Plac Zabaw: no frito no cry

Plac Zabaw, de Bartosz M. Kowalski, te arranca algo que no volverá jamás, es de esas películas que atacan lo poco que te queda de sensibilidad.

Por: Luis Bernal

A veces resulta complicado escribir sobre algunos filmes, y mucho más cuando casi todo de lo que he comentado aquí suele ser extremadamente malo (pero hermoso) o técnicamente mediocre. Entonces no sé bien aún si Plac Zabaw (Bartosz M. Kowalski, 2016), catalogado como drama, ronde con facilidad el Serie B, ni siquiera se acerca a ser una obra gore pero es curiosa y cuenta con un par de guiños necesarios para contemplarla: adolescentes y ultraviolencia.

Yo el insomnio procuro no acompañarlo de actividades que me perturben, así que debo comentarles, antes que nada, que esta cinta realizada en Polonia me afectó de alguna manera al menos un par de noches, sobre todo las secuencias finales que, para qué les miento, me provocaron ganas de vomitar y de cuestionarme casi llorando un sin fin de cosas. Uno nunca sabe con qué se va a topar porque las sinopsis comerciales son sumamente engañosas o escritas por subnormales que no vieron la película; y creanme, amigos y amigas, he visto algunos títulos particularmente asquerosos, pero uno sabe que la probabilidad de que un moco gigante nos devore o que una pandilla de payasos del espacio arribe a la tierra es nula. Acá la no-ficción será una bestia de la que no se puede escapar. Bien, advirtiendo el asunto y aprovechando el debate eterno de lo que es violento y lo que no: esta película es formidable y si le pongo más café a la taza, necesaria.

Kowalski en un acto maquiavélico perfila al alejamiento parental, al aburrimiento y la desconexión sentimental de la sociedad como el principal precursor de iniquidad que refleja en esta película. Todavía no me repongo. Hay un chingo de formas de aburrir a la audiencia pero este tipo utiliza una muy singular al presentarnos a tres morros con vidas cutres de las que sólo rescatan inesperados actos de violencia. Si no se quedan dormidos los primeros diecinueve minutos, al siguiente notarán que todo anda muy mal pero será tarde para dejarla: Szymek (uno de los tres pequeños hijos de puta) antes de tomar su mochila e irse a la escuela, golpea salvajemente a su padre con parálisis corporal luego de bañarlo cariñosamente y prepararle el desayuno, así nomás.

Si bien la historia de Playground (como fue titulada también) propone de inicio una historia de amor que pretende suceder el último día de clases antes de las vacaciones de verano, situaciones como la que les conté arriba nos avisan o previenen, si quieren, de algo brutal; nos dinamita cada momento con una carga de impotencia que estallará con su desenlace, por cierto, basado en un hecho que conmocionó al mundo hace algunos años, aunque nuestra trama transcurre en Polonia. Bueno, eso vale madres.   

Cinematográficamente esta cinta conserva la línea de obras como Elephant, Funny Games, Michael, A Serbian Film o Irreversible, en los que alterar al espectador es la intención obvia buscando tocar conciencia y que éste observe sin opción algo que no quiere para acercarlo al sentir propio. Sí, muy transgresoras, pero algunas no pretenden morbo; lo que buscan es que quien las ve se descubra incapaz, que sienta asco o que comience a preocuparse por lo peligroso que es trivializar la violencia. Por eso algunos directores cuestionan que se considere Funny Games o la misma Plac Zabaw, como un simple “home invasion” alegando que realmente golpean la superficialidad en la que navega este tipo de subgéneros tan amados por los festivales, suponiendo más un asalto a una clase social que a una familia en sí. Luego hablamos de Funny Games para entrar duro a este tema.

Hay películas que no necesitan litros de sangre para espantar; Bartosz M. Kowalski no es ni pretende ser Tarantino, culmina cruel y nos mantiene a una distancia prudente para que no podamos escuchar ni siquiera el crujido de un hueso que se rompe. Pero los putazos de violencia viajan con mejor tino atravezando los ojos para que uno termine con la cabeza dañada, una gran cantidad de preguntas sobre lo que somos y atascados de desazón, pensando que estamos haciendo todo mal, o confirmándolo.

Plac Zabaw te arranca algo que no volverá jamás, es de esas películas que atacan lo poco que te queda de sensibilidad. Esta vez no voy a recomendarles algún monchis adecuado, es más, si la van a ver no pidan chatarra, no beban nada y por favor no estén bajo el efecto de alguna droga porque el culo no está para besitos.

Best:

No da respuestas al espectador sobre nada de lo que ve.