Las formas en que el cassette amenaza con volver

La nostalgia por la música analógica no habita solo en nuestras cabezas. A raíz del repunte del vinilo, hay una industria que busca rescatar la figura icónica del cassette.

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Mi único contacto con los vinilos fue cuando rompí la colección de cumbias de mi padre. Era un bebé y gozaba de impunidad. Así seguí hasta que no hubo un solo LP en casa. Quedó el estéreo Zonda, enorme, con la tornamesa empolvada. Lo mío fue el cassette.

Su auge fue en los ochenta, pero yo los disfruté en los noventa. Montones de cajitas apiladas, casetes de sonido sucio, reparados, regrabados, “piratas” de El Tri; otros desvirgados por música colombiana de la XEH o rocanroles argentinos de la 1190 Rolas y Bolas.

Leí en El Universal un artículo dedicado a la disquera regia CINTAS, quienes desde el 2015 graban en este formato para bandas indies como Pura Crema, Los Honey Rockets, Los Carrión Kids y Dromedarios Mágicos. Su materia prima la consiguen con empresas asiáticas y norteamericanas que, sorprendentemente, aún fabrican casetes.

Rascándole, supe que no son los únicos. En España, el sello Mascarpone de José Guerrero ha lanzado más de 20 bandas independientes desde el 2013. Disqueras como Alta Intensidaz, San José Tapes y Jamón Vudú también editan en sonido analógico.

Fuera del ámbito indie, Purpose, de Justin Bieber, y Beauty Behind The Madness, de The Weeknd, vendieron mil copias cada uno a través del portal Urban Outfitters en el 2016. The Slim Shady LP, de Eminen, vendió 3 mil copias y Purple Rain, de Prince, 2 mil.

Todos incluían un código para descargarlo en digital ante la escasez de reproductores. Actualmente se está trabajando en ello.

El Walkman del siglo XXI se llama Elbow, un reproductor en forma de pinza que “abraza” el cassette por la parte de abajo para leer el sonido que duerme en la cinta magnética.

Está en fase de experimentación. Inició como un proyecto creativo desarrollado por la empresa lituana Brianmonk, ganadores del International Industrial Design Awards 2015. Gracias a la expectativa generada en las redes descubrieron su potencial. Posee control de funciones y volumen, puerto para auriculares y conector mini USB para cargar la batería. Además, puede engancharse a la ropa como pin. Su precio oscilará los 50 dólares.

MariusPaulikas, uno de sus creadores, declaró al portal Verne, “(el cassette) más que un medio, es un icono cultural”. Por ello, Elbow aprovecha lo vintage del cartucho y lo mantiene visible, a diferencia del Walkman de los ochenta.

La nostalgia por la música analógica no habita solo en nuestras cabezas. A raíz del repunte del vinilo, hay una industria que busca rescatar la figura icónica del cassette.

Algunos buscamos recuperar la intimidad física con los aparatos, los que destripábamos para repararlos, limpiarlos, cambiarle piezas. Y también con el cassette, pequeña maquinaria sin circuitos a la que dábamos mantenimiento o, de plano, interveníamos para trasplantarle las tripas que guardaban nuestra música, nuestros tesoros personales en tierra… antes de vivir en la nube.