lora aguantan el paso del tiempo, mucho menos el análisis crítico; sin embargo sus conciertos son energéticos, ásperos, eternamente adolescentes,Peter Pan en cuero negro y estoperoles.

Por: César Casillas

alex lora tri
Foto: Carlos Luna – Secretaría de Cultura CDMX – Flickr (CC BY-SA 2.0)

Pocas bandas de rock pueden presumir 50 años de carrera, menos aún pueden saberse trascendentales en el crecimiento del género en su país. Alex Lora consiguió a lo largo de cinco décadas posicionar su nombre como sinónimo de rock mexicano, con El Tri logró ganar adeptos y detractores, vivir éxitos y fracasos, pero todo esto siempre encima de un escenario.

Diez días después de la masacre de Tlatelolco, Alex Lora tuvo su primera tocada. Cuando el gobierno asesinó estudiantes a plena luz del día por exigir libertad, la prensa calló y al día siguiente todos continuaron con sus actividades, Alex Lora decidió rockear.

A partir de aquel 68 se le vino encima el rock, con su clandestinidad, sus hoyos funky, Avandaro, la represión, la satanización, la protesta, el sismo, Rockdrigo debajo de los escombros, el Rock en tu Idioma, el resurgir, el éxito de los ochentas, MTV, la crisis del 95, el Hoyos en la bolsa gritando “que regrese Salinas, que regrese…”, la nostalgia de fin de siglo colándose en las listas de popularidad, el Sinfónico, la cruda de los 30 años, la decadencia, la supervivencia, el seguir acumulando años tercamente, sin disquera, sin oropel ni luminosas marquesinas.

De Three Souls In My Mind a El Tri, del anonimato al éxito y del éxito a la nostalgia. Alex Lora es más icono que músico, más gritante que cantante y una suerte de juglar urbano que le cambió la letra a “Like to hurricane” de Neil Young para hacer impunemente una “Triste canción”, que hizo de “Perro Negro” el canto para los desadaptados y rotos, que hizo himnos con trozos de papel periódico.

Pocas letras de Alex Lora aguantan el paso del tiempo, mucho menos el análisis crítico; sin embargo sus conciertos son energéticos, ásperos, eternamente adolescentes, Peter Pan en cuero negro y estoperoles, grito antisistema que (si bien peca de inocente) se tiene que sacar de la garganta porque adentro se enquista, se pudre, nos envejece y a la larga nos mata el alma; porque lo cierto es que “todos queremos vivir más”; al menos lo que dure la vieja canción de rock, apenas va medio siglo.